viernes, 28 de abril de 2017

No es el fin del mundo


Náufragos y derrotados: Así se ven los franceses hoy...
Hace unos meses, tras autodescartarse el todavía presidente francés Holland para competir por un segundo mandato, casi todo el mundo daba por cosa hecha el retorno de Nicolas Sarkozy al palacio del Elíseo, pero el marido de Carla Bruni ni siquiera fue capaz de ganar las primarias de su partido, aún así el que se presentó con mayor número de avales. Hoy, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebrada el pasado 23 de abril. el panorama no podría verse más distinto. El miedo es libre y entiendo perfectamente que los inmigrantes en Francia y los musulmanes de ese país sientan algo más que inquietud ante la posibilidad de que el próximo o pròxima inquilino del Elíseo se apellide Le Pen, pero ¿es tan fiero el león como lo pintan? ¿son prcisamente ellos quienes deberían sentirse más inquietos? ¿puede ser el millonario Macron el antídoto contra la serpiente Marine?

...y así se ve Marine
 Es cierto que el Frente Nacional obtiene buenos resultados en zonas de Francia que antaño tuvieron una importante actividad industrial o minera y que llevan lustros sufriendo cierres de empresas, como Trump en los Estados Unidos; son las zonas donde con razón reina el cabreo con las consecuencias negativas de la globalización en el empleo y las condiciones de vida de los trabajadores; y es cierto que la preferencia para los nacionales del Front National se parece al America first de Trump. Pero el parecido con el actual presidente estadounidense no va mucho más allá: cuando nos referimos a Marine no hablamos de un multimillonario antisocial de turbio pasado emocional y psíquicamente inestable, que se jacta de no pagar impuestos y es incapaz de deslindar las obligaciones institucionales de los intereses económicos personales y familiares como sí es Donald. El neoyorquino llegó a la Casa Blanca con un discurso contra las élites, pero él mismo e élite; sin embargo Le Pen se ha rodeado de un equipo de jóvenes y brillantes universitarios que recuerda el núcleo del que nació Podemos. Como ella, Trump propone el proteccionismo económico y un poco de proteccionismo puede ser bueno mientras no derive en autarquía. Hay una atractiva diferencia en el programa del Frente Nacional para 2017: pide el establecimiento de fronteras para los productos que compitan deslealmente en materia de salarios, condiciones laborales y reglas medioambientales y la nacionalización de empresas energéticas estratégicas y algunos bancos  ¿dónde hay que firmar eso?

Al referirse a Marine Le Pen y su partido incluso los más sesudos medios de comunicación occidentales no dudan en hablar de ultraderecha, un término que, en su caso y en la actualidad, se me antoja excesivo y un tanto desviado. Yo lo describiría como un populismo nacionalista o un nacionalismo populista -tanto monta- que anda sobrado de un mensaje falso y simplista que en otras longitudes geográficas -las latitudes son similares- han ayudado a extender los informativos de la Fox estadounidense y los tabloides británicos: los inmigrantes son los culpables de los problemas de las clases populares en asuntos como el paro, los recortes de servicios sociales y la inseguridad ciudadana.

Muchos se escandalizan de que esto esté ocurriendo en el país identificado con las luces de la Ilustración, la toma popular de La Bastilla y mayo del 68, pero olvidan sombras como el Terror revolucionario, Vichy y el colaboracionismo con Hitler  o la demagogia maoista que contaminó a lumbreras como Jean-Luc Godard y Jean-Paul Sartre. No es tan difícil de entender estudiando un poco de Historia Contemporánea. También olvidan que no es una novedad que el Frente Nacional sea el primer partido de Francia: ya lo fue en las Europeas de 2014.

La foto que Marine quisiera borrar
Marine Le Pen heredó la presidencia del Frente Nacional en 2011, con la intención de sacar a ese partido de la marginación política y terminar con su imagen de fuerza diabólica a la que no cabía acercarse bajo ninguna circunstancia. Además del imprescindible rejuvenecimiento de los cuadros dirigentes eliminó la retórica e imaginería fascistas, lo hizo  más tolerante en cuestiones de sexualidad y formas de vida, defendiendo los derechos de las mujeres y la diversidad sexual. Lo siguiente fue expulsar del frente nacional a su padre por seguir negando el Holocausto -esto no es un pecado menor: en su reciente película Negación (Denial, 2016) Mick Jackson equipara el negacionismo con la justificación y defensa de los autores e impulsores del genocidio-, pero le queda mucho para presentable: Marine debe enfrentarse a lo que en psicoanálisis se llama matar al padre. No hablo de un parricidio, claro, pero debe hacer más creíble su golpe de timón social rompiendo con un pasado demasiado resiente en el que a Jean-Marie no se le escuchaban críticas al capitalismo neoliberal neoliberal y,  al contrario, quería reducir el peso del estado en la vida económica,  rebajar los impuestos que, según decía, asfixiaban a las empresas y  reformar una legislación laboral que calificaba de "rígida"; pero también hay que oirla condenar y renegar de una tradición ultraconservadora francesa de más de un siglo, que arranca desde el antisemitismo del affaire Dreyfuss durante la Tercera Repóblica y pasa por el colaboracionismo, el mariscal Petain arrodillado ante Hitler y el terrorismo de la OAS. Renunciar al apellido paterno habría sido otra opción bienvenida.

La islamofobia que caracteriza al mensaje de Marine Le Pen es absolutamente impresentable, como lo es identificar musulmanes con crimen y terror y proponer que los cristianos  tengan preferencia para entrar en Europa. algo que he oido a algún prelado y algún político en España y a algunos gobernantes en Hungría, Eslovaquia y Polonia. Respecto a lo primero, son los propios terroristas de Dáesh y Al Qaeda quienes invocan el nombre de Alá al cometer sus crímenes; por otro lado, no menos repugnante que la islamofobia es que una autodenominada Policía de la Sharía actúe impunemente en las  noches de algunas ciudades europeas con imprtante presencia de inmigrantes amedrentando a jóvenes y sobre todo a chicas que no vistan con el debido decoro, consuman alcohol o desafíen cualquier otro precepto coránico. Sinir mucho más lejos, en España el centroizquierda, cuando ha gobernado, ha preferido introducir la enseñanza del islam y otras doctrinas en las clases, como hace el centroderecha con el catolicismo, a dejar la enseñanza de la religión fuera del ámbito educativo, como aconseja un sano laicismo.
  
Francia es un país con crisis de autoestima desde que dejó de ser el país de la grandeur: La solución de las élites francesas fue convertir a su país en la locomotora de la construcción europea,  pero alemania se hizo demasiado poderosa tras su reunificación. ahora los franceses se sienten unos segundones incluso en la Unión. Marine Le Pen tiene razón al decir que la unión europea es un Titanic que ya ha chocado con el iceberg; en su seno no hay salvación posible. El triunfo del no en los referéndum francés y holandés sobre la Constitución Europea demostró que no todos nos tragábamos la cantinela sobre las bondades de un modo de construcción europea que ahora es percibido como dañino por millones de sus supuestos beneficiarios. La prometida Europa social, humanista y solidaria ha terminado siendo capitalista a ultranza y cruel con los débiles, los que ya están dentro y los que llaman a sus puerta,. una europa dura para los que viven de su trabajo e ideal para los que manejan el dinero.
Pero las élites del centroizquierda y el centroderecha siguen haciendo oídos sordos.



¿Susto o muerte? 

Hasta que la primera vuelta le expulsó de la partida, muchos daban por seguro finalista al corrupto François Fillon; el republicano acabó por copiar lo peor del programa del Front National -cierre de fronteras, islamofobia- y lo peor del no-partido centrista En Marche! -ultraliberalismo económico, sumisión entusiasta a la Europa de los mercados-
Si por un momento dejamos a un lado la cuestión inmigratoria y nos centramos en la económica y social,  Macron , el Albert Rivera francés, no resiste la comparación -algunos trabajadores ya le han plantado cara-. Marine habla de defender las pensiones y la jornada laboral semanal de 35 horas y mantener la contratación pública, él de despedir a más de un millón de empleados públicos y de recortes, recortes, recortes... Como ministro de Economía en el gobierno de Vals, Macron redactó la reforma laboral que sacó a la calle a sindicatos y trabajadores indignados y que Le Pen -y no sólo ella- quiere ahora derogar. Las bolsas y la Banca estarían encantadas con su victoria el 7 de mayo.

Como ciando en 2002 los partidos decidieron unir fuerzas en torno al poco presentable Jacques Chirac frente a Jean-Marie Le Pen, ahora centroderecha y centroizquierda piden el voto para Macron para evitar que la hija de aquél llegue a la presidencia. Me pregunto si harían lo mismo si el finalista fuera Fillon y me temo que la respuesta es sí. En su más reciente novela, Sumisión, Michelle Houllebec plantea cómo sería Francia tras las elecciones presidenciales de 2022, cuando todas las fuerzas políticas a excepción del Frente Nacional han aupado al Eliseo a un candidato islamista para evitar que Marine Le Pen fuera presidenta.

Mélenchon: ¿oportunidad desperdiciada?
El candidato de la izquierda Jean-Luc Mélenchon en todo momento ha carecido del apoyo de los socialistas gobernantes porque a los partidos socialistas les da miedo el socialismo, ha caído en la primera eliminatoria pero se ha desmarcado del cuasi unánime cordón sanitario y ha pedido a los integrantes el movimiento que le apoya, la Francia Insumisa, que decidan, sin consignas desde arriba, qué hacer en la segunda vuelta. Si la decisión es el voto el blanco o la abstención, Mélenchon será acusado de cómplice del fascismo. El diario oficial del establishment español ha corrido a proclamar que Mélenchon y Le Pen son lo mismo y muchos corean el bulo.

En el populismo -para el sistema dominante en la Europa del siglo XXI ser populista equivale a ser luterano en la España de los Austrias- y en las posiciones críticas hacia la Unión Europea dicen basar la supuesta similitud de los programas. Pero lo que dice Mélenchon es Esta Europa la cambiamos o la dejamos, que es bien distinto.

Cuando el año pasado el fantasma Trump se convirtió en una amenaza corpórea en los Estados Unidos, el Partido Demócrata se equivocó de plano oponiéndole una candidata que era puro establishment como Hillary Clinton, cuando sólo un verdadero progresista como Bernie Sanders hubiera podido plantar cara a Trump con posibilidades de victoria.

Las radicales son las únicas respuestas creíbles para las víctimas de la mundialización: unas clases medias que desde la crisis de 2008 en Occidente se han proletarizado y un proletariado que se ha visto condenado al paro, la precariedad y la pobreza, opuestas a unas élites egoistas.

En Fancia y en buena parte de Europa el sistema sólo tolera en sus márgenes movimientos de protesta, pero tiembla cuando barrunta que puedan alcanzar el poder. Por desgracia los franceses no pueden enmendar el haber dejado fuera de juego a Mélenchon y su Francia Insumisa el 23 de abril, pero ¡quién dijo miedo? Si después del 7 de mayo Marine Le Pen ocupa el Eliseo, no sera una buena noticia, pero tampoco se acaba el mundo.




sábado, 15 de abril de 2017

La guarida del lobo


Atentado del Domingo de Ramos en una iglesia copta
Khalid Massood, el terrorista que causó seis muertos y decenas de heridos el pasado 23 de marzo en el puente de Westminter y en las inmediaciones del Parlamento de Londres -donde finalmente fue abatido-, se crió en Birmingham con el nombre de Adrian Russell hasta que se convirtió al islam con el que sería su nombre definitivo mientras trabajaba en Arabia Saudí como profesor de inglés. Y claro, Russell o Massood, como prefieran, en dicha monarquía no se convirtió al sufismo o a cualquier forma de islam tolerante, sino a la predominante en Arabia Saudí, el reaccionario y fanático wahabismo, la corriente integrista y violenta de esa religión, la que importó el autodenominado Estado Islámico y que, mientras el Corán proclama el respeto a las religiones del Libro, considera un apóstata merecedor de la muerte a cualquier musulmán que no comparta su visión sectaria, además de a los infieles,  como los 44 cristianos coptos asesinados por Dáesh en Egipto durante la misa del Domingo de Ramos -salvo a aquellos infieles con los que se hace negocio-.  Los españoles estamos entre esos infieles: Vendemos, compramos y armamos al criminal régimen saudí sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

Amistades peligrosas
La amistad y complicidad -siempre interesada- entre los gobiernos españoles y la tiranía decapitadora saudí comenzó en la década de 1960, en el esplendor de los planes de desarrollo franquistas, siguieron con las ostentosas vacaciones marbellíes del difunto rey Fahd y el resto de la familia Al Saud que tantas páginas llenaron en las revistas del corazón y se han consolidado durante los reinados de Juan Carlos y Felipe de Borbón, que dan a los sátrapas saudíes un tratamiento casi familiar, Jeques, miembros de la familia real y adláteres financian en España y el resto de Occidente la construcción de mezquitas en las que colocan a imames próximos al wahabismo, igual que abren emisoras - a menudo piratas- de televisión afines y que desde los también wahabíes Catar y Emiratos se patrocinan  y adquieren equipos de fútbol. Por el lado español Arabia Saudí es considerada tierra sagrada para hacer negocios. Aunque se trate de negocio armamentista, se puede vender el alma a cualquiera a cambio de un puesto de trabajo generado. Vimos hace poco en televisión al alcalde de Cádiz defendiendo lo indefendible. Poco o nada importa que se trate de armar y enriquecer a un régimen cuyo sistema penal es idéntico al del Califato y que está invadiendo y llevando el terror y la muerte al vecino Yemen. Para colmo, ejercer la objección de conciencia a participar en la venta de armas a esos tiranos te puede convertir en un apestado.

Orinando contra el viento
a alta velocidad
La corona, las empresas españolas de infraestructuras y esa ocurrencia llamada Marca España están dispuestas a reir cualquier gracia a los Al Saud si en ello ven cualquier ocasión de hacer caja. La que nos venden como inversión estrella de España en el territorio saudí, el tren de alta velocidad proyectado entre Medina y La Meca, además de que puede ser inviable por las condiciones climáticas extrenas del desierto arábigo, amenaza con costarnos un dineral a los bolsillos españoles por las temerarias expectativas de negocio de las empresas inversoras y su más que probable rescate por el Estado.

Éstas sí que son amistades peligrosas, pero qué importa mientras den dinero.





miércoles, 15 de marzo de 2017

Playlist nº 82. Mexicana (Mitos y tópicos al sur del muro)

¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! es sin duda una acertada exclamación falsamente atribuida al general Porfirio Díaz. Fue presidente mexicano durante treinta años en siete períodos separados entre sí y sus gobernados sufrieron sangrientas invasiones y saqueos de sus vecinos del norte, pero al menos se libraron de lidiar con el actual inquilino de la Casa Blanca. Es visto precisamente con los ojos de la Norteamérica de Trump como es el México de esta lista de canciones: una colección de tópicos turísticos, lugares comunes, folclore e historias más o menos legendarias que incluye playas paradisíacas en el Pacífico y el Caribe, narcotraficantes, bandoleros, revolucionarios de Villa y Zapata, masacres, cactus, divorcios rápidos y baratos, tequila y otros
duros tragos, comida picante y la Virgen de Guadalupe. Como cantaron Hidrogenesse, el muro de Pink Floyd y el de Berlín son cosas del siglo XX; el XXI es del muro de Donald Trump. Aunque esta lista está en realidad inspirada por Mexicana, un álbum de láminas turísticas y folclóricas de la editorial Taschen. Hay de todo, turistas y nativos. Disfrútenla, pinches.

1. Cake: Mexico
2. Julian Cope: Mexican Revolution Blues
3. Mano Negra: Viva Zapata
4. Lila Downs: La cumbia del mole
5. The Drifters: Mexican divorce
6. Chavela Vargas: En el último trago
7. Los Tigres del Norte: La reina del sur
8. Mariachi Mezcal: Contrabando y traición
9. Alaska y Dinarama: Lupita la trailera
10. Los Cuates de Sinaloa: Negro y azul (Ballad of Heisemberg)
11. Bruce Springsteen: Sinaloa cowboys
12. Jonaty García: Los pistoleros
13. Bob Dylan: Romance in Durango
14. The Four Tops: Loco in Acapulco
15. J.J. Cale: Teardrops in my tequila
16. Corcobado: Dientes de mezcal

17. Los Torrenciales de la sierra: Nariz inquieta
18. Kevin Johansen: Guacamole
19. Amanditita: La güera Televisa
20. La Mafia del Norte: El Chile Rosas
21.  Tex Mex y Mex: La banda del carro rojo
22. Calexico: Entrenando a Los Tigres
23. Balkan Beat Box: Mexico City
24. Andrés Calamaro: Estadio Azteca
25. Los Intocables del Norte: Chapo Guzmán
26. Arturo Salas: Corrido de Tiburcio Calderón
27. Ry Cooder: Canción mixteca
28. Sun Kill Moon: Pancho Villa
29. Los Lobos: Carabina 30-30
30. Waylon Jennings: Ain't no good in Mexico

domingo, 19 de febrero de 2017

Miseria moral

Una víctima del terrorismo al frente de una manifestación
por los presos
 El día en que ETA anuncia el abandono de la violencia, Bittori acude a la tumba de su marido el Txato, asesinado por el terrorismo, para contarle que ha decidido volver a la casa donde vivieron y donde la acosaron antes y después de aquel atentado que destrozó su familia. Se pregunta si podrá convivir con los acosadores. Así comienza Patria, la novena novela del donostiarra Fernando Aramburu, fenómeno de ventas y de crìtica en la España -y en la Euskadi- de 2016, cinco años después de aquella derrota -a medias si quieren- del terrorismo en nuestro país. La extensa y emocionante historia de ficción -con una base dolorosamente real- termina con la petición de perdón de un exterrorista y la concesión de ese perdón por parte de una víctima. A mediados de enero de 2017 la viuda de una víctima de ETA estuvo en la cabecera de la manifestación anual por los derechos de los presos y su acercamiento al País Vasco; hasta el diario La Razón informó de eso, aunque lo hiciera a su estilo. ¿un final feliz? Si se parece algo a eso será muy a pesar de alguna -bastante- gente.

El éxito de la obra, sobre todo en el País Vasco, cuando el terrorismo prácticamente no aparece entre las preocupaciones de la población, tiene una explicación que no gustará a los interesados en mantener a la sociedad en guardia permanente y en mentar la bicha siempre que puede -el miedo siempre da votos-: a los vascos y al resto de españoles les aburre la insistencia con las cuentas pendientes -entrega de las armas, disolución-, pero no es cierto que miren para otro lado por no ver un pasado que les avergüenza de silencio, degradación de una sociedad  y reacción tardía ante tanta sangre derramada; por el contrario hay demanda de memoria y de Historia -con mayúscula-, como hay esperanza.

Que en España ha habido utilización política del terrorismo etarra por parte de las fuerzas de la derecha es una verdad incontestable pero ya sabida; el problema es que sigan manteniendo el mismo discurso cinco años después de la derrota de ETA, una derrota que tienen la desfachatez de negar que se haya producido porque sería reconocer que se logró durante el gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero, para ellos un títere de los terroristas -
Así eran las manifestaciones
de la AVT y  los compis de Rajoy
zETApe
se leía en sus pancartas-. Pero esa derrota, política, policial, judicial y dialéctica, tuvo lugar sin que esa banda asesina lograra uno solo de sus objetivos. Desde que llegó el poder Mariano Rajoy su gobierno y su partido se han dedicado a ocultarlo. El hoy presidente ya no encabeza manifestaciones y deja en manos de otros -el PP de Aznar y Mayor Oreja, el insignificante partido Vox, los medios controlados por Pedro J. Ramírez,  Federico Jiménez LosantosEduardo Inda o Julio Ariza- el discurso de que ETA no está derrotada porque la izquierda abertzale está de nuevo en las instituciones con Bildu, olvidando -¿?- que si lo está es legalizada por el Tribunal Constitucional porque en sus estatutos actuales rechaza explícitamente el terrorismo. Hace muy pocos meses, justo cuando se cumplían cinco años de la declaración de abandono de la violencia tuvimos que asistir a una pinza de hipocresía: el PP y Bildu se unieron en el Congreso para impedir una declaración unánime sobre el fin de ETA. Será que Dios los cría y ellos se juntan. Hace dos años a la entonces presidenta del PP Arantza Quiroga le costó duras críticas de los más contumaces y a la postre el puesto sus tímidos esfuerzos por acercarse al entendimiento. Su sucesora se anduvo con pies de plomo y volvió a la línea dura mejor vista en Génova, 13.

El gobierno actual oculta que el anterior logró el fin de la violencia porque si no lo hiciera tendría dificultades para explicar la actitud obstruccionista que Rajoy y los suyos mantuvieron entre 2004 y 2011 frente a cualquier intento de hablar de paz por parte de los gobiernos de entonces, Mariano Rajoy ostentaba por esos años la titularidad como jefe de una oposición que también ejercían como poderes fácticos El Mundo -el iventor de todas las conspiraciones-, la COPE, Intereconomía, la Conferencia Episcopal, la organización criminal Manos Limpias y la AVT de Francisco José Alcaraz. Volveré con esta última.

Pintada enalteciendo a los matones de Alsasua
En Patria Fernando Aramburu habla con dureza de los años de plomo en que Euskadi y la democracia española sufrieron en mayor medida que padeció el franquismo en sus estertores, y también del vacío de una sociedad  embrutecida en torno a víctimas, fuerzas de seguridad y sus familias -Alsasua aún hoy-. El novelista también habla de abusos policiales y guerra sucia pero no justifica ni explica con ellos el terorismo. Su opción es la justicia. no la equidistancia, que sí lo era para Julio Medem en La pelota vasca (2003). Allí se situaban almismo nivel es sufrimiento de las familias de asesinados que las molestias que sufren los familiares de etarras presos por tener que trasladarse a la otra punta de España para una visita. En nada deeso cae otro documental, El fin de ETA (Justin Webster, 2016), donde ese proceso final lo cuentan sus protagonistas -Jesús Eguiguren, Arnaldo Otegi. Baltasar Garzón, Alfredo Pérez Rubalcaba, algún responsable de Información de la Guardia Civil...- y están otras voces que no podían faltar -víctimas, antiguos etarras, el lehendakari Urkullu, el PP...

Tan bienintencionado como cobarde y fallido, el otro documental que cito, La pelota vasca, incluía una distinción planteada por el expresidente del PNV Xabier arzalluz en un raro momento de lucidez: noes lo mismo víctimas que asociaciones de víctimas. Por aquel entonces la AVT de Francisco José Alcaraz predicaba sus verdades desde la FAES, los púlpitos de la COPE o las páginas lisérgicas del semanario Alba. La conducta de Alcaraz y los suyos o de la Asociación Dignidad y Justicia de Daniel Portero, obsesionados con ser poderes fácticos, les deslegitimó para representar el dolor de tantos. Por eso a la derecha española le es recomendable la novela de Fernando Aramburu, igual que hoy le es imprescindible reconocer que el terrorismo se acabó hace cinco años con Rodríguez Zapatero, a pesar de las obstrucciones y el sabotaje con que esa misma derecha escribió una de las páginas más mezquinas de los cuarenta años de democracia española.


sábado, 4 de febrero de 2017

La burbuja Scorsese

Silencio


Probablemente no se haya dado un caso similar en la historia del cine de masivo y casi unánime apoyo -a la búlgara, se diría en términos políticos-. En esto se muestran de acuerdo la crítica y el público entendido o que se da ínfulas de serlo. Todos adoran al italoamericano de 75 años Martin Scorsese como el mayor genio vivo del llamado séptimo arte. Su importante aportación a la presevación del material fílmico en deterioro a través de la organización The Film Institute que preside contribuye a iluminar el aura de santidad que le rodea, y encima el hecho de que hasta Infiltrados (The departed, 2006) el Óscar a la mejor película le fuese esquivo le situó como el gran incomprendido de la industria de Hollywood. La Academia quiso resacirle haciendo que el premio se lo entregaran sus amigos Francis Ford Coppola, George Lucas y Steven Spielberg. La tesis -muy personal- que pretendo mantener contra el mundo es que Martin Scorsese es uno de los cineastas más sobrevalorados de la historia. Me mueve a defender tal cosa la llegada a España de su película más reciente, Silencio (Silence, 2016) y sé perfectamente que me lloverán hostias como panes.

De Niro y Keytel en Malas calles
No creo que nadie pueda negar que Martin Scorsese dirigió obras maestras hasta mitad de los años 1980; grandes trabajos, muy diferentes, fueron Malas calles (Mean Streets, 1973), Alicia ya no vive aquí (Alice doesn't live here anymore, 1974), Taxi driver (1976), New York, New York (1977), Toro Salvaje (Ragging bull, 1980), El rey de la comedia (The king of comedy, 1982) y la hilarante Jo. ¡que noche! (After hours, 1985), a menudo contando con los actores Robert De Niro y Harvey Keytel. Después llegaron medianías, siempre muy celebradas por la hinchada, como El color del dinero (The color of money, 1986) o el remake El cabo del miedo (Cape Fear, 1991).

En los años que siguieron Martin Scorsese firmó dos buenas películas de ambiente mafioso, Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990) y Casino (1995) -la citada Infiltrados, una de sus indiscutibles. llegó ya en el nuevo siglo-, pero también dirigió una mediocridad como Al límite (Walking out dead, 1999) y dos de los grandes castañazos de su carrera, ambas con guión adaptado cuyos originales confieso no haber leído: las soporíferas La última tentación de Cristo (The Last temptation of Christ, 1988) y La edad de la inocencia (The age of innocence, 1993). La primera se vio beneficiada por el escándalo montado por grupos de cristianos integristas: personalmente sólo me quedo de ella con la música compuesta para la ocasión por Peter Gabriel y que Scorsese apenas utilizó. No me es menos antipática Kundun (1997) -¿Se nota mucho mi alergia por la mística orientalizante, pacifista y new age?.

Si hay algo que definitivamente no ha funcionado - a mi modesto entender- en la carrera de Scorsese son sus colaboraciones con Leonardo di Caprio; su relación se redimió en El lobo de Wall Street (The wolf of Wall Street, 2013), magistral por ambas partes e injustamente ninguneada en la ceremonia de los Óscar de 2014, pero es que antes habíamos sufrido la insoportable Gangs of New York (2002) y las fallidas El aviador (The aviator, 2004) y Shutter Island (2010).

En
el haber de Scorsese hay que apuntar que antes de El lobo de Wall Street se atreviese a entregar una estupenda marcianada, Hugo (2011), de aventuras y en 3D, nada menos.

Llegados a este punto es obligado detenerse en otra importante faceta de la carrera de Scorsese, la de documentalista musical;  en pocas de las películas de ficción de este melómano falta el rock, pero no olvidemos que ha dirgido grandes documentales tanto de conciertos como biográfigos: Woodstock, 3 days of peace and music (1970), The last waltz (1978), No direction home: Bob Dylan (2005) y Shine a light (2008) son los más conocidos; pero tampoco hay que olvidar su importante papel de divulgador con la serie de documentales que produjo para televisión The Blues, a musical Journey (2003), a la que siguió la publicación de varios discos recopìlatorios dedicados al género.

Pero inevitablemente tenemos que llegar al duro presente, y lo último de Scorsese que ha llegado a nuestras pantallas se llama Silencio. Tratándose del trabajo de un santo en vida no le podían faltar entusiastas, pero tengo que mantener -y no soy el único- que es una verdadera tortura soportar sin morir en el intento sus tres horas de tedio, pretenciosidad  y sus ambiciones de trascendencia que, por supuesto, nos retrotraen a aquel espanto titulado La misión (The mission, Roland Joffe, 1986), para más inri sin la música de Morricone.

Aunque no sé para qué me molesto; a Scorsese se le aplaude todo. Lo dicho al principio: me lloverán hostias como panes.


sábado, 28 de enero de 2017

Tumbas cavadas en el páramo



Tiempo después, temiendo que Moisés no regresara, muchos de los acampados al pie del Sinaí exigieron a Aarón hacerles dioses a los que  ellos pudieran seguir.
 Aarón reunió entonces los aros de oro de los israelitas, construyó un becerro en oro fundido y ellos que exigían dioses declararon:
"Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto".
Aarón construyó un altar delante del becerro y proclamó el día siguiente ser un festivo dedicado al Señor.
Por ello el pueblo se levantó temprano al día siguiente y presentó ofrendas, comió y bebió.
Así como también se ocupó en regocijarse.
Éxodo 32: 11-13


El Gordo cae en Torres de la Alameda, titulaba triunfante El Confidencial, un digital que en materia económica da mucha cancha a predicadores del neoliberalismo salvaje como Juan Ramón Rallo. Lo publicó el pasado diciembre cuando la empresa estadounidense Cordish comunicó a la presidenta madrileña Cristina Cifuentes su intención de construir un gran complejo de ocio y juego al estilo Las Vegas en este municipio del Este de la comunidad autónoma con una inversión de unos dos mil millones de euros, tras largos meses de negociaciones y ofertas que no podras rechazar -diría Vito Corleone- a los dueños de los secarrales donde se pretende construir. Esos vendedores han mantenido durante meses bastante mal su secreto a voces, y ellos son la fuente a la que asegura acudir El Confidencial, que oculta que días antes que ellos The Baltimore Sun ya lo había contado con pelos y señales. Sí, a esta otra Villaviciosa le ha tocado el Gordo, pero como en esa astracanada que triunfa en los cines y que la tele publicita como cultura europea, ha caído en el puticlub.

Los de Torres de la Alameda serán hoy terrenos baldíos, pero estar a pocos kilómetros de la capital de España y sede del 70% de las empresas del país ya supone un valor añadido para un suelo que bien podría albergar viviendas, equipaciones, industrias... vida. Claro que anunciar la llegada de Mr. Marshall logra de inmediato un comité de recepción hecho de políticos, gacetilleros y vecinos atraídos como moscas de políticos, gacetilleros y vecinos atraídos como moscas a un panal que aplauden toda creación de empleo -se habla de 56.000 en el proyecto de Cordish, aunque sea un empleo basura que, por comparación, hace que las últimas reformas laborales parezcan el summum de los derechos laborales. Algunos de quienes se llenaban la boca defendiendo la cultura del esfuerzo ahora sacralizan la ruleta y el blackjack como motores de recuperación económica. Quisieron elevar a los altares la familia tradicinal y pronto podríamos ver a Cifuentes y su corte como madames de los establecimientos de prostitución que sin duda incluirá el  llamado complejo de ocio.

Como ocurrió con Eurovegas hasta que el escándalo fue insostenible, las palabras mágicas son crear empleo, de la clase que sea. No aprendemos: ni 15-M, ni corruptelas a paladas en los telediarios, ni burbujas y pelotazos, ni aquel cambio del modelo productivo del que nunca más se supo; nada detiene al burro cuando le ponen delante la zanahoria. Un puesto de trabajo prometido justifica cualquier alanza ente poder, dinero e incluso -¿por qué no?- crimen organizado.un puesto de trabajo prometido justifica cualquier alanza ente poder, dinero e incluso -¿por qué no?- crimen organizado.

Torres de la Alameda, hoy
En este proyecto el grupo Cordish, en principio una empresa familiar fundada hace un siglo, se cuida mucho de desmarcarse de aquél que en 2012 quería traernos el magnate de poco limpia trayectoria Sheldon Adelson, dueño de Las Vegas Sands: ya no se exige -al menos públicamente- modificar leyes como las de tabaco y extranjería, hacer la vista gorda con la edad de la clientela, pasarse los derechos laborales -los que sobreviven- por el arco del triunfo. El modelo que asegura querer para Madrid es el complejo que promovió hace dos años en San Francisco: centros comerciales, hoteles, áreas residenciales y zonas de ocio. No cuentan, claro, que se trata de ocio tal como lo entienden en Las Vegas y Atlantic City, y eso incluye ante todo juego, alcohol y prostitución. No es puritanismo, pero si cuando uno piensa en Las Vegas le vienen a la mente la cinematográfica imagen de los faros de un coche iluminando a alguien que cava una fosa en algún lugar del desierto de Nevada en mitad de la noche, servidor ya imagina decenas de tumbas anónimas cavadas en los páramos que rodean Madrid.