jueves, 9 de junio de 2016

Un sindios

Si Miguel Ángel hubiera abrazado el pastafarismo


Un buen día,  aunque no con estas palabras, Stephen Hawking soltó la coz: Dios no existe dijo -el pobre Stephen ya tampoco, casi-, y se montó la de Dios es Cristo, y eso que ni siquiera era la primera vez: cuentan que en una recepción una Shirley McLaine particularmente pesada y caprichosa le anduvo persiguiendo con la preguntita. ¡Nooo!, le contestó desabridamente en su lenguaje robótico para quitarse de encima a aquella petarda. Aquellos que se proclaman de profundas creencias religiosas -conste que no hablo de todos los creyentes sino de los que tiran a fanáticos- tienen una infinita capacidad para sentirse ultrajados y están a la que salta; y de ello sacan provecho tanto las sectas que explotan y gestionan las creencias espirituales como quienes rentabilizan todo lo que huela a provocación. Así lo hacía la editorial que publica los libros del científico británico cuando allá por 2010 promocionó su última obra de divulgación hasta el momento, El gran diseño, escrita junto a Leonard Modlinow, suministrando un avance claramente dirigido a incordiar a los susceptibles donde los autores consideraban innecesaria la invocación de Dios para explicar el origen del universo. Esto fue publicidad suficiente para disparar las ventas del libro, que matizaba la boutade dejándola en simple escepticismo para desencanto de quienes tras comprarlo se molestaron en leerlo. Todo muy rentable.

Algo no va bien en las cabezas de quienes tanto se ofenden. Es el caso de aquellos que, humillados por ver a su profeta caricaturizados, acribillan a balazos a los dibujantes. Si un predicador nazi anuncia la quema de coranes en su jardín según el ejemplo del cardenal Cisneros, psicópata mitrado que los hacía arder a cascoporro en las plazas de Granada, o un candidato a la presidencia estadounidense propone negar el visado a los musulmanes asumimos que están flipados y que a esos locos habría que encerrarlos, pero seguro que a ninguno de ellos les falta seguidores y no debería sorprendernos que cientos de tarados ofendidos se brinden a volar por los aires llevándose por delante a unas docenas de infieles o herejes.

De los científicos que se citan a raiz del combate Hawking vs. Dios subrayo las palabras del Nóbel de Física Steven Weiberg: Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión. A dirigir y rentabilizar la maldad de los buenos se dedican las religiones organizadas cuando intervienen en la vida no religiosa pretendiendo imponer su modelo a cualquier forma de organización que adopten los ciudadanos. Constituídas en poderosas empresas, las tres principales funcionan así:  El cristianismo ha adoptado el modelo liberal, es decir las corporaciones controlan los mecanismos de poder de un Estado débil, el lobby minando la democracia. El islam en cambio opta por el modelo totalitario, fundiéndose con el poder político para imponer por la fuerza la obtusa ley religiosa. Los judíos se decantan por uno u otro modelo según su extremismo.

Característico de las religiones es la desfachatez con que se pasan por el forro las pruebas empíricas de sus engaños, vengan de Darwin o del Carbono 14, pero se ven acorraladas por un pensamiento científico que gana el espacio ocupado por el dogma. A primera vista en El gran diseño Hawking apenas planteó nada que no hubiera formulado ya en Breve Historia del tiempo: un universo sin principio ni final en el tiempo y el espacio y sin lugar para un creador. A la religión le queda el recurso de mantener que los conceptos de Dios y alma son invulnerables al estudio empírico y por tanto no confirmables o descartables mediante la experiencia, la teología está fuera del alcance de la ciencia. Sin embargo en El gran diseño Hawking había introducido una novedad no menor de la que hasta ahora no se ha desdicho: No es lo mismo un universo con creador o sin él y por eso la teología no es inmune a la física. La demostración de un  universo que se ha creado a sí mismo negaría necesariamente la existencia de dicho creador. Esto es un sindios.

Actualización de un artículo publicado en Granada Hoy en septiembre de 2010.







creador. Esto es un sindiós.

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