miércoles, 4 de julio de 2018

Diógenes



[...] en realidad sólo somos la acumulación de objetos y más objetos,
sin más sentido que el mero hecho de acumular cosas,
de seguir comprando y comprando,
pero que nada es de tal valor que no se pueda  volver a comprar.
Acabas atado a las cosas que compraste
para sentirte acompañado.
(Carlos Zanón. Taxi, Salamandra, 2017)


La historia se repite una y ota vez: Al pobre hombre lo encontraron en su casa de la calle .... Los bomberos tuvieron que franquear una puerta bloqueada por montañas de basura. Este hombre en concreto tenía sólo cuarenta años cuando su problema se hizo noticia, en la Granada de 2007; demasiado joven para padecer el síndrome de Diógenes, una forma extrema de aislamiento social cada vez más extendida entre los mayores, también en Andalucía como dos años antes ya alertaba una información de 20 Minutos. La reclusión en el propio hogar y el abandono de la higiene son síntomas. Quienes lo sufren puede llegar a acumular toneladas de basura en sus domicilios y vivir voluntariamente en condiciones de pobreza extrema. Reúnen grandes cantidades de dinero en su casa o en el banco sin tener conciencia de lo que poseen. Están convencidos de vivir en extrema pobreza, y ahorran y guardan artículos sin ninguna utilidad.

De Diógenes de Sinope, un filósofo de Corinto de la escuela de los cínicos contemporáneo de Aristóteles, tomaron los médicos el nombre del mal, toda una paradoja, pues Diógenes llevó al límite el ascetismo: apenas comía, se vestía con andrajos y según Juvenal dormía dentro de un tonel. Se cuenta que Alejandro el Grande fue a verle a su insólita morada y le ofreció hacer realidad cualquier deseo que tuviera. Diógenes le pidió que se apartara del sol ya que la sombra del emperador le impedía disfrutar de él.

El acaparamiento compulsivo es un trastorno mental en el que la persona que lo sufre recoge de forma obsesiva muchos objetos y no desecha nada. Estos pueden ser libros, ropa, antigüedades, objetos de colección, incluso animales, éstos en condiciones penosas (síndrome de Noé). Sus domicilios suelen estar muy desordenados y faltos de higiene, lo que puede conducir a situaciones peligrosas, como incendios o infecciones. También puede ser una enfermedad muy costosa, debido al hecho de que los acaparadores compran artículos innecesariamente. Estas personas no son sólo un problema para ellos mismos, lo son también para los que viven en su entorno. En Estados Unidos se estima que más de un millón de personas lo padecen, y en España El País contaba hace un par de años el extraño caso de Ángel, un Diógenes aislado del mundo real pero con una intensa vida virtual.

A pesar de que las cifras del Síndrome de Diógenes afirman que los más propensos a sufrir de esta enfermedad son adultos mayores de sesenta y cinco años o personas con problemas económicos o de adicción a las drogas, la historia ha probado que cualquiera puede padecer esta enfermedad. Existen varios casos de famosos con Síndrome de Diógenes cuyas historias nos dejan ver que incluso en los perfiles de personas comunmente consideradas normales se puede encontrar este tipo de comportamiento obsesivo compulsivo.Esta fascinante y dura enfermedad ha llegado a estar presente en las familias más pudientes y adineradas de la sociedad en distintos países:
Esta fascinante y dura enfermedad ha llegado a estar presente en las familias más pudientes y adineradas de la sociedad en distintos países.Esta fascinante enfermedad ha llegado a estar presente en las familias más pudientes y adineradas de la sociedad en distintos países:
Edith Bouvier,
nna chica rica de familia adinerada y reconocida en Nueva York es la prueba de que no importa ni el dinero ni la educación de primera que se haya recibido, existen factores genéticos y psicológicos que no se pueden obviar y que terminan desencadenando en al acumulación compulsiva.
 Es casi imposible nombrar un objeto que Edmund Trebis no consiguiera acumular en su apartamento de Londres. Su fama se debe a sus constantes enfrentamientos con la autoridad debido a la acumulación de trastos que tenía en su patio. Fue conocido por su excentricidad y obsesión por la acumulación de trastos en su hogar. Falleció a las 83 años.
  
Mucho Diógenes de nuestros días no necesita llegar a la senectud para aislarse de forma tan radical rodeado de sus posesiones, escasas o abundantes. De hecho estos tiempos crean otra clase de Diógenes con todas las necesidades cubiertas; me miro al espejo y veo a uno de esos receptores compulsivos de información sin tiempo para digerirla. No viviré lo suficiente para leer las Obras Completas de Borges o Lovecraft que aguardan en las estanterías de Ikea que se multiplican ocupando todos los rincones libres de mi casa. Estiramos el espacio pero no disponemos del tiempo. No hay vida lo bastante larga para leerlo todo, para ver todas las películas que grabamos y compramos, pero seguimos acumulando obsesionados por no caer en la indigencia cultural. Ya no releemos, no volvemos a ver una película, hemos dejado de aprendernos de tanto escucharlas canciones de las que inventabamos la letra si no conocíamos el idioma en que estaban escritas.

A lo que me refiero es a un síndrome de Diógenes cultural -quien esté libre de pecado, ya sabe-, que en un principio sólo se manifestó en la acumulación de libros (bibliomanía). Sí, también tengo libro electrónico, pero guardado en un cajón. ¿Qué quieren? no se traiciona al amigo librero y todo librero es un amigo. Se sumaron discos compactos y de vinilo, casetes - mientras las hubo- cintas de vídeo -lo mismo. y deuvedés, las descargas de música -desde hace tiempo sólo las legales en mi caso-, música y películas que ni en diez vidas podremos ver y escuchar. 

Los bomberos deberán derribar las estanterías repletas para entrar en nuestros pequeños pisos, pero además ahora desarrollamos un síndome de Diógenes del disco duro. Las descargas de Internet nos hacen acumular películas y discos  El ordenador no es bastante, encadenamos periféricos: los 250 gigas, los 400, el terabyte… sé que se puede ver online, pero dónde se ponga la posesión del objeto físico... y en cuanto a la música, lo mismo: no me aclaro con Spotify ni me convence.  Al menos nunca me ha dado por el coleccionismo friki de mershandising y demás quincalla, que encima ocupa más espacio. Cuando en vano intentamos ponernos al día con lo acumulado nos aislamos del mundo real tanto como el pobre vecino de las noticias. Te das miedo y piensas: necesito un médico; pero no sabes si pedirle que te cure el síndrome o que te alargue la vida doscientos años más para padecerlo con gusto.

A partir de unartículo que publiqué en Granada Hoy en febrero de 2007

jueves, 31 de mayo de 2018

Ases del balompié (Una playlist para el mundial y un álbum de cromos)


Venía tocando lista de canciones y como estamos a horas de un nuevo mundial de fútbol, es un buen momento para recordar que el rock y el pop han tenido históricamente a futboleros entre sus filas, que numerosas canciones hablan de los efectos del juego-espectáculo en las relaciones sentimentales, de la épica de algunas hazañas deportivas, de la habilidad o la torpeza de cada cual para el juego más practicado desde la infancia, pero sobre todo recordar que estas historias de música y fútbol -y mundiales- no son patrimonio de rikimartins, shakiras y pitbulls. De algunos de los artistas aquí propuestos he incluido un par de títulos que dedicaron al asunto para que cada cual elija su preferido hasta completar los treinta, por fijar un número redondo. Ahí va mi propuesta.




1. Rita Pavone: La partita de Pallone (El partido de fútbol)
2. Toquinho: A copa del mundo
3. Los Planetas: La copa de Europa/El artista madridista
4. Carlos Berlanga: Futbol  

5. Los Sencillos: Phutbol
6. Benito Moreno: Ra ra ra
7. Andrés Calamaro: Estadio Azteca/Maradona
8. Mano Negra: Santa Maradona
9. Calle 13: Me vieron cruzar
10. Billy Bragg: God's footballer/Moving the goalpoasts
11. Astrud: Soy futbolista
12. Hazte LapónSiempre Fui el Último (Al Que Cogían al Fútbol)
13. Los Fabulosos Cadillacs: La marcha del golazo solitario
14. Chico Buarque: O futebol
15. Glutamato Ye-Ye: Soy un socio del Atleti
16. Jorge BenPonta De Lanca Africano (Umbabarauma)
17. Los Directivos: Nueva ola Guardiola
18. La Costa BravaEl cumpleaños de Ronaldo
19. La Granja: Eto'o (su jugador favorito)
20. Joan Manuel Serrat. Kubala
21. Silvio y Sacramento: Betis
22. Bersuit Vergarabat: Toco y me voy
23. Barón Rojo: El gladiador
24. Slade: Give us a goal
25.  Queen: We are the Champions
26.  No me pises que llevo chanclasCansion de amor a una portera de furbo
27. Adriano Celentano: Azzurro
28. New Order: World in motion (himno de la selección inglesa en el mundial de Italia 1990)
29. Pink Floyd: Fearless
30. Gerry & The Pacemakers: You'll never walk alone (himno extraoficial del Liverpool
      y del Celtic de Glasgow)

domingo, 18 de marzo de 2018

Las cloacas de Cristo


Hay un origen común en los procesos judiciales emprendidos contra Drag Sethlas, protagonista de la gala drag del carnaval de Gran Canarias en 2017 y que volvió a escandalizar a los mismos leguleyos integristas con su Última Cena de 2018, con causas como la abierta contra Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, por irrumpir en la capilla de una facultad pidiendo la laicidad de los espacios universitarios, con las denuncias contra las organizadoras de la procesión del Coño Insumiso de Sevilla, o contra la Federación de Planificación Familiar Estatal, entre otros; ese origen y fuente de toda batalla contra la irreverencia son los grupos ultraconservadores antiderechos que se han especializado en judicializar todo aquello que consideran una ofensa a los sentimientos religiosos o una amenaza a la interpretación más rigorista del catolicismo.
En la última década estos grupos ultrareligiosos han cambiado de forma radical sus estrategias:  su número no ha crecido tanto, pero han ganado en sofisticación y organización, y cada vez son más ambiciosos en sus objetivos.
Su participación en el escenario internacional funciona como un caballo de Troya destinado a minar los objetivos y el funcionamiento de los sistemas de derechos humanos; estos grupos están actuando ahora con un mayor impacto, frecuencia, coordinación, recursos y apoyo. Si antes
 estaban circunscritos más a la acción nacional, han ido perfeccionando sus técnicas de cabildeo (lobby) y ocupando cada vez más espacios internacionales, incluso la ONU y las instituciones europeas. En los últimos tres años han desarrollado una agenda ofensiva contra los progresos sociales que ha conseguido que los derechos de las mujeres y los colectivos no heterosexuales hayan avanzado poco.
Estos grupos estuvieron detrás detrás de los intentos de restringir el aborto en España en 2013, en Portugal en 2015, de querer prohibirlo en Polonia en 2016 o de la campaña para incluir en las constituciones europeas la definición tradicional de matrimonio, cosa que consiguieron en Croacia.
Aa pesar de no tener éxito en sus objetivos, esta forma de ir a por la mayor termina dándoles pequeñas victorias. En España finalmente no triunfó la ley de Gallardón, pero sí se modificó la edad de consentimiento para acceder a un aborto para las menores de 18 años.
En las instituciones hay políticos con estos perfiles, de países como Alemania, Eslovaquia, Hungría, Italia, España y Francia. En el caso español, el que encarna esta figura con mayor claridad es Jaime Mayor Oreja, que llegó a ser vicepresicente del grupo Popular Europeo y presidente de la plataforma Federación One of Us (uno de nosotros), que nació para impedir que los embriones humanos se utilicen para la investigación o que se permita su destrucción, y que defiende la vida desde el mismo momento de la concepción.
 Un elemento en común de todos los grupos ultra religiosos es su fijación con el género y la sexualidad:usan los cuerpos de las mujeres, las niñas y las personas con identidades de género y orientaciones  no convncionales como un campo de batalla para sus luchas por apropiarse y retener el poder institucional y social. Hacen “una interpretación patriarcal y absoluta de la religión para alcanzar el poder político, social y económico.
Su discurso apela a la libertad religiosa, y sin embargo atacan de manera sistemática todo lo que sea contrario a su fe cristiana. Cuáles son estos grupos en España y qué hacen es el objeto de estudio a grandes rasgos de este artículo, que cerraré centrándome en el más extendido, influyente y poderoso de ellos, el Opus Dei.

Hazte oir a gritos

Lo que primero fue una web de activismo ultra y después una organización bien financiada -declarada de interés público en 2013 a instancias del Ministerio de Interior que dirigía el supernumerario del Opus Jorge Fernández Díaz-, fue fundada en 2001 por Ignacio Arsuaga Rato (sobrino de Rodrigo Rato) y mantuvo durante años una estrecha relación con el Partido Popular. Arsuaga, que estudió derechos en la Universidad católica de Comillas,  pasó por el Leadership Institute, un laboratorio de ideas neoconservadoras que forma a cuadros antiderechos y que incita a sus alumnos a ser activos en política. La aparición de Hazte Oir fue una revolución, porque su estructura, su forma de actuar y su lenguaje se distancian del que tradicionalmente han mantenido otros grupos ultrareligiosos como los Legionarios de Cristo o el Opus Dei. Se trataba de crear una base de apoyo y movilización social, por lo que su lenguaje tomó tintes seculares y más cercano al de los derechos humanos en la forma, pero con interpretaciones ultracatólicas en el fondo y en la interpretación de los conceptos. Hazte Oír contaba en 2016 con unos ingresos de algo más de 2,5 millones de euros recaudados de las cuotas de socios  y de donativos sin especificar. Sus estatutosafirman que no reciben ningún tipo de subvención pública ni financiación de partidos políticos. Sus socios eran en 2016 unos 6.400 y sus miembros cercanos a los 760.000, cifras que suman a los miembros de CitizenGo, marca internacional creada por Hazte Oír en 2013 y dentro de la que se integró, con algo más de cinco millones en ese mismo año.

Fiel a sus principios ultraconservadores, Arsuaga fue noticia en todo el país al recorrer algunos colegios madrileños con su conocido autobús que hdifundía el lema transfóbico "Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva. Que no te engañen", con el que tubo más problemas al intentar llevar su propaganda a la Universidad Complutense, la Cibeles, Valencia y Sevilla, generando rechazo social y obligando a intervenir a las fuerzas del orden y a jueces nada afines al "invento".
 El autobús que incitaba al odio transgénerollevó a más de 70 eurodiputados a pedir en Bruselas que se tomaran medidas contra esta organización. El 'bus del odio' también recorrió las calles de algunas ciudades de Estados Unidos, como Nueva York.
Una polémica más que acumula este abogado madrileño, que viene lidiando su propia cruzada homófoba y antiabortista amparándose en el Derecho a la Libertad de Expresión. De hecho, impulsó boicots a El Corte Inglés y a la cadena de restaurantes Vips por mostrar a parejas homosexuales en sus campañas de publicidad.

La declaración gubernamental de utilidad pública supuso para Hazte Oir un importante espaldarazo fiscal y de notoriedad del que aún disfruta porque el gobierno se niega retirar dicho privilegio pese atener el mandato de hacerlo aprobado por la oposición mayoritaria. El lobby de Arsuaga supo quitarse de enmedio a quienes , desde su misma trinchera, pudieran restarle protagonismo. Así logró que Fernández Díaz sí revocara la condición de utilidad pública a la Federación de Planificación Familiar Estatal, aduciendo irregularidades en su actuación  tras una férrea campaña de una organización afín a Hazte Oír, la Asociación de Abogados Cristianos, la misma que denunció en 2017 a la drag canaria y amenazò con volver a hacerlo este año.

Hzte Oir vivió su momento de mayor impacto durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, como impulsora de las manifestaciones contra el matrimonio homosexual.
 La organización ha creado numerosas campañas, como la de Derecho a Vivir, que en 2012 convocó movilizaciones en cien ciudades en apoyo del ministro Alberto Ruíz Gallardón, decidido entonces a restringir el derecho al aborto. Las manifestaciones de apoyo se extendieron hasta Colombia, Chile, Argentina, México, Perú y Portugal, mostrando el apoyo internacional que había conseguido esta organización en pocos años.
 Tras el abandono del PP de la reforma de la ley del aborto y la destitución de Ruíz Gallardón, el apoyo de Hazte Oír al PP disminuyó y hoy en día el partido Vox parece ser el más cercano a sus postulados.
Pese a que, al margen de las poses, la presidenta madrileña nunca ha tenido valor para enfrentarse a las posiciones conservadoras de su partido. Cristina Cifuentes tachó de "impresentables los mensajes del autobús del odio, probablemente dolida porque sus responsables ya habían sacado otro vehículo en la campaña electoral de 2015 enel que se proclamaba que "votar Cifuentes es votar aborto".

Hazte Oír organizó, también en 2012, el VI Congreso Mundial de las Familias en Madrid, en colaboración con el estadounidense Howard Center for Families, Religion and Society (de la que Arsuaga es miembro de su consejo de administración desde 2015 y que promueve la unidad de líderes de todo el mundo en defensa de la familia, la fe y la libertad), y otras organizaciones ultraconservadoras como la Alliance Defense Fund (nacida en respuesta a los avances de la Unión Americana por la Libertades Civiles, para defender la familia tradicional)  El Congreso Mundial de las Familias es un evento que se suele convocar cada dos o tres años y que se celebra en aquellos países considerados más prometedores para convertirse en campo de batalla para los grupos fundamentalistas religiosos. Gallardón se encontraba en esos momentos en plena defensa de su ley para restringir el derecho al aborto.
En 2013, Hazte Oír fundó también Citizen Go, una plataforma donde canaliza sus acciones internacionales que funciona en doce idiomas. Y en 2015 puso en marcha su propio medio de comunicación: Actuall.

Dios los cría y ellos se pelean

La estrecha relación de Hazte Oír con el grupo ultraconservador El Yunque de México, considerado como una sociedad secreta desautorizada por la iglesia católica, y las desavenencias surgidas tras el abandono de la ley Gallardón, han provocado el alejamiento de esta organización con la Conferencia Episcopal Española y con el Partido Popular.

¿Quién conduce tanto autobús?

Hazte Oír es la matriz de una trama relacionada con la secta integrista El Yunque. Sus dirigentes navegan en las altas esferas. El año pasado algunos medios de comunicación españoles sacaron a la luz y una sentencia judicial consideró probada su vinculación directa con la secta fundamentalista El Yunque, una organización de origen mexicano con el fin de infiltrar a sus miembros en las altas esferas del poder político. El presidente de Hazte Oir acató la sentencia tras haber llevado a juicio por injurias al honor al profesor Fernando López Luengos, autor de un informe confidencial  redactado a petición de los obispos españoles en 2010 en el que se documentaban dichos vínculos.
Hazte Oir está absolutamente controlada por miembros de El Yunque. Tiene una dependencia total de esta organización secreta que, como tal, está prohibida por la Iglesia Católica.
Los obispos de Getafe y Toledo dieron la señal de alerta a la Conferencia Episcopal, vetaron a HazteOir en sus respectivas diócesis y censuraron a la plataforma públicamente. Un paso que no ha dado toda la Iglesia.

HazteOir, como plataforma, es la matriz de una trama más extensa, en la que se han incluido otras organizaciones como Derecho a Vivir, Citizen Go —su división internacional— o Profesionales por la Ética, con las que comparten cargos directivos. Su cabecera informativa es Actuall, formada por profesionales provenientes en su mayoría del grupo Intereconomía, y como brazo jurídico cuentan con el apoyo del Centro Jurídico Tomás Moro. Estos últimos, en representación de HazteOir, han presentado querellas contra convocantes de manifestaciones ateas por considerarlas delitos de provocación al odio, o incluso contra los seis magistrados del Tribunal Constitucional que aprobaron la legalización de Bildu y contra Canal Plus por emitir el vídeo del cantautor Javier Krahe 'Cómo cocinar un crucifijo'.

Fragua de santidad

Periodistas y estudiosos especializados en movimientos religiosos definen El Yunque como "una
 sociedad secreta anticristiana, de carácter paramilitar, que dice defender los principios y valores cristianos engañando a los católicos y lograr así que éstos participen en las actividades de sus asociaciones tapadera. Sus miembros se consideran a sí mismos una casta de elegidos". Fue fundada en México en la primera mitad del siglo XX y llegó a España en los años de la Transición. Como sociedad secreta  y paramilitar no tiene aprobación civil ni canónica. Es un grupo de personas que se reúnen en secreto. Realizan un juramento que les exige absoluta reserva. Esto implica que no pueden desvelar la existencia de El Yunque y mucho menos su pertenencia. Los miembros, que se consideran a sí mismos como mitad monjes, mitad soldados, únicamente conocen la información de la organización mínima imprescindible para realizar su función en ella, consideran que han sido elegidos por Dios para instaurar el reinado de Cristo en la Tierra. Por ello consideran que cualquier medio empleado les es legítimo. Amparándose en éste argumento desprecian la autoridad de la Iglesia sobre ellos. .Se preparan para una hipotética guerra de religiones. Por ello se entrenan en el combate cuerpo a cuerpo y se preparan ante ataque psicológicos mediante diferentes técnicas.

La ley sin tablas

 La Asociación Española de Abogados Cristianos, la de la denuncia a la drag canaria,  es uno de los grupos ultracatólicos más activos. Su agenda consiste en utilizar las leyes y el litigio estratégico para la “defensa jurídica de la libertad religiosa y los valores inspirados en el cristianismo”. En la práctica, su acción va encaminada a frenar cualquier atisbo de libertad de expresión que les parezca contrario a sus postulados ultrareligiosos, así como frenar el trabajo de las organizaciones de derechos sexuales y reproductivos. Entre sus principales temas de actuación figuran la defensa de las mujeres “engañadas” en los centros de aborto, denunciar el “negocio del aborto” y defender la legislación favorable a la defensa del “no nacido”. Su fundadora es otra integrante del Yunque.
Essta asociación es responsable de los litigios que se han llevado a cabo contra las organizadoras de la procesión del Coño Insumiso, la denuncia para que se retirara la concesión de entidad de bien público a la Federación de Planificación Familiar Estatal o la denuncia contra Ada Colau por permitir la lectura de un padrenuestro que consideran ofensivo para los sentimientos religiosos, entre otros. Una acusación que repiten en la mayoría de sus denuncias y que hasta la fecha le ha reportado algunos triunfos. Afirman que el laicismo y la que llaman “ideología de género” son ideas que una minoría quiere imponer a la “mayoría católica española”, a la que consideran víctima de una supuesta intolerancia que les impide ejercer su “libertad religiosa”.

Como la anterior, el Centro de Estudios Juridicos Tomás Moro es una organización que se dedica principalmente al cabildeo jurídico. Fue fundada en 2004 por Javier María Pérez Roldán, un abogado conocido por combatir lo que definen como “ideología de género”. Fue esta organización quien denunció y llevó a los tribunales a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, condenada finalmente a una multa, pero absuelta del delito de ofensa a los sentimientos religiosos. Su intento de recurrir esa absolución fue rechazada por la Audiencia de Madrid.
Este centro ha sido una de las puntas de lanza contra la ley del aborto y es también una de las organizaciones más activas en el ataque a los centros de interrupción voluntaria del embarazo y a los médicos que se dedican a realizar abortos. Ha elaborado un manual de instrucciones para médicos que quieran aducir objeción de conciencia para no practicar abortos o farmacias que no quieran distribuir los métodos de anticoncepción de emergencia, conocidos como la llamada píldora del día después. También intentan imponer querellas contra proveedores de servicios de salud sexual y reproductiva, acusándolos de violar las normas vigentes respecto al aborto. Y aunque pierdan los procesos obstaculizan la prestación de servicios de salud. Esta organización se sumó a la querella que E-cristians puso en 2006 al médico Carlos Morín acusándolo de practicar abortos ilegales en sus clínicas de Barcelona y Madrid. Las clínicas del Dr. Morín fueron cerradas y miles de historias clínicas requisadas. Un número importante de mujeres que habían abortado fueron presionadas por la Guardia Civil e interrogadas. A pesar de ser absuelto en 2013, estos grupos recurrieron la decisión hasta que el pasado 22 de enero, el Supremo condenó al médico por tres delitos de abortos ilegales. "El Centro Tomás Moropuso en marcha la Plataforma Caso Morín, para recaudar fondos, difamar, estigmatizar y difundir su versión de los hechos.
Con estos procesos se castiga a las mujeres que han buscado un servicio al que tienen derecho por ley. Se viola su intimidad incautando sus historiales médicos. Se viola el secreto médico. Se les hace sentirse criminalizadas. También se ejerce presión psicológica sobre los proveedores de salud mediante un discurso difamatorio que denomina las clínicas como abortorios y negocio de la muerte. Cuando no se les puede acusar de asesinos, se les acusa de haber incurrido en presuntos delitos fiscales, y en delitos contra la protección de datos y contra el medio ambiente.

Profesionales por la Ética es otro grupo vinculado a Hazte Oir  que también se dedica a la abogacía antiderechos a nivel internacional. Declara hacer frente "a ese feminismo rancio y pasado de moda y a la ideología de género en la que desemboca"
Son promotores de la Federación One of Us (uno de nosotros) que  buscaba obtener el reconocimiento de derechos cívicos para el embrión humano, prohibir la financiación pública de investigaciones que implicaran la destrucción de embriones y, en último término prohibir el aborto. Entre los invitados que asistieron al primer foro que esta organización celebró en París en 2016 figuraba lo más granado de los representantes de la ultraderecha europea, entre los que se encontraban Mayor Oreja, Alberto Ruíz Gallardón, así como representantes de la ultraderecha de Francia y Hungría.

Legionarios de la pasta

Es casi imposible desligar esta clase de entidades y sectas de las rutas del dinero opaco. Las revelaciones de los 'Papeles del Paraíso' han salpicado a la Iglesia católica, en particular, a laorganización a la que pertenecen Ángel Acebes, Jose María Michavila y Eduardo Zaplana, ministros de José María Aznar, y la esposa de éste Ana Botella- y a su fundador, el mexicano ya fallecido Marcial Maciel, que habría movido millones de dólares sin pagar impuestos a través de sociedades offshore'.
Ana legionaria
congregación de los Legionarios de Cristo -
La entidad habría comenzado a constituir empresas en paraísos fiscales en 1992, dos años antes de que Maciel, que se vio envuelto en varios escándalos por abuso sexual a menores, cumpliera 50 años como sacerdote, ocasión en la que el entonces papa Juan Pablo II le envió una carta para saludarlo por su trayectoria. Tres días después de esa felicitación, formó en Bermudas International Volunteer Services, que tenía una cuenta en el Citibank de Nueva York.
The Society for Better Education, de 1992, y el International Volunteer Services, de 1994, estaban vinculados al fondo fiduciario Ecyph Limited, de las islas Vírgenes Británicas. Allí, estas sociedades habrían tenido un flujo de entrada de unos 300 millones de dólares por año. Este entramado tenía su dirección en la sede romana de la Dirección General de los Legionarios. La creación de todas estas firmas fantasma corresponde al momento de mayor expansión de las instituciones educativas pertenecientes a la congregación, como la apertura de sucursales de la Universidad Anáhuac o la fundación de la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid.
Esta actuación revelada por los 'Papeles del Paraíso' continuó hasta 2006, cuando comenzó su liquidación meses antes de que el papa Benedicto XVI obligara a Maciel, que murió en 2008, a retirarse. Años después, en 2013, International Volunteer Services quedó desmantelada.
Antes, en los años noventa, una Ana Botella que aún no había iniciado una carrera política propia,  empezó a gestar una estructura de acción pública en materia social y de ONGS para los Legionarios en España. Y esas conexiones perviven en la actualidad: en la la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid, universidad puesta en marcha por la Legión. Entre estas personas e instituciones hay una comunión de ideas casi teocrática: no al aborto, no al matrimonio entre personas del mismo sexo, no a la investigación con células madre.
En esta trama juega un papel determinante el ultracatólico Gustavo Villapalos, ex-rector de la Universidad Complutense de Madrid y consejero de Educación con el gobierno de Ruiz Gallardón en la comunidad madrileña. Villapalos fue clave para que los Legionarios consiguieran hacerse con la joya de la corona de sus actividades educativas: la Francisco de Vitoria.
La Legión tiene en España esta Universidad, un seminario, un centro de vocaciones y nueve colegios Botella aún no había iniciado una carrera política propia pero sí empezó a gestar una estructura de acción pública en materia social y de ONGS en la que contó como principal asesor con el empresario Daniel Sada, a la sazón "el hombre con corbata" de los Legionarios en España. Y esas conexiones perviven en la actualidad. e hay una comunión de ideas casi teocrática: no al aborto, no al matrimonio entre personas del mismo sexo, no a la investigación con células madre.
En el tejido de esta trama papel determinante del ultracatólico Gustavo Villapalos, ex-rector de la Universidad Complutense de Madrid y consejero de Educación con el gobierno de Ruiz Gallardón en la comunidad madrileña. Villapalos fue clave para que los Legionarios consiguieran hacerse con la joya de la corona de sus actividades educativas: la Universidad Francisco de Vitoria. La Legión tiene en España esa Universidad privada, un seminario, un centro vocacional y nueve colegios que segregan a niños y niñas. Así con el paso del tiempo, acabó configurando junto con los neocatecumenales de Kiko Argüello,  una fuerza de choque con gran acción de proselitismo y un adoctrinamiento ultracatólico a través de sus obras educativas.

 ¿El papa de los ateos?

El jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, papa desde hace tres años, sería para muchos de estos integristas y sus adláteres un perfecto candidato para las hogueras de la inquisición.
¿El antipapa?
Desde el tumultuoso pontificado de Pío IX nunca se había visto tanta falta de respeto a un papa en el cuerpo de cardenales y en la Curia romana. Algunas de sus exhortaciones sobre el matrimonio o sus comentarios sobre la  libertad sexual son calificadas en el mismo Vaticano de La califican de heréticas, luteranas, contrarias a la moral, irresponsables.
La campaña está siendo tan descarnada que hasta el papa tiene que disputar en público con sus detractores. Lo ha hecho concediendo una nueva entrevista. Francisco ha concedido más entrevistas que todos sus predecesores juntos en los últimos cien años.
Desatado el incendio en las alturas, la algarabía se ha multiplicado en el llano. Los principales rebeldes forman parte incluso del Gobierno (Curia) del Estado Romano, como el cardenal Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el Santo Oficio de la Inquisición. Fue nombrado para ese cargo por Benedicto XVI y Francisco no lo ha removido. Müller habla por los obispos que lo pasean por España dando conferencias contra Francisco.,proclamando sin tapujos que la doctrina sobre el matrimonio “es la de siempre y no va a cambiar”.
Se sabe que más de la mitad de la Curia actúa bajo cuerda en su contra. Dudan del papa. Entre los abiertamente críticos figuran el cardenal español Antonio Rouco Varela y Camillo Ruini, expresidente de la Conferencia Episcopal Italiana.
La falta de respeto hacia este papa se produjo ya en el momento de su elección. Venía “del fin del mundo” (expresión del propio Francisco), es decir, no formaba parte del meollo de la Iglesia romana, tan europea; es jesuita pero comprende a Lutero;habla amistosamente de los homosexuales; autoriza a los sacerdotes a perdonar el pecado de aborto, sin pedir permiso a los obispos, como hasta ahora; no descarta ordenar a mujeres diaconisas; y presume de ser solamente el obispo de Roma. La Curia romana, en cambio, se considera el centro de la cristiandad y a los cardenales se les llama príncipes de la Iglesia. Las reticencias ante el papa Bergoglio las tuvo incluso su predecesor Ratzinger, ahora sumiso. La derecha mediática también trata de forma despectiva a este papa: el director de La Razón y tertuliócrata ubícuo, Francisco Marhuenda, repite una y otra vez -le encanta escucharse- que Francisco es el papa que gusta a los ateos.

Ofensa a ¿qué sentimientos?

El caso de la drag canaria del que escribía al principio es uno de los que nos lleva a reflexionar sobre cómo el fundamentalismo católico logra influir en la legislación: España es el único país de Occidente cuyas normas penales incluyen y castigan un delito de ofensa a los sentimientos religiosos, equiparable al de blasfemia de teocracias como Irán y Arabia Saudí y contemplado en la última reforma del Código Penal que la mayoría absoluta del Partido Popular aprobó en 2015. Ese fue el supuesto delito por el que una fundación de extrema derecha llevó a los tribunales al humorista Dani Mateo por burlarse de la fealdad de la cruz del Valle de los Caídos. Un juzgado tan sobrecargado de trabajo pendiente como la mayoría decidió perder el tiempo y el dinero público llamando a declarar al denunciado para tener que admitir la futilidad de la denuncia.
Mäs lejos llegó otro juez de tendencias neolíticas: el que condenó a la tuitera Casandra Vera  a un año de prisión, siete de inhabilitación y a pagar las costas del juicio por considerarla culpable de -en su caso- un delito de humillación a las víctimas del terrorismo por trece tuits publicados entre  2013 y 2016 en los que se burlaba de la muerte en atentado del número dos de Franco, Luis Carrero Blanco ¡en 1973! - que levante la mano quien no haya hecho un chiste sobre el histórico vuelo-. Siguiendo el juíciodeberíamos decir que le han considerado culpable a él, no a ella: Mucha gente no sabía que Cassandra es una mujer trans hasta que en la vista del juicio se escuchó al fiscal  y a los tres magistrados dirigirse a ella como si fuera un varón y no como mujer, ¿saldrían absueltos estos cuatro togados de una acusación de transfobia máxime cuando el eje central de la discusión era la humillación, el menosprecio, el descrédito, la perdida de estima, los amores propios heridos, la actitud irrespetuosa y… la dignidad de las personas? Recuerden que ya me he referido a que desde un sector ultraconservador demasiado parecido a estos de las puñetas se viene haciendo una campaña feroz contra la comunidad trans con el famoso las niñas tienen vulva y los niños tiene pene.
¿Quién humilló a quién?

Ya que hablamos de religión y jueces que sellan sus creencias en sus sentencias, no puedo olvidarme del andaluz Eduardo Roríguez Cano. Dicen que cuando el diablo no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo; también tenía que aburrirse este magistrado de la Audiencia de Granada que fue mundialmente conocido (y no es una exageración) porque en el pregón que dio para una cofradía, tuvo la ocurrencia de dictar una sentencia absolviendo a Cristo. En ese pregón el juez absolvía a Jesucristo de los delitos de blasfemia, rebelión y sedición por los que fue condenado y crucificado hace más de dos mil años. Según Rodriguez Cano si si la causa contra Jesús de Nazaret se hubiera desarrollado con todas las garantías jurídicas, no habría habido más remedio que dejarlo libre, pues no existía ningún cargo contra él.

Conchita quería ser santa
Granadina fue también Conchita Barrecheguren, la niña a la que su padre Francisco, un fanático católico catalán, crió y educó, haciéndola pasar todo tipo de rigores para que fuera santa, aunque la tuberculosis se la llevó a los veintiún años. Esto ocurrió a principios del siglo XX; hoy los servicios sociales habrían intervenido para liberar a la niña de la tiranía paterna. En lugar de eso, grupos ultracatólicos y hasta algún cargo ecesiástico español han abierto un proceso de canonización de Conchita y su progenitor. La muchacha vivió antes de que existiera el Opus Dei, pero la conducta real de Francisco Barrecheguren recuerda a la extrema crueldad con que los padres de ficción de Camino (Javier Fesser, 2008) se plantean la agonía y muerte de su hija como un sacrificio a Dios,

Sigo en Granada y debo acordarme de otro juez tridentino, en su caso magistrado del Tribunal Constitucional hoy y durante diecisiete años diputado del Partido Popular por esta provincia, Andrés Ollero. Su partido no quiso darle la presidencia del alto tribunal ydeclarar ilegal la amnistía fiscal de Cristobal Montoro. Ollero es miembro numerario del Opus Dei, vive en una residencia para miembros de la secta e hizo voto de castidad -no debe ser difícil con su cara-.
Ollero con el otro José María
su venganza fue

Por su Obra los conoceréis

Jueces no afines a la causa opusina denuncian que un tercio de los magistrados en ejercicio en España pertenecen a la secta fundada por el oscuro y mediocre san Josémaría bajo el palio de la dictadura franquista; es decir, que el  virus del Opus Dei infecta y parasita gravemente la administración de justicia en nuestro país.  Su presencia en la educación -y su poder sobre quienes la rigen- es aún más evidente. pero ¿y  en los medios de comunicación?
Se sabe que el fundador del Opus Dei solía decir: “tenemos que envolver el mundo en papel de periódico” (Escrivá de Balaguer nisiquiera soñaba entonces con los medios digitales), En este sentido sus ambiciones abarcaban mucho más que el ámbito nacional. Según los datos aportados por el propio Opus Dei, cuentan con más de 500 colegios y universidades, medio centenar de emisoras de radio, 12 productoras de cine y televisión, 12 editoriales, 604 periódicos y revistas y 38 agencias de información.
San Josémaría y su aura
P
ero teniendo en cuenta el secretismo y falta de transparencia de esta secta, es presumible que el control de medios de comunicación sea aún mucho mayor. Su presencia y penetración en medios públicos y privados va mucho más allá de que no se esconda su participación en la Revista Telva, la agencia Europa Press el grupo editorial catalán Godó o el andaluz Joly:  se trata de impedir que ciertas informaciones que puedan comprometerles sean conocidas o tengan credibilidad entre la población,
derribar a sus oponentes mediante la difusión de calumnias,
hacer prevalecer la versión que ellos dan de su saqueo a España inventandose razones como una “crisis” causada por mercados de los que ellos son parte, sin informar que están dando prioridad a pagar con dinero público una deuda contraida con unos acreedores que son complices del fraude.

Medios,  educación y Justicia son sólo partes de una estructura inmensa de poder e influencia, y estoy refiriéndome sólo a España.

El sustantivo secta es para los miembros y estructuras del Opus Dei un calificativo que rechazan de plano que se les pueda aplicar a ellos mismos.
Pero, digan lo que digan, se comportan como una secta. Representantes y miembros de ella han controlado hasta hace muy poco le conomía y las fuerzas de se guridad en España (Guindos, Fernández Díaz), pero esta valiosa lista no incluye sólo a miembros de la derecha marianista; hay también socialistas y nacionalistas y al margen de la política están grandes nombres del empresariado y otros, a veces sorprendentes, son nombres del deporte, actores y hasta algún torero. No son Dios, pero están en todas partes.

A principios de este siglo me tocó saludar, por motivos de trabajo, al entonces diector de la Congregación por la Doctrina de la Fé, Jseph Ratzinger. M dio una mano blanda y me mostró una inquietante sonrisa tras laque s podía ocultar cualquier cosa. En otras ocasiones me han invitado (previo pago de matrícula) a encuentros sobre periodismo organizados por algún colegio mayor o residencia del Opus Dei. Inmediatamente se me han acercado, amistosos y sonrientes algunos miembros de la secta deseosos de captarme para la causa. Lo decía el protagonista de la novela El salvaje del mexicano Guillermo Arriaga antes de tener que enfrentarse con ellos: "El proselitismo fanático se esconde siempre en la buena onda y la sonrisa ensayada".








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sábado, 10 de febrero de 2018

Distopía: un mundo peor



Un pesimista es sólo un optimista bien informado.
Mario Benedetti

Los finales felices, sobre todo si llevan sobrecarga de almíbar, tienden a repelernos, salvo que seamos niñas de nueve años que sueñan con princesas rosas. Creer en un mañana luminoso cada vez nos cuesta más, lo que no es de extrañar si está uno medianamente informado sobre el mundo que le rodea. Aunque el tiempo de las utopías sobre una humanidad feliz y una sociedad justa -un sueño y un proyecto sine die desde el principio de la historia-  quedó atrás a finales del siglo XIX, en este XXI que comienza vivimos un auge de la distopía, una utopía del revés, un discurso de que todo se aboca al precipicio, de que todo tiempo pasado será peor que no deja de ser una forma negra de narcisismo. Nos gusta saber que todo acabará mal a pesar de que los síntomas del presente se contradicen, cambio climático. crisis humanitarias que no cesan, robotización excesiva, precariedad laboral, semiesclavismo, recorte de libertades y retorno de los populismos fascistas frente a aumento de la esperanza de vida y mejoras en los conocimientos sanitarios y la sanidad aplicada.“Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, resume el diccionario de la Real Academia de la Lengua al definir las distopías. El siglo XX fue prolijo en ficciones distópicas, tanto en la literatura como en el cine, y hemos comenzado la nueva centuria trasladando a la televisión estas pesadillas demasiado vívidas.

El siglo XXI ante el espejo

Cuando en 2011 se estrenó la serie Black Mirror muchos vieron en ella una fantasía futurista de cumplimiento tan lejano como el de Star Trek o como el que tres años más tarde planteó la película Interstellar (Christopher  Nolan, 2014). Dos años después de aquellos tres únicos capítulos de la primera temporada, el asesinato de un soldado en mitad de Londres nos mostró una imagen que parecía salida de Black Mirror: la gente grababa en sus móviles cada hachazo en nombre de Alá, emitiendo en directo las alucinadas explicaciones que, mirando al teléfono, el autor daba a lo que estaba haciendo. La realidad era como una nueva temporada de la serie. Eso no es ciencia ficción, sirve para abrir informativos.

Mujeres vasija

¡A traer niños al mundo! (El cuento de la criada)
El cuento de la criada es según quienes votan a Trump y quienes practican o disculpan el acoso a las mujeres el azote feminista de nuestra era, tal vez porque se identifican o inconscientemente deffienden una distopía que es demasiado cercana. El libro de Margaret Atwood llevado a la televisión se publicó en 1985, una época con fuertes presiones en EEUU de los movimientos antiabortistas y de los antipornográficos. Al igual que la llegada de Donald Trump al poder disparó las ventas de 1984 de George Orwell, la gran distopía literaria del siglo XX, The Handsmaid's Tale se ha recibido ahora, al trasladarse a serie de televisión, como un envite contra la misoginia del actual gobierno estadounidense. La novela -y por tanto la serie- habla de una reducción de la población humana por culpa de la contaminación ambiental y la imposibilidad de concebir, algo que ya está ocurriendo: la natalidad cae en todo el mundo y aumentan las enfermedades pulmonares y alergias causadas por la mala calidad del aire. El escritor P D James ya planteó este futurible en su novela Los hijos de los hombres, llevada al cine en la pasada década (Children of men. Alfonso Cuarón, 2006) En la obra de Atwood las mujeres fértiles sirven de recipiente para la procreación. La protagonista es una mujer, la criada Offred -De Fred-, que narra su cautiverio en una dictadura puritana y teocrática que gobierna Estados Unidos tras un golpe de estado que implanta la república de Gilead. La amenaza del terrorismo islamista (evidentemente, una aportación de la serie) sirve a los nuevos tiranos de Gilead  -pero ¿y si en realidad fuera algo así lo que los votantes norteamericanos eligieron libremente en 2016 y no hiciera falta golpe alguno?- como excusa para ejercer un poder omnímodo, mientras el problema de la infertilidad justifica controlar la vida de las mujeres. Las consideradas más devotas son destinadas a esposas de los comandantes, las Marthas se dedican al trabajo doméstico y las criadas son jóvenes fértiles cuya utilidad es concebir hijos para los matrimonios dirigentes. El régimen amenaza a las criadas que no se plieguen a su obligado destino con desterrarlas a las colonias, un lugar -les cuenta la prpaganda- donde las mandarán a recoger residuos tóxicos en unas condiciones terribles.

Según ha explicado la escritora posteriormente, cuando en 1982 se puso manos a la obra una de sus premisas era no inventar ningún suceso que no hubiera tenido lugar ni tecnología que no estuviera disponible en aquel momento. Atwood vivía entonces en Berlín Occidental; de ahí la presencia del muro, que en el libro sirve para exhibir los cadáveres de los disidentes y los pecadores según la estricta moral de Gilead, además de simbolizar el agobiante encierro dentro de sus fronteras. En el mismísimo Antiguo Testamento dice Atwood haber encontrado inspiración: las dos esposas de Jacob, las hermanas Raquel y Lía, al no poder engendrar, le dicen a Jacob que se acueste con sus respectivas criadas para que pueda tener hijos. El control de las mujeres y su descendencia mediante el robo de bebés ha sido una práctica habitual en las dictaduras, incluso después de ellas en el caso de España.

La adaptación televisiva, que se ambienta en el tiempo presente, aporta nuevos simbolismos: la Ceremonia, un rito de Gilead en el que el comandante viola a la criada, cobra un nuevo significado en pleno debate sobre la  gestación subrogada o vientres de alquiler, o la persecución y asesinato de homosexuales cuando se acaba de acreditar que en Chechenia existen campos de concentración para este colectivo. En El cuento de la criada la escritora explica que "hubo manifestaciones de que todo se empezaba a torcer" pero pocos supieron detectarlas. "No nos despertamos cuando masacraron el Congreso -ya le gustaría a Trump- .Tampoco cuando culparon a los terroristas y suspendieron la Constitución", comienza su relato la protagonista. Parece realmente difícil no reconocer en esa supuesta anticipación los sìntomas y las amenazas del presente.

Un pasado utópico

Aunque el tema de este artículo sea el de los futuros -o los presentes camuflados como futuros- de pesadilla y alienación, no se puede olvidar que antes de la negación suele estar la afirmación y que antes de la distopía estuvo la utopía: desde el comienzo de la historia ha habido pensadores que, disconformes o insatisfechos con las sociedades en las que vivían, diseñaron utopías sobre una sociedad mejor. Formuladas desde muy diferentes perspectivas ideológicas y morales, muchas propuestas utópicas han tenido en común el retorno a una arcadia o sociedad idílica prehistórica (entiéndase el último adjetivo como más allá de la historia) donde los seres humanos pueden llevar una existencia plácida con sus necesidades cubiertas, sin propiedad privada, donde todo es de todos, rechazando todo individualisno. Pero otras no; otras utopías sólo miraban hacia el mañana. Casi todo se ha quedado en palabras y  ensoñaciones, pero ha habido amagos de construir comunidades al margen de su tiempo, experimentos que desembocaron en estrepitosos fracasos y en el último siglo y medio, proyectos colectivos más sólidos que siguieron a unas élites que se consideraban en posesión de la verdad, que al materializarse resultaron ser espantosas pesadillas.

El primer modelo de sociedad utópica se lo debemos a Platón. En su citadísimo diálogo La República defiende su visión de la justicia y describe cómo sería el Estado ideal. Estaría formado por tres clases sociales: gobernantes, guardias y productores. La pertenencia a una u otra de las clases no vendría por nacimiento sino por capacidades. Para Platón, la buena marcha del Estado depende de que cada clase cumpla bien con su cometido. La suya es una utopía clasista, patriarcal, en la que las mujeres son una herramienta colectiva para la reproducción, y meritocrática.
  Utopía o En ningún lugar de Tomas Moro avanza por primera vez en la edad moderna un mundo democrático en lo político y comunista en lo social: sin propiedad privada, dinero ni compraventa, con los bienes producidos a disposición de las necesidades de cada uno, una república con sufragio universal e igual reparto de derechos y obligaciones. En La ciudad del sol el filósofo italiano Tommaso de Campanella propone una república de organización comunista y valores religiosos; en ella todo se vive en común, incluso las viviendas, las mujeres y los hijos, con la población distribuida en función de las habilidades y necesidades de los individuos, pero no abole el modelo estamental, con la Iglesia en la cúspide. La nueva Atlántida de Francis Bacon está inspirada en La ciudad del sol, pero el británico cambia la religión por la ciencia: la sociedad no está gobernada por el poder religioso, sino por una élite tecnocrática. Bacon no se plantea cómo resolver los problemas sociales y políticos.
Uno de los ilustrados esenciales, Jean Jacques Rousseau, influenciado por los libros de viajes a tierras exòticas tan populares en su época, critica el progreso, retoma las utopías primitivistas y describe la historia como un proceso de decadencia, pero su Del contrato social mira el futuro con esperanza e intenta integrar a los individuos en la sociedad; tanto esta obra como Emilio o la educación le granjearon la condena del poder, la persecución y el exilio.

 A principios del siglo XVIII el socialista utópico francés Charles Fourier fue uno de los padres del cooperativismo: pensó en establecimientos agroindustriales que alojaran a casi dos mil personas que trabajarían las tierras circundantes y compartirían las ganancias de las ventas; la comunidad garantizaría los servicios esenciales y velaría por unas condiciones laborales agradables. Su utopía reformista no era descabellada y algo parecido puede reconocerse hoy en los kibutz israelíes. Y antes sus ideas y las de su correligionario Claude Saint-Simon fueron a parar a la socialdemocracia europea. Ambos consideraban que la labor más importante de los gobiernos era acabar con la pobreza y las guerras.
 Si Fourier y Saint-Simon eran utópicos reformistas, Pierre Proudhom era revolucionario. Este intelectual autodidacta a quien se le considera fundador del anarquismo  ya en su primer libro sentenciaba aquello de que la propiedad es un robo en cuanto que es resultado de la explotación del trabajo de otros. Para Proudhom la sociedad ideal es aquella en la que el individuo tiene el control de los medios de producción y se opuso al comunismo, donde el ser humano pierde su libertad. Frente al Estado y la Ley preconizó la asociación de pequeños productores autónomos reunidos políticamente en una federación de comunas, mutuas y cooperativas.
Contemporáneo suyo fue el inglés William Morris, que en 1890 escribió Noticias de ninguna parte sobre un paraíso socialista en la tierra consumado en el año 2000, donde se han despejado las grandes aglomeraciones urbanas, se han limpiado el aire y las aguas y la humanidad vive en casas esparcidas por el paisaje. A la gente la une la camaradería y no la autoridad. La novela habla de personajes desinhibidos y epicúreos en estrecha relación con la naturaleza y liberados de la doctrina victoriana del trabajo, la propiedad, la diferenciación entre lo público y lo privado e incluso de la tecnología -otra utopía primitivista- innecesaria en los talleres que propone, que se destinan a los oficios y no a alimentar necesidades creadas.
También en el año 2000 situaba el norteamericano Edward Bellamy su novela utópica Mirando atrás, de tanto éxito que tras su publicación surgieron decenas de Bellamy clubs en los Estados Unidos, sorprendente triunfo el de una utopía socialista como ésta en la meca del capitalismo, aunque la arcadia de Bellamy también tiene un aspecto negativo: la tecnoburocracia que sí agradaba a Bacon; además Bellamy no entra en la cuestión de la democracia.
Más o menos en los mismos años, la obra el escritor británico Herbert Georges Wells se convirtió en el puente entre las utopías pasadas y las distopías por venir. En Una utopía moderna, a medio camino entre ensayo y relato fantástico, HG ridiculiza las propuestas de los utópicos anteriores, desde Platón a Belamy, pero la utopía de Wells es conservadora en cuanto a que defiende la propiedad privada y no cuestiona las relaciones entre empresario y trabajador existentes ni la concentración de la renta en manos de unos pocos. En todo caso es una utopía reformista que pide una dulcificación del capitalismo neoliberal.
Morlock vs. eloi
eMás arriba situé a Wells a caballo entre utopía y distopía: no olvidemos su primera y más popular novela, La máquina del tiempo, en cuyo futuro remoto sitúa a los terroríficos infrahumanos morlock del subsuelo cazando y devorando a los felices y bobalicones eloi de la superficie, como si la distopía se merendase a las utopías.

La trinidad distópica

Wells fue el puente, sí. Pero la llegada del siglo XX,  y sobre todo la Gran Guerra 1914-1918, supuso el advenimiento de un pesimismo generalizado y, en Europa, la llegada de una literatura que contestaba a las utopías de antaño: la distopía o antiutopía. Tres nombres destacan entre toda la ficción distópica que vendría: Orwell, Huxley y Golding, aunque hay mucho más.

Dos minutos de odio (1984)
Británico que había sido policía colonial en la India, el escritor y periodista George Orwell fue un comunista antiestalinista como demuestran su novela de más éxito, Rebelión en la granja, y el relato autobiográfico Homenaje a Cataluña, pero también fue el autor de la gran distopía literaria del Siglo XX, 1984, que llegó al cine en el año que indica su titulo (1984. Michael Radford, 1984), aunque ese título/fecha no es más que un baile de números que indica el parecido de la pesadilla que el autor sitúa en la década de los ochenta con la situación real de la Unión Soviética cuando se publico la novela, en 1948, con el Big Brother Stalin haciendo sus fechorías sin control ni límite. Sin embargo su crítica y su advertencia va mucho más alla del estalinismo y abarca  a todos los totalitarismos de ayer, hoy y mañana. La obsesiva vigilancia del Estado a los individuos, como el Winston Smith al que la interpretación del inolvidable John Hurt dota de una vulnerabilidad y unas debilidades tremendamente humanas;
un control que no escatima en medios tecnológicos, es mucho más real y amenazadora ahora, con las tecnologías de la información y en un mundo hiperconectado, que entonces. Desde la publicación de 1984 y de que sus advertencias fueran reconocidas como presente más que como futuro, el adjetivo orweliano entró en todos los diccionarios para calificar a políticas y medidas que buscan mantener un control absoluto de la ciudadanía valiéndose de cualquier medio a su alcance y generar una paranoia colectiva con el afán de perseguir a supuestos conspiradores mediante cacerías de brujas, juícios políticos por crímenes del pensamiento, lavado de cerebros, violación de la privacidad, tortura, asesinato..., del mismo modo que, ya desde antes, kafkiano define a situaciones dramáticamente absurdas que describen al hombre indefenso ante la poderosa maquinaria de la burocracia o de la Justicia que lo aplasta. La gran aportación de Orwell es haber descubierto el poder de manipular el lenguaje para modificar la realidad y dominar los resortes del poder absoluto: algo así como lo que se define hoy con neologismos y barbarismos como posverdad,  fake news y correccción política. De esta última, la ola de conservadurismo desatada desde posiciones progresistas y feministas nos da ejemplos de censura entre escalofriantes y risibles.

De la treintena de libros del también británico Aldous Huxley, Un mundo feliz, de 1932, le proyectó como el profeta de la era tecnológica que se cuestionó las ventajas de los avances científicos cuando sus efectos son la deshumanización, en este caso programada por el Estado, que emplea el condicionamiento genético para organizar a los hombres desde su nacimiento en castas con destinos laborales muy determinados: en este mundo feliz la ingeniería genética condiciona el destino. Esta distopía tuvo su mejor plasmación audiovisual en una miniserie de la BBC emitida en 1980. Aquí la pueden ver.

El premio Nobel de literatura William Golding es conocido sobre todo por su obra El señor de las moscas, una negación brutal del mito del buen salvaje de Rousseau. Una treintena de niños solos sin supervición adulta en una paradisíaca isla desierta tras sobrevivir a un accidente aéreo no tardan en enfrentarse a muerte en guerras por el poder y la dominación sobre los demás trnsformando en arma mortífera cuanto instrumento tienen a mano y transformando objetos que encientran en la naturaleza en emblemas de autoridad que hay que respetar y adorar. De inmediato el civismo aprendido en la escuela y la familia es sustituido sin remedio por un salvajismo primitivo, la razón por los instintos:,La utopía primitivista soñada en el pasado se transforma en horror: la llegada del hombre convierte al paraíso original en un infierno; una fina línea separa la bondad de la maldad humana cuando se nos pone a prueba, al hombre de la fiera.

Otros mundos imperfectos, otras pesadillas del siglo XX

Antes de Orwell y Huxley -y en su origen, aunque éstos no lo reconocieran-  estuvo el ruso Yevgeni Zamiatin. Perseguido por el zarismo y el leninismo, no pudo publicar su novela distópica Nosotros, de 1921, en la naciente Unión soviética, pese a haber sido un destacado revolucionario en 1905 y en 1917. Probablemente las autoridades bolcheviques de entonces y su régimen se veían - con razón- retratados en el futuro sombrío descrito por Zamiatin: la ciudad donde las viviendas son de cristal para que la policía vigile mejor a los ciudadanos, que no tienen nombres propios sino números de expediente, y todo lo cotidiano está orientado en exclusiva a la eficencia en la producción, claro que como en toda sociedad distópica hay disidentes. Narrada en forma de diario, Nosotros es el recuento de las reflexiones del ingeniero de la nave espacial que expandirá la doctrina imperante en la Tierra a los habitantes de otros planetas.

451 grados Farenheit es la temperatura a la que arde el papel: y Farenheit 451 es el título de una novela de Ray Bradbury de 1953 y de su adaptación cinematográfica (François Truffaut, 1966) que muestra una sociedad occidental esclavizada por los medios audiovisuales, los tranquilizantes y la indiferencia, donde pensar por uno mismo está prohibido, donde el cuerpo de bomberos tiene como misión quemar libros porque, según el gobierno, leer libros nos hace desiguales e infelices y nos genera angustia.

En 1962 otro escritor, el erudito Anthony Burgess, amplió lo que ya empezaba a ser una tradición de novelas distópicas británicas con La naranja mecánica, que sólo tardó una década en ser llevada al cine (A clockwork orange. Stanley Kubrick, 1972). Es la historia del nadsat (adolescente) Alex y sus tres drugos (amigos) en un mundo de crueldad y destrucción: Alex tiene atributos muy habituales entre los seres humanos (amor a la violencia, a jugar con el lenguaje, a la música y la belleza), pero como joven con tendencias asociales resulta un apetecible conejillo de indias para la aplicación por parte del gobierno y las fuerzas del orden de mecanismos pavlovianos y mecánicos de condicionamiento para domar conductas.
Burgess tomó de su maestro Joyce la decisión de inventar para la novela un nuevo lenguaje insertando palabras de otros idiomas. Así La naranja mecánica está repleto de expresiones nadsat que le dan atemporalidad: es una ficticia jerga adolescente que bebe del cockney y del ruso.

Philip K. Dick
"La mejor herramienta para manipular la realidad es la manipulación del lenguaje. Si controlas el significado de las palabras, controlarás a las personas que las usan" (Philip K. Dick,1928-1982).
Al autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), el relato que por días no llegó a ver estrenado como película (Blade runner. Ridley Scott, 1982) y que el año pasado conoció una continuación cinematográfica aún más pesimista (Blade runner 2049. Denis Villeneuve, 2017), unos le conocen como un escritor mentalmente inestable que hizo de las drogas una forma de vida;  los puristas del género literario que practicó le califican  con el menos científico de todos los grandes escritores de ciencia ficción; pero aunque sus experimentos con el LSD sean casi tan famosos como los de Timothy Leary, aunque su vida sentimental fuese una telenovela tremebunda con episodios de violencia, estos aspectos solo describen pequeñas facetas de un novelista fértil y complejo, que tenías sus propias ideas sobre la ciencia ficción,el género literario que practicó siempre, y siempre desde una perspectiva de buen conocedor de la historia contemporánea y una visión crítica y escéptica del porvenir cercano. Aunque el guión de Blade runner situaba la acción en el entonces lejano año 2019, ¿Sueñan los androides...? profetizaba a más corto plazo: Enero de 1992. Rick Deckard vive en la Tierra, lugar contaminado donde ya son pocos los especímenes animales que sobreviven —y por ello son muy valorados, lo que obliga a los menos adinerados a adquirir animales domésticos artificiales—. Son los tiempos que siguen a la Guerra Mundial Terminal, que cubrió de polvo radioactivo la atmósfera y sumió a los supervivientes en un aire gris que oscurece el sol y es capaz de alterar la mente y la capacidad genética de los que permanecen aún en el planeta. La ciudad es San Francisco; el estímulo cerebral artificial es corriente entre los ciudadanos; la población es pequeña, un tercio aproximadamente de la anterior a la devastadora guerra; la moral y la teología son las del Mercerismo; los aún reconocidos como normales han de emigrar a los planetas-colonia; los que se quedan en la Tierra pueden llegar a ser clasificados como especiales, seres biológicamente inaceptables. La Rossen Association es una gran empresa que fabrica robots, entre ellos los Nexus-6. Son androides de última generación tan idénticos al hombre que apenas los tests de Voigt-Kampff pueden distinguirlos. Deckard deberá retirar — es decir, liquidar— a un grupo de androides fugados a la Tierra. Éstos se esconderán en la soledad del apartamento de John R. Isidore, un especialista en autómatas. Pero Deckard conocerá a alguien, Rachael Rossen, quien le hará sentir... y dudar, tanto sobre su naturaleza como sobre su misión.

Otras distopías de la época, que concretamente alerta sobre la destrucción medioambiental son El rebaño ciego, de John Brummer (1972) y, en cine, Cuando el destino nos alcance (Soylent Green. Richad Fleischer, 1973) y Naves misteriosas (Silent running. Douglas Trumbull, 1972).
El problema de la superpoblación planteado en Soylent Green también encuentra soluciones drásticas en una aburrida película estúpidamente convertida en film de culto, La fuga de Logan (Logan's run. Michael Anderson, 1976)

Dejo a un lado las distopías de caracter postapocalíptico como La carretera de McCarthy, La gente del margen de Orson Scott Card, El cartero de David Brin o la saga de películas de Mad Max antes de que me tenga a poner a escribir de guerras atómicas, zombis y terminators, aunque ya cité Hijos de los hombres, que describe lo que podría ser una pesadilla post-destrucción.

Tampoco hace falta un apocalipsis para habitar en los terrenos de la distopía;  en los cimientos económicos del mundo actual es reconocible la pesadilla. Citemos la novela Las leyes del mercado, de Richard Morgan (2004): En el año 2049 todo está en venta, incluidas las guerras y los países que las libran. Grandes corporaciones transnacionales invierten en ejércitos y armas a cambio de un porcentaje del PIB del país al que apoyan. Los brokers de esas corporaciones acuden a su trabajo en coches blindados listos para la batalla; las autopistas son un coto privado de las grandes empresas y cada día se producen batallas entre coches: el que antes mate o eche de la carretera al otro, gana, y, por lo tanto, trabaja. Darwinismo económico y social a tope.
Morgan hace ver dónde nos lleva el capitalismo sin freno: a un mundo donde todo está en venta, especialmente la vida y la muerte, y nadie importa nada más que su cuenta de resultados. Eminentemente ideológica, una bibliografía donde se cita, entre otros, a Naomi Klein o a Noam Chomsky da cierta idea de por donde van los tiros.

 La distopía es el retrato de una sociedad, futura o presente, en la que el hombre es víctima de un sistema totalitario, de la tecnología como forma de dominio, la descripción o profecía de mundos en los que el individuo es aplastado por el sistema. Centrándome de nuevo en la pantalla, hay que remontarse al cine mudo para encontrar la primera de estas piezas maestras. En Metrópolis (1926), el alemán Fritz Lang nos sitúa en una pesadilla futurista de diseño en la que la sociedad está ordenada por las máquinas y, al estilo de Un mundo feliz, publicada por aquellos años, los trabajadores son una raza inferior sometida a ritmos maquinales, con los que magistralmente juega el director para lograr la extraordinaria estética de la cinta. Pero Lang quiso ser optimista e ideó un final feliz y burgués en el que patronos y proletarios se acaban dando la mano.

Avanzando en el tiempo, La Vida Futura (Things To Come, 1936), genial adaptación de William
Metrópolis
Cameron Menzies
de una novela de H.G. Wells, describe el entonces futuro de 1970 como una sociedad feudal dominada por un señor absoluto. Una revuelta logra que cuarenta años después, el nuevo mundo sea tan feliz y cursi que se impone buscar un cambio para despertar a la humanidad de la estupidez y la alienación... y es que nunca estamos contentos. Así que de optimista tiene poco una de las escasísimas (supuestas) utopías que ha dado la historia del cine. Su incomparable diseño de producción y sus decorados han sido tan influyentes como los de Metrópolis para la historia del cine fantástico.

Salto en el tiempo hasta 1965. Sin efectos especiales ni estética futurista, sino de puro cine negro en la onda europea y de homenaje al noir propio de la nouvelle vague, alguien tan ajeno a la ciencia ficción como Jean-Luc Godard dio al cine de anticipación una de sus obras más lúcidas y amargas. Alphaville (Alphaville, une Étrange Aventure de Lemmy Caution) es una ciudad mecanizada controlada por un macro-ordenador, Alpha 60, con el que Eddie Constantine, el detective Lemy Caution, intenta acabar. El mensaje: la emoción vence a la máquina.
1968: Franklin Schaffner sí empleó efectos especiales, decorados y sobre todo mucho maquillaje en una obra que no desmerece nada de las ya mentadas en cuanto a pesimismo y las supera como una de las grandes referencias del cine de ciencia ficción, muy por encima de la novela de Pierre Buolle que adapta: El planeta de los simios (Planet of the Apes,1968), nos pone delante la fragilidad de nuestra civilización humana, desbancada por los seres más próximos en la escala evolutiva y que, en cuanto son amos, reproducen nuestros esquemas militaristas, racistas y de clase. La pesadilla de El planeta de los simios es más terrible en cuanto que está contada desde la perspectiva del ser irracional y esclavo, el hombre. La escena final con Heston ante la que fue la Estatua de la Libertad, descubriendo que lo que creía otro planeta no ls sino nuestro futuro, es tan icónica que en nuestros tiempos sirve para toda clase de memes. Lapelícuka se convirtió en saga y franquicia, revitalizada a partir de  el reboot El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes. Rupert Wyatt, 2011)) y sus secuelas.

Irlanda, año 2263. Estamos en un mundo irreal habitado por apáticos inmortales en el que cualquier pecado se castiga con el envejecimiento. Es lo que nos presenta Zardoz (John Boorman, 1974), una película sobrevalorada en su día pero que ha caído en un justo olvido. El interés reside en que la estricta vigilancia moral es combatida por un distribuidor de pornografía, un Sean Connery que no tiene precio. Otro outsider inolvidable que lucha contra un sistema gobernado por la burocracia es el ñapas terrorista que interpreta Robert de Niro en Brazil (1985), en la que el director Terry Gilliam optó por la mitología y la ensoñación para retratar una odisea personal contra el Sistema muy similar a la del protagonista de El Proceso.

Ciberdistopía


Akira
Con centro de gravedad indiscutible en la multipremiada Neuromante  (1984), la novela más influyente de William Gibson, el concepto literario, cinematográfico e incluso ideológico ciberpunk es imprescindible para definir y comprender cualquier fantasía distópica relacionada con el imparable y espectacular desarrollo de las tecnologías de la información y los datos. Podemos definir ciberpunk como un movimiento social y cultural de la Sociedad de la Información. Parte de la cibercultura, es su vertiente más vanguardista, y podría considerarse como una visión oscura y pesimista de lo que nos depara el futuro cercano. El ciberpunk surgió como subgénero literario. La literatura ciberpunk se ocupa generalmente de grupos marginales inmersos en culturas tecnológicas, donde el individuo recurre a la tecnología para mejorar sus sentidos y capacidades. Y lo hace mediante implantes cerebrales, prótesis artificiales, órganos clonados genéticamente; abriendo un nuevo concepto de interconexión hombre-máquina. La sociedad que describe la literatura ciberpunk también está en continua lucha por el control de la información. A mediados de los ochenta, y como consecuencia de este movimiento literario, surgieron grupos y personas que se hacían llamar ciberpunks, que identificaron a la sociedad reflejada en el ámbito literario como la real y se veían a sí mismos como los personajes marginados de esas novelas. Entre estos grupos destacan los hackers. La reivindicación de la Red como espacio de libertad antisistema es una clara actitud ciberpunk.
El uso de la palabra se atribuye a Gardner Dozois, que a principios de los años ochenta era el editor del Magazine de ciencia ficción de Isaac Asimov. Según parece, Dozois lo extrajo del título de una novela de ciencia ficción de Bruce Bethe. El subgénero literario ciberpunk como tal se desarrolló en torno a la revista Cheap Truth, creada por uno de los grandes escritores del movimiento, Bruce Sterling. Los artículos eran escritos de forma anónima, y su conjunto constituyó el núcleo de lo que se llamaría la conciencia del movimiento, que se reflejaba en los textos literarios y filosóficos que se publicaban. El germen en narrativa es la colección de cuentos Quemando Cromo de Gibson. En Neuromante, con un hacker como protagonista, aparece el término Matrix o matriz: ciberespacio de realidad virtual, donde los datos complejos son representados por símbolos. Desde la película de los hermanos Wachowsxy (Matrix, 1997) esta palabra se ha universalizado para, en política, por ejemplo, criticar a quienes se comportan indiferentes a la realidad como si vivieran en un mundo paralelo.

Existen revistas muy populares entre los seguidores del ciberpunk y la cibercultura, las más importantes son Wired, Mondo 2000 y Boing-Boing. Como en cine y en narrativa, responden a las grandes directrices del ciberpunk: la información es poder, ultraviolencia, sociedad casi apocalíptica, nocturnos en grandes ciudades, futuro oscuro e incierto, contaminación, avances tecnológicos en comunicaciones y cibernética, dualidad hombre-máquina, personajes desarraigados, lucha contra el sistema. Los futuros de pesadilla también se des criben con viñetas (cómic, manga o novela gráfica): no se puede hablar de distopías sin acordarnos del gobierno totalitario de V de vendetta, de Alan Moore y David Lloyd, o de la caótica Neo Tokio de Akira. el manga de Katsuhiro Ōtomo.

El ciberpunk, surge en una época de incertidumbre, cuando se pasa definitivamente de la sociedad industrial a la de la información y se comienzan a producir grandes avances en nuevas tecnologías. Del género negro se toma como referencia tanto la estética —malas calles, chicas en problemas, tiroteos, policía corrupta— como la ética —sobrevive pero mantén tu dignidad—. El héroe —o antihéroe— ciberpunk desciende en línea directa del detective clásico, cínico y colmado de defectos pero que intenta mantener la cabeza a flote entre los tejemanejes en que suelen meterlo. Por último, el ciberpunk es un género que comparte las contradicciones del fin de siglo: el gusto por la violencia se combina con una nueva ética, la pasión por el medio ambiente se conjuga con el crecimiento de las macrourbes, el Estado controla al ciudadano al mismo tiempo que sufre las presiones de grupos con intereses particulares —multinacionales y corporaciones privadas—. El ciberpunk es reflejo de la sociedad posmoderna o neobarroca, con grandes deseos de evadirse y crear mundos nuevos —juegos de rol y realidad virtual—; más un gusto por un estilo individualizado hecho de retazos reciclados de todo tipo de estéticas. Si el mundo no es como lo queremos, hagamos otro a nuestra medida. Mientras fracasemos en el intento o nos quedemos a medias, el futuro se escribirá en forma de distopía.