sábado, 24 de septiembre de 2016

Catálogo de mad professors

Jerry  Lewis, un Jekyl patoso y un Hyde playboy en El profesor chiflado



¿Te pedí, por ventura, creador, que transformaras en hombre este barro del que vengo?
¿Te imploré alguna vez que me sacaras de la oscuridad?
(John Milton
El paraíso perdido)

Son muchos los tipos y personajes amenazadores repetidos y recurrentes en la literatura y el cine fantásticos: invasores alienígenas, hombres invisibles, gigantes y seres diminutos. mutantes, insectos y arácnidos colosales, pero pocos tan frecuentes como los científicos locos. El temor atávico a la ciencia y el progreso, la superstición y la desconfianza en la tecnología y el futuro hacen que, a la hora de buscar un malo que provoque pataleos y silbidos en las salas de cines o nos haga ocultar la cabeza detrás del libro abierto, haya pocas cosas tan socorridas como un científico majareta sediento de fama y poder al que nada detiene en su intento de, casi siempre, dominar el mundo. Este verano y parte del otoño la exposición Terror en el Laboratorio de la Fundación Telefónica, abierta en Madrid hasta el 16 de octubre, ha sacado el bisturí.

Esta exposición se abrió en junio, conmemorando los dos siglos que se cumplían de aquel imvierno volcánico de 1816 en que Mary W, Shelley ideó su inmortal Frankenstein. Pero como eso y la escuela creada es historia ya contadaen otro artículo de este blog, me dedicaré a repasar la presencia de los mad doctors en los dos últimos siglos tanto en literatura como en cine.


En el romanticismo el estadounidense Edgar Allan Poe se interesó por los experimentos científicos más osados y fue un precursor de la ciencia ficción en relatos como Von Kempelen y su descubrimiento, William Wilson o La verdad sobre el caso del Sr. Valdemar. Es ingente la cantidad de obras como éstas que han llegado al cine (varias películas de Roger Corman) y a la televisión (las Historias para no dormir de Serrador)

Ya en la segunda mitad del siglo XIX, en una época de grandes hallazgos tecnológicos y geográficos, es publicada la obra cumbre de un escocés conocido hasta entonces por sus novelas de aventuras y libros de viajes y novelas de aventuras y libros de viajes, Robert Louis Stevenson, La novela psicológica de horror El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde hizo historia planteando el fenómeno de la personalidad escindida provocada por un científico que experimenta en su propio cuerpo y consigue resultados que escapan a su control. El número de adaptaciones de esta obra al cine es enorme y trataremos más adelante de algunas.

De Jekyl a Hyde
Contemporaneo de Stevenson  y de la segunda revolución industrial es el maestro francés Jules Verne. El misántropo Capitán Nemo de 20.000 leguas de viaje submarino y La isla misteriosa y el Robur de Dueño del mundo responden al tipo de científico al que me refiero, orgulloso de desafiar las leyes naturales con sus conocimientos.

La exposición Terror en el laboratorio se centra en seis grandes obras literarias y se estructura en tres bloques temáticos en función de la naturaleza de las criaturas ideadas por los científicos. De un lado están los autómatas: máquinas animadas pensadas para mejorar la especie humana; ahí entrarían la Hadaly supuestamente costruída por Thomas Edison en La Eva Futura del conde de Villiers o la Maria creada por el desequilibrado Rotwang de Metropolis (Fritz Lang, 1927), la primera gran distopía de la historia del cine. Por otra parte, la idea del doppelgänger, que confronta el yo con su doble reprimido; es el caso del citado El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde  de Stevenson y del posterior (principios del siglo XX) El hombre invisible, de H.G. Wells; también hablaré de algunas de las numerosas adaptaciones al cine de ambas obras:destaquemos El hombre y el monstruo (Dr. Jelyll and Mr. Hyde. Robert Mamoulian, 1931), la comedia El profesor chiflado (The nutty proffesor, 1963) dirigida y protagonizada por un desternillante Jerrry Lewis y la curiosa producción británica El Doctor Jekyl y su hermana Hyde (Dr. Jekyl and sister Hyde. Roy Ward Baker, 1971), con cambio de sexo incluido, entre las películas basadas en la novela de Stevenson; y de las invisibilidades imaginadas por Wells, la cinta canónica es la de James Whale que protagonizó Claude Rains (The invisible man, 1933) y también fueron populares Memorias de un hombre invisible (Memoirs of an insible man. John Carpenter, 1992) y Hollow man  (Paul Verhoeven, 2000). El tercer bloque es el del monstruo -creado por un científico visionario-, donde caben la criatura dotada de vida por Victor Frankenstein y las bestias de La isla del doctor Moreau -de nuevo Wells-.

Lámparas de piel de judío

Era en un principio un símbolo de lo tenebroso. No es extraño que el científico loco sea una figura casi omnipresnte en el primer cine fantástico alemán. Los expresionistas no veían en esta encarnación del mal sino a la representación de una amenaza mucho menos científica: la irresistible ascensión de Adolf Hitler, cuyos científicos pondrían en práctica en los campos de exterminio conductas y experimentos que ni todas las películas de terror juntas habrían imaginado. Puede verse ya un antecedente en El gabinete del doctor Caligari (Das kabinett des doktor Caligari. Robert Wiene, 1920), donde aparece una de las constantes del género: el científico que pone a su servicio un ser monstruoso sin voluntad que emplea para el crimen sin tener que mancharse las manos de sangre.  Es en El doctor Mabuse (Doktor Mabuse, der spieler. 1922) donde Lang da protagonismo a un supercerebro criminal al frente de una macabra secta dispuesta a adueñarse del mundo empleando sofisticados gadgets. Mabuse es un personaje que Lang retomó en ocasiones hasta Los crímenes del doctor Mabuse (Die tausend Augen des dr. Mabuse, 1960).

Mad actors

La de mad doctor ha sido la especialidad de algunos conocidos actores. El buenazo de Boris Karloff fue profesor chiflado en varias ocasiones, entre ellas latrilogía que dirigó Nicholas Ginde formada por The man they couldn't hang (1939), The man with nine lifes (1940) y Before I hang (1940). En ella, probando un suero de la eterna juventud, desarrollaba irrefrenables instintos asesinos. Su sobriedad interpretativa brilló junto a Peter Lorre en The boogie man will get you (Lew Lenders, 1942): Karloff y Lorre capturan cobayas humanas para crear un superhombre con fines bélicos, y en El poder invisible (The invisible ray. Janos Ruhk, 1936) se convertía en una especie de desintegradoerhumano investigando un meteorito radiactivo. Quien buscaba el antídoto era su eterno rival Bela Lugosi.

Fue el maestro húngaro, el más elegante conde Drácula, otro especialista en científicos locos y en los monstruos creados por aquellos. Fue ambas cosas en la ridícula El hombre mono (The ape man. William Beaudine, 1943), un desatino en el que el científico se inyecta médula espinal de un gorila sin que el guionista se moleste en explicar para qué. El pobre Bela tenía que pagarse la morfina con subproductos como éste y otros parecidos hasta La novia del monstruo (Bride of the monster 1956), su último papel con diálogo, si es que podían llamarse así los dislates que ideaba Ed Wood.

Tampoco podía olvidar a otro actor fetiche en este tipo de películas: Vincent Price. Si fue un inolvidable investigador en La mosca (The fly. Kurt Neumann, 1958) y muchos años más tarde dio la vida y enseñó modales a Eduardo Nanostijeras (Edward Scissorhands. Tim Burton, 1990), entre ambas resulta impagable el Price de Dr. Goldfoot and the bikini machine (Norman Taurog, 1965), una enloquecida película playera con mad doctor. En ella se enfrenta al bronceado y cantarín Frankie Avalon, quien trata de frenar el malvado plan del doctor G. de chantajear a los hombres más poderosos del mundo entrenando a un ejército de voluptuosas androides en biquini. Gloriosa.

También es divertida una película que ya era de culto antes de estrenarse y también estaba protagonizada por Vincent Price, El abominable Dr. Phibes (The abominable dr. Phibes. Robert Fuest, 1971). Es casi un autohomenaje a la carrera del propio Price, llena de guiños a otras cintas de su filmografía y cuidadas rferencias al cine de terror desde Universal a Hammer. Su éxito facilitó la realización de una buena secuela, tan pop como la primera, Dr. Phibes rises again (Robert Fuest, 1972).

Dentro de este subgénero literario y cinematográfico de científicos majaretas que se pasan el juramento hipocrático por el arco del triunfo otro ejemplar de cuidado es el Doctor Moreau de H. G. Wells, cuya isla plagada de híbridos de humanos y bestias fue todo un escándalo en el Imperio de su graciosa majestad Victoria pero anticipaba algo tan actual como la ingeniería genética. La mejor de sus adaptaciones al cine es La isla de las almas perdidas (Island of the lost souls, Erle Kenton, 1932)con Charles Laghton dando vida al osado científico.

Citemos rapidamente otros mad doctors de menor repercusión. En El hombre que fabricaba monstruos (Man made monter. Dan McCornick, 1941)  Lionel Atwell transformaba a Lon Chaney Jr en Dinamo, un hombre eléctrico que a causa de sus experimentos acababa siendo un zombi asesino; Jack Arnold también abordó el tema en una de sus películas más pobres, Nonster on the campus (1958); mejores resultados obtuvo Todd Browning con su colosal Muñecos infernales (The devil doll, 1936).

Orloff, Mengele y Bacterio

Si Mabuse era Hitler, Orloff era... ¿Franco?
En tiempos más recientes anoto una alucinada pieza de cine basura, Astro zombies (Ted Mikels, 1969) y por supuesto la aparción de científicos locos en muchas de las aventuras de James Bond -si hablamos de cine, desde la primera, Dr No (Terence Young, 1962)-. Pero vayamos con unas dosis de caspa hispana: Jesús Franco tuvo su particular mad professor en Orloff, que fue Howard Vernon en la estupenda Gritos en la noche (1962), pero bajó muchos enteros en El siniestro doctor Orloff (1964); en ellas el científico rapta jovencitas para intentar curar el desfigurado rostro de su mujer. Pero una cosa es que los científicos estén locos y otra que sean tontos: la vergüenza de la profesión fue Javier Gurruchaga como el conde Nado en la infame Supernova (Juán Mirón, 1992) con es gran actriz llamada Marta Sánchez. Menos mal que para salvarnos estaban el clásico Bacterio y el demencial Chiflágoras; salidos ambos de la pluma de Francisco Ibáñez, el segundo aparece en la película El armario del tiempo (Rafael Vera, 1971) y Bacterio no faltó en La gran aventura de Mortadelo y Filemón (Javier Fesser, 2003) y sus secuelas.

Imginense a 94 niñitos cuellicortos con mostacho y flequillo levantando continuamente el brazo derecho; pues eso, más omenos fue lo que ideó Ira Levin para Los niños del Brasil. Allí el científico loco era terriblemente real, nada menos que el carnicero de Auschwitz Josef Mengele. Su fuga a Sudamérica sirve de excusa argumental para que en la novela el cazador de nazis Simon Wiesental descubra aMengele escondido en la selva embarazando a mujeres arias con esperma de Hitler -¡sí que le cundió la Viagra al fuhrer!- para producir al líder del Cuarto Reich.

Tiempos modernos

David Cronenberg también colocó a un científico chiflado al frente de un dudoso experimento para aumentar el placer sexual con nefastas consecuencias en su tercer largo, Vinieron de dentro de (Shivers, 1975).

En el cine los últimos años han conocido una cierta humanización del personaje del mad professor que, más benévolo, puede fabricar una mujer diez -Barbara Carrera en
Embryo (Ralph Nelson, 1976) o un hombre objeto como John Malkovich en Fabricando al hombre perfecto (Making mr. right. Susan Seidelmam, 1987). Incluso se pede dar el caso de que el profesor chiflado sea una máquina, como el Proteus IV de Engendro mecánico (Demon seed. Donald Cammell, 1977), que intenta tener un hijo con la mujer de su diseñador. Hasta Woody Allen se atrevió con el tema en uno de los esketches de Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y no se atrevió a preguntar (Everything you wanted to know about sex, 1972)´. Más científicos benévolos de los ochenta fueron el Emmet Brown de Regreso al futuro (Back to the future. Robert Zemekis, 1985) y us dos secuelas y el Rick Moranis de Cariño, he encogido a los niños (Honey, I shrunk the kids, Joe Johnston, 1989). Esta última película tuvo como guionistas a dos gamberros, Robert Gordon y Brian Yuzna que, a años luz de la candidez de aquel producto Disney, habían perpetrado una trituradora revisión de los cánones más clásicos del género tomando como base a Lovecraft. Hablo de Re-animator (1985), una salvajada que pasó a la historia del exceso.

Los límites de la ciencia

Los hombres-bestia de Moreau, el hombre revivido de Frankenstein, la María de Metrópolis o lo que hace Jekyl consigo mismo son aberraciones de científicos en su intento de ir siempre más allá, pero ¿no es ese el papel de la ciencia. llevar al hombre a los confines de su propia existencia? o ,como defendía Brian Aldiss en su Frankenstein desencadenado, la naturaleza necesitaba ser enmendada, y enmendarla era la misión del hombre.


jueves, 8 de septiembre de 2016

The Jam: La idea joven




El miércoles 7 de septiembre el canal de televisión Sundance TV comenzó a emitir la serie de documentales sobre música pop y rock subtitulados en español Acordes Secretos con The Jam: About the young idea (Bob Smeaton, 2015), homenaje y recuerdo a la banda musical más importante que haya surgido del Reino Unido desde The Beatles tres décadas después de su disolución. Podemos ver videoclips y fotografías de sus diez años de vida y siete de carrera discográfica,  el análisis de sus seis álbumes de estudio y varios singles de enorme éxito, actuaciones en directo -hasta la despedida en Brighton en diciembre de 1982- e incluso las míticas pruebas de sonido abiertas a los fans que no podían acceder a los conciertos por edad o dinero; todo ello aparece comentado y narrado por testimonios actuales de Paul Weller -el compositor, cantante y líder indiscutible-, Rick Buckler -el batería y reciente biógrafo-, su colaborador en la biografía Ian Snowball, junto a numerosos fans de The Jam que a través de los años se han mantenido fieles a la banda con la que nacieron a la música y al espíritu, el estilo y el concepto mod que revitalizó.  Se narran curiosas anécdotas sobre la incomprensión de sus letras, como cuando los millonarios estudiantes de Eton interpretaron The Eton riffles como un homenaje a su exclusiva institución educativa de las élites inglesas. Incluso aparecen actuaciones de From The Jam, una tribute band en la que están los mismísimos Rick Buckler y Bruce Foxton. Si se puede volver a ver -de momento no lo
he logrado, aunque empiezo a escribir la mañana después-  es pecado perdérselo.

Junto a The Clash, The Jam llevaron al punk la preocupación y la denuncia política de lo que vivía y padecía Inglaterra en los últimos años setenta y primeros ochenta; The Jam unían a ello su militancia estilística y estética, una más rápida y profunda maduración musical y su progresivo acercamiento al soul y las demás músicas negras. Weller fue la principal voz frente al primer thatcherismo, que mantendría alzada en su siguiente reencarnación The Style Council. Otros artistas como The Smiths y Robert Wyatt tomaron el testigo contestatario, pero uno de los rasgos únicos de The Jam que quedan patentes en el documental es su cercanía, comunión y a veces incluso amistad con su público, unos chavales que veían a sus padres perder el trabajo por culpa de los recortes, el antiobrerismo y el austericidio de Margaret Thatcher que jaleaban los tabloides de la época y quedar ellos mismos sin futuro a la vista.

Yo, que los descubri con
su primer disco a los quince años, guardo en sus vinilos originales todos aquellos álbumes, su directo Dig the new breed y sus dos recopilatorios oficiales de singles y caras B editados con el cadaver del grupo aún reciente, Snap! y Extras. Su evolución como músicos fue la mía como oyente; casi compartíamos ideario, de modo que no necesito reivindicar ahora aquel sonido y aquellos míticos años; pero al mundo sí le viene bien recordarlos o descubrirlos.

miércoles, 20 de julio de 2016

Los niños con los niños y las niñas con las niñas (la política segregada)

Aquella famosa canción de Los Bravos que daba título a la película que protagonizaba el conjunto yeyé en 1967 -Los chicos con las chicas- nunca tuvo menos razón que en la política parlamentaria de esta naciente legislatura surgida de las elecciones generales del pasado 26 de junio. Está plenamente en vigor la Ley de Educación dejada en herencia por el exministro José Ignacio Wert -hoy disfrutando de su romántico y bien pagado retiro parisino-, esa que consagra que sean generosamente subvencionados colegios e institutos religiosos y privados en general aunque segreguen al alumnado según sexos -aquel viejuno los niños con los niños y las niñas con las niñas-; y dentro del Palacio de las Cortes todo se clarifica: las derechas con las derechas y las izquierdas contra las izquierdas dándose de bofetadas o poniéndose zancadillas; a eso debían referirse Mariano Rajoy y su amiga y protegida Ana Pastor al hablar de normalidad y estabilidad.

Todos volvemos a la casilla de salida, pero nadie quiere mover un dedo, Algunos preferimos dorarnos en la playa, otros fumarse un puro para no perder las buenas costumbres; otras irse a la cama.

Lo vimos en la  mismísima apertura de la legislatura y elección de la Mesa del Congreso: Ciudadanos, el partido de la regeneración, ha caído rápidamente en la red tendida por lo peor del PP a cambio de migajas -puestos en la mesa que ni siquiera le correspondían-. También los nacionalistas vascos y catalanes han demostrado ser gente de orden -es decir, de derechas de toda la vida-; las veleidades independentistas de algunos no deberían llamar a nadie a engaño. En cuanto a las izquierdas, en la misma votación Podemos ha decidido tropezar en la misma piedra de las manos llenas de sangre y el no me sale de ahí de las investiduras fallidas de Pedro Sánchez sacándose de la manga un candidato a tercera autoridad del país -Domenech- que sólo servía para otorgar al PP el control sobre todos los poderes del Estado ¿será eso la transversalidad?

Lo ocurrido en la primera sesión de la legislatura no es más que un reflejo de algunas actitudes vistas durante la primera ronda de conversaciones para lograr una investidura y posterior gobierno, planteadas por el presidente en funciones como un plebiscito de adhesión inquebrantable a su egregia persona y sus catastróficas políticas. Don Alberto -acabará castellanizando el nombre como Alex/Alejo Vidal Quadras- Rivera (dónde dije digo digo Diego) ha logrado que incluso en la dirección de los populares hayan alucinado con que un secretario general que en los debates electorales soltaba sapos y culebras contra Rajoy ahora le tienda alfombra roja hacia la presidencia -en forma de abstención, dicen- sin pedirles nada a cambio, ni regeneración, ni Ley Wert, ni ley Mordaza, ni cambios en la reforma laboral, ni esa nueva ley electoral por la que suspiran, ni la cabeza del ministro de Interior y Grabaciones Fernández Díaz ni la de Montoro el amnistiador de amiguetes. Sin duda lo próximo será un marcial ¡Señor, sí señor. A las órdenes de Su Excelencia!. Lo previsible, y yo diría que deseable, es que si esto acaba en unas terceras elecciones, su vergonzosa conducta lleve a Ciudadanos tras los pasos de UPyD y acabe en el limbo de la irrelevancia extraparlamentaria con tantos escaños como PACMA. Si finalmente hay que sacar de nuevo las urnas a los colegios ya puedo oír a la claque mediática del Régimen: toda la culpa será del PSOE por enrocarse en el bloqueo y el No es no ¡pretenden que los socialistas digan amén a la LOMCE y a la reforma laboral del trabajo basura y los sueldos de hambre!. Espero que hayan aprendido algo de su error de haber pactado con Rivera un programa liberal.

Así las cosas el único lugar donde estar será la oposición y fuera de los consenso impuestos por la gente de orden.



miércoles, 22 de junio de 2016

Playlist nº 79: Las raíces de Bowie

Sé que aún no ha pasado un año de su muerte y puede ser pronto para homenajes, pero esto no es uno. Simplememte creo que a un artista como David Bowie, Siempre abierto a influencias y a absorberlo todo como una esponja y sumarlo a su impresionante catálogo como compositor, hay que rastrearlo también por la mucha música ajena que integro en su repertorio de estudio y directo, una carrera que abarca cincuenta años de música, desde que era un adolescente londinense con un amplísimo registro vocal hasta que el cáncer se lo llevó en Nueva York el 10 de enero pasado, dos días después de cumplir 69 años. La siguiente lista incluye los originales de la totalidad de versiones de composiciones ajenas que Bowie grabó en directo o estudio en su medio siglo de carrera con la única excepción de los cuatro villancicos populares que cantó a dúo con Bing Crosby en 1976. Naturalmente está entero su álbum de 1973 Pin Ups, donde versionea bandas británicas de mitad de los 60s. Comprueben, verán que no falta nada. El orden es alfabético de intérpretes originales.

1. The Animals: Don't bring me down
2. Bob Dylan: Tryin' to get to Heaven
3 y 4. Bruce Springsteen: Growin' Up/It,s hard to be a saint in the city
5 y 6. Chuck Berry: Almost grown/Round and round
7. Cream: I feel free
8. The Doors: Bertolt Brecht's Alabama song (Whiskey bar)
9. Frank Sinatra: Nature boy
10  Fred Astaire: Suite for a foggy day
11 y 12. Iggy Pop: Sister midnight/China girl
13 y 14. Jacques Brel: Amsterdam/La mort (My death)
15 y 16.  John Lennon: Working class hero/Mother
17.  Lou Reed: Dirty Blvd.
18.  Martha Reeves And The Vandellas: Dancing in the streets
19.  The Mojos: Everything's alright
20. MorrisseyI know it's gonna happen someday
21, Moot The Hoople: All the young dudes
22, Nina Simone; Wild is the wind
23. Ohio Players: Here today gone tomorrow
24. Pink Floyd: See Emily play
25 Pixies: Cactus
26. The Pretty Things: Rosalyn
27. Roxy Music: If there is something
28. Scott Walker: Nite flights
29. Simon And Garfunkel: America
30. The Beach Boys: God only knows
31 y 32. The Beatles: Across the universe/Penny Lane
33. The Easybeats:  Friday on my mind
34. The Kinks: Where have all the good times gone
35. The Rolling Stones: Let's spend the night together
36 y 37. The Velvet Underground: I'm waiting for the man/White light, white heat
38, 39 y 40,  The Who: I can't explain/Anywhere, anyhow, anyway/Pictures of Lily
41 y 42. The Yarbirds: I wish you would/Shape of things
43. Them: Here comes the night




jueves, 9 de junio de 2016

Un sindios

Si Miguel Ángel hubiera abrazado el pastafarismo


Un buen día,  aunque no con estas palabras, Stephen Hawking soltó la coz: Dios no existe dijo -el pobre Stephen ya tampoco, casi-, y se montó la de Dios es Cristo, y eso que ni siquiera era la primera vez: cuentan que en una recepción una Shirley McLaine particularmente pesada y caprichosa le anduvo persiguiendo con la preguntita. ¡Nooo!, le contestó desabridamente en su lenguaje robótico para quitarse de encima a aquella petarda. Aquellos que se proclaman de profundas creencias religiosas -conste que no hablo de todos los creyentes sino de los que tiran a fanáticos- tienen una infinita capacidad para sentirse ultrajados y están a la que salta; y de ello sacan provecho tanto las sectas que explotan y gestionan las creencias espirituales como quienes rentabilizan todo lo que huela a provocación. Así lo hacía la editorial que publica los libros del científico británico cuando allá por 2010 promocionó su última obra de divulgación hasta el momento, El gran diseño, escrita junto a Leonard Modlinow, suministrando un avance claramente dirigido a incordiar a los susceptibles donde los autores consideraban innecesaria la invocación de Dios para explicar el origen del universo. Esto fue publicidad suficiente para disparar las ventas del libro, que matizaba la boutade dejándola en simple escepticismo para desencanto de quienes tras comprarlo se molestaron en leerlo. Todo muy rentable.

Algo no va bien en las cabezas de quienes tanto se ofenden. Es el caso de aquellos que, humillados por ver a su profeta caricaturizados, acribillan a balazos a los dibujantes. Si un predicador nazi anuncia la quema de coranes en su jardín según el ejemplo del cardenal Cisneros, psicópata mitrado que los hacía arder a cascoporro en las plazas de Granada, o un candidato a la presidencia estadounidense propone negar el visado a los musulmanes asumimos que están flipados y que a esos locos habría que encerrarlos, pero seguro que a ninguno de ellos les falta seguidores y no debería sorprendernos que cientos de tarados ofendidos se brinden a volar por los aires llevándose por delante a unas docenas de infieles o herejes.

De los científicos que se citan a raiz del combate Hawking vs. Dios subrayo las palabras del Nóbel de Física Steven Weiberg: Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas, pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión. A dirigir y rentabilizar la maldad de los buenos se dedican las religiones organizadas cuando intervienen en la vida no religiosa pretendiendo imponer su modelo a cualquier forma de organización que adopten los ciudadanos. Constituídas en poderosas empresas, las tres principales funcionan así:  El cristianismo ha adoptado el modelo liberal, es decir las corporaciones controlan los mecanismos de poder de un Estado débil, el lobby minando la democracia. El islam en cambio opta por el modelo totalitario, fundiéndose con el poder político para imponer por la fuerza la obtusa ley religiosa. Los judíos se decantan por uno u otro modelo según su extremismo.

Característico de las religiones es la desfachatez con que se pasan por el forro las pruebas empíricas de sus engaños, vengan de Darwin o del Carbono 14, pero se ven acorraladas por un pensamiento científico que gana el espacio ocupado por el dogma. A primera vista en El gran diseño Hawking apenas planteó nada que no hubiera formulado ya en Breve Historia del tiempo: un universo sin principio ni final en el tiempo y el espacio y sin lugar para un creador. A la religión le queda el recurso de mantener que los conceptos de Dios y alma son invulnerables al estudio empírico y por tanto no confirmables o descartables mediante la experiencia, la teología está fuera del alcance de la ciencia. Sin embargo en El gran diseño Hawking había introducido una novedad no menor de la que hasta ahora no se ha desdicho: No es lo mismo un universo con creador o sin él y por eso la teología no es inmune a la física. La demostración de un  universo que se ha creado a sí mismo negaría necesariamente la existencia de dicho creador. Esto es un sindios.

Actualización de un artículo publicado en Granada Hoy en septiembre de 2010.







creador. Esto es un sindiós.