sábado, 10 de febrero de 2018

Distopía: un mundo peor



Un pesimista es sólo un optimista bien informado.
Mario Benedetti

Los finales felices, sobre todo si llevan sobrecarga de almíbar, tienden a repelernos, salvo que seamos niñas de nueve años que sueñan con princesas rosas. Creer en un mañana luminoso cada vez nos cuesta más, lo que no es de extrañar si está uno medianamente informado sobre el mundo que le rodea. Aunque el tiempo de las utopías sobre una humanidad feliz y una sociedad justa -un sueño y un proyecto sine die desde el principio de la historia-  quedó atrás a finales del siglo XIX, en este XXI que comienza vivimos un auge de la distopía, una utopía del revés, un discurso de que todo se aboca al precipicio, de que todo tiempo pasado será peor que no deja de ser una forma negra de narcisismo. Nos gusta saber que todo acabará mal a pesar de que los síntomas del presente se contradicen, cambio climático. crisis humanitarias que no cesan, robotización excesiva, precariedad laboral, semiesclavismo, recorte de libertades y retorno de los populismos fascistas frente a aumento de la esperanza de vida y mejoras en los conocimientos sanitarios y la sanidad aplicada.“Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, resume el diccionario de la Real Academia de la Lengua al definir las distopías. El siglo XX fue prolijo en ficciones distópicas, tanto en la literatura como en el cine, y hemos comenzado la nueva centuria trasladando a la televisión estas pesadillas demasiado vívidas.

El siglo XXI ante el espejo

Cuando en 2011 se estrenó la serie Black Mirror muchos vieron en ella una fantasía futurista de cumplimiento tan lejano como el de Star Trek o como el que tres años más tarde planteó la película Interstellar (Christopher  Nolan, 2014). Dos años después de aquellos tres únicos capítulos de la primera temporada, el asesinato de un soldado en mitad de Londres nos mostró una imagen que parecía salida de Black Mirror: la gente grababa en sus móviles cada hachazo en nombre de Alá, emitiendo en directo las alucinadas explicaciones que, mirando al teléfono, el autor daba a lo que estaba haciendo. La realidad era como una nueva temporada de la serie. Eso no es ciencia ficción, sirve para abrir informativos.

Mujeres vasija

¡A traer niños al mundo! (El cuento de la criada)
El cuento de la criada es según quienes votan a Trump y quienes practican o disculpan el acoso a las mujeres el azote feminista de nuestra era, tal vez porque se identifican o inconscientemente deffienden una distopía que es demasiado cercana. El libro de Margaret Atwood llevado a la televisión se publicó en 1985, una época con fuertes presiones en EEUU de los movimientos antiabortistas y de los antipornográficos. Al igual que la llegada de Donald Trump al poder disparó las ventas de 1984 de George Orwell, la gran distopía literaria del siglo XX, The Handsmaid's Tale se ha recibido ahora, al trasladarse a serie de televisión, como un envite contra la misoginia del actual gobierno estadounidense. La novela -y por tanto la serie- habla de una reducción de la población humana por culpa de la contaminación ambiental y la imposibilidad de concebir, algo que ya está ocurriendo: la natalidad cae en todo el mundo y aumentan las enfermedades pulmonares y alergias causadas por la mala calidad del aire. El escritor P D James ya planteó este futurible en su novela Los hijos de los hombres, llevada al cine en la pasada década (Children of men. Alfonso Cuarón, 2006) En la obra de Atwood las mujeres fértiles sirven de recipiente para la procreación. La protagonista es una mujer, la criada Offred -De Fred-, que narra su cautiverio en una dictadura puritana y teocrática que gobierna Estados Unidos tras un golpe de estado que implanta la república de Gilead. La amenaza del terrorismo islamista (evidentemente, una aportación de la serie) sirve a los nuevos tiranos de Gilead  -pero ¿y si en realidad fuera algo así lo que los votantes norteamericanos eligieron libremente en 2016 y no hiciera falta golpe alguno?- como excusa para ejercer un poder omnímodo, mientras el problema de la infertilidad justifica controlar la vida de las mujeres. Las consideradas más devotas son destinadas a esposas de los comandantes, las Marthas se dedican al trabajo doméstico y las criadas son jóvenes fértiles cuya utilidad es concebir hijos para los matrimonios dirigentes. El régimen amenaza a las criadas que no se plieguen a su obligado destino con desterrarlas a las colonias, un lugar -les cuenta la prpaganda- donde las mandarán a recoger residuos tóxicos en unas condiciones terribles.

Según ha explicado la escritora posteriormente, cuando en 1982 se puso manos a la obra una de sus premisas era no inventar ningún suceso que no hubiera tenido lugar ni tecnología que no estuviera disponible en aquel momento. Atwood vivía entonces en Berlín Occidental; de ahí la presencia del muro, que en el libro sirve para exhibir los cadáveres de los disidentes y los pecadores según la estricta moral de Gilead, además de simbolizar el agobiante encierro dentro de sus fronteras. En el mismísimo Antiguo Testamento dice Atwood haber encontrado inspiración: las dos esposas de Jacob, las hermanas Raquel y Lía, al no poder engendrar, le dicen a Jacob que se acueste con sus respectivas criadas para que pueda tener hijos. El control de las mujeres y su descendencia mediante el robo de bebés ha sido una práctica habitual en las dictaduras, incluso después de ellas en el caso de España.

La adaptación televisiva, que se ambienta en el tiempo presente, aporta nuevos simbolismos: la Ceremonia, un rito de Gilead en el que el comandante viola a la criada, cobra un nuevo significado en pleno debate sobre la  gestación subrogada o vientres de alquiler, o la persecución y asesinato de homosexuales cuando se acaba de acreditar que en Chechenia existen campos de concentración para este colectivo. En El cuento de la criada la escritora explica que "hubo manifestaciones de que todo se empezaba a torcer" pero pocos supieron detectarlas. "No nos despertamos cuando masacraron el Congreso -ya le gustaría a Trump- .Tampoco cuando culparon a los terroristas y suspendieron la Constitución", comienza su relato la protagonista. Parece realmente difícil no reconocer en esa supuesta anticipación los sìntomas y las amenazas del presente.

Un pasado utópico

Aunque el tema de este artículo sea el de los futuros -o los presentes camuflados como futuros- de pesadilla y alienación, no se puede olvidar que antes de la negación suele estar la afirmación y que antes de la distopía estuvo la utopía: desde el comienzo de la historia ha habido pensadores que, disconformes o insatisfechos con las sociedades en las que vivían, diseñaron utopías sobre una sociedad mejor. Formuladas desde muy diferentes perspectivas ideológicas y morales, muchas propuestas utópicas han tenido en común el retorno a una arcadia o sociedad idílica prehistórica (entiéndase el último adjetivo como más allá de la historia) donde los seres humanos pueden llevar una existencia plácida con sus necesidades cubiertas, sin propiedad privada, donde todo es de todos, rechazando todo individualisno. Pero otras no; otras utopías sólo miraban hacia el mañana. Casi todo se ha quedado en palabras y  ensoñaciones, pero ha habido amagos de construir comunidades al margen de su tiempo, experimentos que desembocaron en estrepitosos fracasos y en el último siglo y medio, proyectos colectivos más sólidos que siguieron a unas élites que se consideraban en posesión de la verdad, que al materializarse resultaron ser espantosas pesadillas.

El primer modelo de sociedad utópica se lo debemos a Platón. En su citadísimo diálogo La República defiende su visión de la justicia y describe cómo sería el Estado ideal. Estaría formado por tres clases sociales: gobernantes, guardias y productores. La pertenencia a una u otra de las clases no vendría por nacimiento sino por capacidades. Para Platón, la buena marcha del Estado depende de que cada clase cumpla bien con su cometido. La suya es una utopía clasista, patriarcal, en la que las mujeres son una herramienta colectiva para la reproducción, y meritocrática.
  Utopía o En ningún lugar de Tomas Moro avanza por primera vez en la edad moderna un mundo democrático en lo político y comunista en lo social: sin propiedad privada, dinero ni compraventa, con los bienes producidos a disposición de las necesidades de cada uno, una república con sufragio universal e igual reparto de derechos y obligaciones. En La ciudad del sol el filósofo italiano Tommaso de Campanella propone una república de organización comunista y valores religiosos; en ella todo se vive en común, incluso las viviendas, las mujeres y los hijos, con la población distribuida en función de las habilidades y necesidades de los individuos, pero no abole el modelo estamental, con la Iglesia en la cúspide. La nueva Atlántida de Francis Bacon está inspirada en La ciudad del sol, pero el británico cambia la religión por la ciencia: la sociedad no está gobernada por el poder religioso, sino por una élite tecnocrática. Bacon no se plantea cómo resolver los problemas sociales y políticos.
Uno de los ilustrados esenciales, Jean Jacques Rousseau, influenciado por los libros de viajes a tierras exòticas tan populares en su época, critica el progreso, retoma las utopías primitivistas y describe la historia como un proceso de decadencia, pero su Del contrato social mira el futuro con esperanza e intenta integrar a los individuos en la sociedad; tanto esta obra como Emilio o la educación le granjearon la condena del poder, la persecución y el exilio.

 A principios del siglo XVIII el socialista utópico francés Charles Fourier fue uno de los padres del cooperativismo: pensó en establecimientos agroindustriales que alojaran a casi dos mil personas que trabajarían las tierras circundantes y compartirían las ganancias de las ventas; la comunidad garantizaría los servicios esenciales y velaría por unas condiciones laborales agradables. Su utopía reformista no era descabellada y algo parecido puede reconocerse hoy en los kibutz israelíes. Y antes sus ideas y las de su correligionario Claude Saint-Simon fueron a parar a la socialdemocracia europea. Ambos consideraban que la labor más importante de los gobiernos era acabar con la pobreza y las guerras.
 Si Fourier y Saint-Simon eran utópicos reformistas, Pierre Proudhom era revolucionario. Este intelectual autodidacta a quien se le considera fundador del anarquismo  ya en su primer libro sentenciaba aquello de que la propiedad es un robo en cuanto que es resultado de la explotación del trabajo de otros. Para Proudhom la sociedad ideal es aquella en la que el individuo tiene el control de los medios de producción y se opuso al comunismo, donde el ser humano pierde su libertad. Frente al Estado y la Ley preconizó la asociación de pequeños productores autónomos reunidos políticamente en una federación de comunas, mutuas y cooperativas.
Contemporáneo suyo fue el inglés William Morris, que en 1890 escribió Noticias de ninguna parte sobre un paraíso socialista en la tierra consumado en el año 2000, donde se han despejado las grandes aglomeraciones urbanas, se han limpiado el aire y las aguas y la humanidad vive en casas esparcidas por el paisaje. A la gente la une la camaradería y no la autoridad. La novela habla de personajes desinhibidos y epicúreos en estrecha relación con la naturaleza y liberados de la doctrina victoriana del trabajo, la propiedad, la diferenciación entre lo público y lo privado e incluso de la tecnología -otra utopía primitivista- innecesaria en los talleres que propone, que se destinan a los oficios y no a alimentar necesidades creadas.
También en el año 2000 situaba el norteamericano Edward Bellamy su novela utópica Mirando atrás, de tanto éxito que tras su publicación surgieron decenas de Bellamy clubs en los Estados Unidos, sorprendente triunfo el de una utopía socialista como ésta en la meca del capitalismo, aunque la arcadia de Bellamy también tiene un aspecto negativo: la tecnoburocracia que sí agradaba a Bacon; además Bellamy no entra en la cuestión de la democracia.
Más o menos en los mismos años, la obra el escritor británico Herbert Georges Wells se convirtió en el puente entre las utopías pasadas y las distopías por venir. En Una utopía moderna, a medio camino entre ensayo y relato fantástico, HG ridiculiza las propuestas de los utópicos anteriores, desde Platón a Belamy, pero la utopía de Wells es conservadora en cuanto a que defiende la propiedad privada y no cuestiona las relaciones entre empresario y trabajador existentes ni la concentración de la renta en manos de unos pocos. En todo caso es una utopía reformista que pide una dulcificación del capitalismo neoliberal.
Morlock vs. eloi
eMás arriba situé a Wells a caballo entre utopía y distopía: no olvidemos su primera y más popular novela, La máquina del tiempo, en cuyo futuro remoto sitúa a los terroríficos infrahumanos morlock del subsuelo cazando y devorando a los felices y bobalicones eloi de la superficie, como si la distopía se merendase a las utopías.

La trinidad distópica

Wells fue el puente, sí. Pero la llegada del siglo XX,  y sobre todo la Gran Guerra 1914-1918, supuso el advenimiento de un pesimismo generalizado y, en Europa, la llegada de una literatura que contestaba a las utopías de antaño: la distopía o antiutopía. Tres nombres destacan entre toda la ficción distópica que vendría: Orwell, Huxley y Golding, aunque hay mucho más.

Dos minutos de odio (1984)
Británico que había sido policía colonial en la India, el escritor y periodista George Orwell fue un comunista antiestalinista como demuestran su novela de más éxito, Rebelión en la granja, y el relato autobiográfico Homenaje a Cataluña, pero también fue el autor de la gran distopía literaria del Siglo XX, 1984, que llegó al cine en el año que indica su titulo (1984. Michael Radford, 1984), aunque ese título/fecha no es más que un baile de números que indica el parecido de la pesadilla que el autor sitúa en la década de los ochenta con la situación real de la Unión Soviética cuando se publico la novela, en 1948, con el Big Brother Stalin haciendo sus fechorías sin control ni límite. Sin embargo su crítica y su advertencia va mucho más alla del estalinismo y abarca  a todos los totalitarismos de ayer, hoy y mañana. La obsesiva vigilancia del Estado a los individuos, como el Winston Smith al que la interpretación del inolvidable John Hurt dota de una vulnerabilidad y unas debilidades tremendamente humanas;
un control que no escatima en medios tecnológicos, es mucho más real y amenazadora ahora, con las tecnologías de la información y en un mundo hiperconectado, que entonces. Desde la publicación de 1984 y de que sus advertencias fueran reconocidas como presente más que como futuro, el adjetivo orweliano entró en todos los diccionarios para calificar a políticas y medidas que buscan mantener un control absoluto de la ciudadanía valiéndose de cualquier medio a su alcance y generar una paranoia colectiva con el afán de perseguir a supuestos conspiradores mediante cacerías de brujas, juícios políticos por crímenes del pensamiento, lavado de cerebros, violación de la privacidad, tortura, asesinato..., del mismo modo que, ya desde antes, kafkiano define a situaciones dramáticamente absurdas que describen al hombre indefenso ante la poderosa maquinaria de la burocracia o de la Justicia que lo aplasta. La gran aportación de Orwell es haber descubierto el poder de manipular el lenguaje para modificar la realidad y dominar los resortes del poder absoluto: algo así como lo que se define hoy con neologismos y barbarismos como posverdad,  fake news y correccción política. De esta última, la ola de conservadurismo desatada desde posiciones progresistas y feministas nos da ejemplos de censura entre escalofriantes y risibles.

De la treintena de libros del también británico Aldous Huxley, Un mundo feliz, de 1932, le proyectó como el profeta de la era tecnológica que se cuestionó las ventajas de los avances científicos cuando sus efectos son la deshumanización, en este caso programada por el Estado, que emplea el condicionamiento genético para organizar a los hombres desde su nacimiento en castas con destinos laborales muy determinados: en este mundo feliz la ingeniería genética condiciona el destino. Esta distopía tuvo su mejor plasmación audiovisual en una miniserie de la BBC emitida en 1980. Aquí la pueden ver.

El premio Nobel de literatura William Golding es conocido sobre todo por su obra El señor de las moscas, una negación brutal del mito del buen salvaje de Rousseau. Una treintena de niños solos sin supervición adulta en una paradisíaca isla desierta tras sobrevivir a un accidente aéreo no tardan en enfrentarse a muerte en guerras por el poder y la dominación sobre los demás trnsformando en arma mortífera cuanto instrumento tienen a mano y transformando objetos que encientran en la naturaleza en emblemas de autoridad que hay que respetar y adorar. De inmediato el civismo aprendido en la escuela y la familia es sustituido sin remedio por un salvajismo primitivo, la razón por los instintos:,La utopía primitivista soñada en el pasado se transforma en horror: la llegada del hombre convierte al paraíso original en un infierno; una fina línea separa la bondad de la maldad humana cuando se nos pone a prueba, al hombre de la fiera.

Otros mundos imperfectos, otras pesadillas del siglo XX

Antes de Orwell y Huxley -y en su origen, aunque éstos no lo reconocieran-  estuvo el ruso Yevgeni Zamiatin. Perseguido por el zarismo y el leninismo, no pudo publicar su novela distópica Nosotros, de 1921, en la naciente Unión soviética, pese a haber sido un destacado revolucionario en 1905 y en 1917. Probablemente las autoridades bolcheviques de entonces y su régimen se veían - con razón- retratados en el futuro sombrío descrito por Zamiatin: la ciudad donde las viviendas son de cristal para que la policía vigile mejor a los ciudadanos, que no tienen nombres propios sino números de expediente, y todo lo cotidiano está orientado en exclusiva a la eficencia en la producción, claro que como en toda sociedad distópica hay disidentes. Narrada en forma de diario, Nosotros es el recuento de las reflexiones del ingeniero de la nave espacial que expandirá la doctrina imperante en la Tierra a los habitantes de otros planetas.

451 grados Farenheit es la temperatura a la que arde el papel: y Farenheit 451 es el título de una novela de Ray Bradbury de 1953 y de su adaptación cinematográfica (François Truffaut, 1966) que muestra una sociedad occidental esclavizada por los medios audiovisuales, los tranquilizantes y la indiferencia, donde pensar por uno mismo está prohibido, donde el cuerpo de bomberos tiene como misión quemar libros porque, según el gobierno, leer libros nos hace desiguales e infelices y nos genera angustia.

En 1962 otro escritor, el erudito Anthony Burgess, amplió lo que ya empezaba a ser una tradición de novelas distópicas británicas con La naranja mecánica, que sólo tardó una década en ser llevada al cine (A clockwork orange. Stanley Kubrick, 1972). Es la historia del nadsat (adolescente) Alex y sus tres drugos (amigos) en un mundo de crueldad y destrucción: Alex tiene atributos muy habituales entre los seres humanos (amor a la violencia, a jugar con el lenguaje, a la música y la belleza), pero como joven con tendencias asociales resulta un apetecible conejillo de indias para la aplicación por parte del gobierno y las fuerzas del orden de mecanismos pavlovianos y mecánicos de condicionamiento para domar conductas.
Burgess tomó de su maestro Joyce la decisión de inventar para la novela un nuevo lenguaje insertando palabras de otros idiomas. Así La naranja mecánica está repleto de expresiones nadsat que le dan atemporalidad: es una ficticia jerga adolescente que bebe del cockney y del ruso.

Philip K. Dick
"La mejor herramienta para manipular la realidad es la manipulación del lenguaje. Si controlas el significado de las palabras, controlarás a las personas que las usan" (Philip K. Dick,1928-1982).
Al autor de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), el relato que por días no llegó a ver estrenado como película (Blade runner. Ridley Scott, 1982) y que el año pasado conoció una continuación cinematográfica aún más pesimista (Blade runner 2049. Denis Villeneuve, 2017), unos le conocen como un escritor mentalmente inestable que hizo de las drogas una forma de vida;  los puristas del género literario que practicó le califican  con el menos científico de todos los grandes escritores de ciencia ficción; pero aunque sus experimentos con el LSD sean casi tan famosos como los de Timothy Leary, aunque su vida sentimental fuese una telenovela tremebunda con episodios de violencia, estos aspectos solo describen pequeñas facetas de un novelista fértil y complejo, que tenías sus propias ideas sobre la ciencia ficción,el género literario que practicó siempre, y siempre desde una perspectiva de buen conocedor de la historia contemporánea y una visión crítica y escéptica del porvenir cercano. Aunque el guión de Blade runner situaba la acción en el entonces lejano año 2019, ¿Sueñan los androides...? profetizaba a más corto plazo: Enero de 1992. Rick Deckard vive en la Tierra, lugar contaminado donde ya son pocos los especímenes animales que sobreviven —y por ello son muy valorados, lo que obliga a los menos adinerados a adquirir animales domésticos artificiales—. Son los tiempos que siguen a la Guerra Mundial Terminal, que cubrió de polvo radioactivo la atmósfera y sumió a los supervivientes en un aire gris que oscurece el sol y es capaz de alterar la mente y la capacidad genética de los que permanecen aún en el planeta. La ciudad es San Francisco; el estímulo cerebral artificial es corriente entre los ciudadanos; la población es pequeña, un tercio aproximadamente de la anterior a la devastadora guerra; la moral y la teología son las del Mercerismo; los aún reconocidos como normales han de emigrar a los planetas-colonia; los que se quedan en la Tierra pueden llegar a ser clasificados como especiales, seres biológicamente inaceptables. La Rossen Association es una gran empresa que fabrica robots, entre ellos los Nexus-6. Son androides de última generación tan idénticos al hombre que apenas los tests de Voigt-Kampff pueden distinguirlos. Deckard deberá retirar — es decir, liquidar— a un grupo de androides fugados a la Tierra. Éstos se esconderán en la soledad del apartamento de John R. Isidore, un especialista en autómatas. Pero Deckard conocerá a alguien, Rachael Rossen, quien le hará sentir... y dudar, tanto sobre su naturaleza como sobre su misión.

Otras distopías de la época, que concretamente alerta sobre la destrucción medioambiental son El rebaño ciego, de John Brummer (1972) y, en cine, Cuando el destino nos alcance (Soylent Green. Richad Fleischer, 1973) y Naves misteriosas (Silent running. Douglas Trumbull, 1972).
El problema de la superpoblación planteado en Soylent Green también encuentra soluciones drásticas en una aburrida película estúpidamente convertida en film de culto, La fuga de Logan (Logan's run. Michael Anderson, 1976)

Dejo a un lado las distopías de caracter postapocalíptico como La carretera de McCarthy, La gente del margen de Orson Scott Card, El cartero de David Brin o la saga de películas de Mad Max antes de que me tenga a poner a escribir de guerras atómicas, zombis y terminators, aunque ya cité Hijos de los hombres, que describe lo que podría ser una pesadilla post-destrucción.

Tampoco hace falta un apocalipsis para habitar en los terrenos de la distopía;  en los cimientos económicos del mundo actual es reconocible la pesadilla. Citemos la novela Las leyes del mercado, de Richard Morgan (2004): En el año 2049 todo está en venta, incluidas las guerras y los países que las libran. Grandes corporaciones transnacionales invierten en ejércitos y armas a cambio de un porcentaje del PIB del país al que apoyan. Los brokers de esas corporaciones acuden a su trabajo en coches blindados listos para la batalla; las autopistas son un coto privado de las grandes empresas y cada día se producen batallas entre coches: el que antes mate o eche de la carretera al otro, gana, y, por lo tanto, trabaja. Darwinismo económico y social a tope.
Morgan hace ver dónde nos lleva el capitalismo sin freno: a un mundo donde todo está en venta, especialmente la vida y la muerte, y nadie importa nada más que su cuenta de resultados. Eminentemente ideológica, una bibliografía donde se cita, entre otros, a Naomi Klein o a Noam Chomsky da cierta idea de por donde van los tiros.

 La distopía es el retrato de una sociedad, futura o presente, en la que el hombre es víctima de un sistema totalitario, de la tecnología como forma de dominio, la descripción o profecía de mundos en los que el individuo es aplastado por el sistema. Centrándome de nuevo en la pantalla, hay que remontarse al cine mudo para encontrar la primera de estas piezas maestras. En Metrópolis (1926), el alemán Fritz Lang nos sitúa en una pesadilla futurista de diseño en la que la sociedad está ordenada por las máquinas y, al estilo de Un mundo feliz, publicada por aquellos años, los trabajadores son una raza inferior sometida a ritmos maquinales, con los que magistralmente juega el director para lograr la extraordinaria estética de la cinta. Pero Lang quiso ser optimista e ideó un final feliz y burgués en el que patronos y proletarios se acaban dando la mano.

Avanzando en el tiempo, La Vida Futura (Things To Come, 1936), genial adaptación de William
Metrópolis
Cameron Menzies
de una novela de H.G. Wells, describe el entonces futuro de 1970 como una sociedad feudal dominada por un señor absoluto. Una revuelta logra que cuarenta años después, el nuevo mundo sea tan feliz y cursi que se impone buscar un cambio para despertar a la humanidad de la estupidez y la alienación... y es que nunca estamos contentos. Así que de optimista tiene poco una de las escasísimas (supuestas) utopías que ha dado la historia del cine. Su incomparable diseño de producción y sus decorados han sido tan influyentes como los de Metrópolis para la historia del cine fantástico.

Salto en el tiempo hasta 1965. Sin efectos especiales ni estética futurista, sino de puro cine negro en la onda europea y de homenaje al noir propio de la nouvelle vague, alguien tan ajeno a la ciencia ficción como Jean-Luc Godard dio al cine de anticipación una de sus obras más lúcidas y amargas. Alphaville (Alphaville, une Étrange Aventure de Lemmy Caution) es una ciudad mecanizada controlada por un macro-ordenador, Alpha 60, con el que Eddie Constantine, el detective Lemy Caution, intenta acabar. El mensaje: la emoción vence a la máquina.
1968: Franklin Schaffner sí empleó efectos especiales, decorados y sobre todo mucho maquillaje en una obra que no desmerece nada de las ya mentadas en cuanto a pesimismo y las supera como una de las grandes referencias del cine de ciencia ficción, muy por encima de la novela de Pierre Buolle que adapta: El planeta de los simios (Planet of the Apes,1968), nos pone delante la fragilidad de nuestra civilización humana, desbancada por los seres más próximos en la escala evolutiva y que, en cuanto son amos, reproducen nuestros esquemas militaristas, racistas y de clase. La pesadilla de El planeta de los simios es más terrible en cuanto que está contada desde la perspectiva del ser irracional y esclavo, el hombre. La escena final con Heston ante la que fue la Estatua de la Libertad, descubriendo que lo que creía otro planeta no ls sino nuestro futuro, es tan icónica que en nuestros tiempos sirve para toda clase de memes. Lapelícuka se convirtió en saga y franquicia, revitalizada a partir de  el reboot El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes. Rupert Wyatt, 2011)) y sus secuelas.

Irlanda, año 2263. Estamos en un mundo irreal habitado por apáticos inmortales en el que cualquier pecado se castiga con el envejecimiento. Es lo que nos presenta Zardoz (John Boorman, 1974), una película sobrevalorada en su día pero que ha caído en un justo olvido. El interés reside en que la estricta vigilancia moral es combatida por un distribuidor de pornografía, un Sean Connery que no tiene precio. Otro outsider inolvidable que lucha contra un sistema gobernado por la burocracia es el ñapas terrorista que interpreta Robert de Niro en Brazil (1985), en la que el director Terry Gilliam optó por la mitología y la ensoñación para retratar una odisea personal contra el Sistema muy similar a la del protagonista de El Proceso.

Ciberdistopía


Akira
Con centro de gravedad indiscutible en la multipremiada Neuromante  (1984), la novela más influyente de William Gibson, el concepto literario, cinematográfico e incluso ideológico ciberpunk es imprescindible para definir y comprender cualquier fantasía distópica relacionada con el imparable y espectacular desarrollo de las tecnologías de la información y los datos. Podemos definir ciberpunk como un movimiento social y cultural de la Sociedad de la Información. Parte de la cibercultura, es su vertiente más vanguardista, y podría considerarse como una visión oscura y pesimista de lo que nos depara el futuro cercano. El ciberpunk surgió como subgénero literario. La literatura ciberpunk se ocupa generalmente de grupos marginales inmersos en culturas tecnológicas, donde el individuo recurre a la tecnología para mejorar sus sentidos y capacidades. Y lo hace mediante implantes cerebrales, prótesis artificiales, órganos clonados genéticamente; abriendo un nuevo concepto de interconexión hombre-máquina. La sociedad que describe la literatura ciberpunk también está en continua lucha por el control de la información. A mediados de los ochenta, y como consecuencia de este movimiento literario, surgieron grupos y personas que se hacían llamar ciberpunks, que identificaron a la sociedad reflejada en el ámbito literario como la real y se veían a sí mismos como los personajes marginados de esas novelas. Entre estos grupos destacan los hackers. La reivindicación de la Red como espacio de libertad antisistema es una clara actitud ciberpunk.
El uso de la palabra se atribuye a Gardner Dozois, que a principios de los años ochenta era el editor del Magazine de ciencia ficción de Isaac Asimov. Según parece, Dozois lo extrajo del título de una novela de ciencia ficción de Bruce Bethe. El subgénero literario ciberpunk como tal se desarrolló en torno a la revista Cheap Truth, creada por uno de los grandes escritores del movimiento, Bruce Sterling. Los artículos eran escritos de forma anónima, y su conjunto constituyó el núcleo de lo que se llamaría la conciencia del movimiento, que se reflejaba en los textos literarios y filosóficos que se publicaban. El germen en narrativa es la colección de cuentos Quemando Cromo de Gibson. En Neuromante, con un hacker como protagonista, aparece el término Matrix o matriz: ciberespacio de realidad virtual, donde los datos complejos son representados por símbolos. Desde la película de los hermanos Wachowsxy (Matrix, 1997) esta palabra se ha universalizado para, en política, por ejemplo, criticar a quienes se comportan indiferentes a la realidad como si vivieran en un mundo paralelo.

Existen revistas muy populares entre los seguidores del ciberpunk y la cibercultura, las más importantes son Wired, Mondo 2000 y Boing-Boing. Como en cine y en narrativa, responden a las grandes directrices del ciberpunk: la información es poder, ultraviolencia, sociedad casi apocalíptica, nocturnos en grandes ciudades, futuro oscuro e incierto, contaminación, avances tecnológicos en comunicaciones y cibernética, dualidad hombre-máquina, personajes desarraigados, lucha contra el sistema. Los futuros de pesadilla también se des criben con viñetas (cómic, manga o novela gráfica): no se puede hablar de distopías sin acordarnos del gobierno totalitario de V de vendetta, de Alan Moore y David Lloyd, o de la caótica Neo Tokio de Akira. el manga de Katsuhiro Ōtomo.

El ciberpunk, surge en una época de incertidumbre, cuando se pasa definitivamente de la sociedad industrial a la de la información y se comienzan a producir grandes avances en nuevas tecnologías. Del género negro se toma como referencia tanto la estética —malas calles, chicas en problemas, tiroteos, policía corrupta— como la ética —sobrevive pero mantén tu dignidad—. El héroe —o antihéroe— ciberpunk desciende en línea directa del detective clásico, cínico y colmado de defectos pero que intenta mantener la cabeza a flote entre los tejemanejes en que suelen meterlo. Por último, el ciberpunk es un género que comparte las contradicciones del fin de siglo: el gusto por la violencia se combina con una nueva ética, la pasión por el medio ambiente se conjuga con el crecimiento de las macrourbes, el Estado controla al ciudadano al mismo tiempo que sufre las presiones de grupos con intereses particulares —multinacionales y corporaciones privadas—. El ciberpunk es reflejo de la sociedad posmoderna o neobarroca, con grandes deseos de evadirse y crear mundos nuevos —juegos de rol y realidad virtual—; más un gusto por un estilo individualizado hecho de retazos reciclados de todo tipo de estéticas. Si el mundo no es como lo queremos, hagamos otro a nuestra medida. Mientras fracasemos en el intento o nos quedemos a medias, el futuro se escribirá en forma de distopía.


sábado, 13 de enero de 2018

El norte indomable



En octubre de 2016 el vendedor ambulante de pescado Mouhcine Fikri, de 31 años, murió en Alhucemas triturado por un camión de la basura cuando intentaba recuperar la mercancía que le había confiscado la policía, pez espada cuya captura está prohibida en esa época del año. Su muerte, que recuerda a la inmolación del vendedor tunecino Mohamed Bouazizi a finales de 2010 que desató la primavera árabe meses después, provocó en Alhucemas cierres de comercios y manifestaciones que se extendieron a otras ciudades como Casablanca, Fez, Tánger, Nador, Marrakech, Uchda, Agadir y Rabat. Pero no estamos ante otra revuelta nacional democratizadora como aquella. Ésta. que más de un año después se mantiene, aun siendo también una demanda de más democracia, nace y se concentra en el Rif, una región con zonas montañosas y zonas verdes del norte de África, con costa en el Mediterráneo, que abarca desde la región de Yebala hasta Kebdana (Nador) en la frontera con Argelia. Se trata de una región tradicionalmente aislada y desfavorecida. Sus habitantes son bereberes, también llamados agmaziges, aunque esta etnia, la más antigua y numerosa del norte de África, muy anterior a las invasiones árabes, se extiende desde el desierto egipcio hasta el Atlántico y en el pasado llegó a Canarias, pues eran agmaziges los habitantes autóctonos de las islas, los desaparecidos guanches. Algunos lingüistas emparentan el idioma bereber con otras lenguas no menos extrañas como el euskera y el turco, aunque no parece muy creíble porque la norteafricana sí es una lengua de origen indoeuropeo, en concreto de la rama camítica. La rebeldía y la protesta son actitudes y comportamientos naturales en esta tierra, por eso da tanto miedo en Rabat y cuando el Rif se levanta tiembla el trono de Marruecos. Hablaré de esta revuelta rifeña del siglo XXI  cuyas raíces no están en la muerte de un vendedor ambulante hace quince meses, sino en el agravio, el abandono y la represión que viene sufriendo esta región desde al menos el siglo XIX, por no remontarnos más atrás pues esto no es un ensayo histórico.

En las manifestaciones de Alhucemas y otras ciudades rifeñas no suele verse una sola bandera de Marruecos. Sin embargo, abundan los símbolos amaziges. También aparecen, aunque mucho menos, los emblemas de la República del Rif (1921-1926), fundada por Muhammad Ibn 'Abd el-Karim El-Khattabi (Abdelkrim) tras aplastar a los colonialistas españoles en Annual. Viendo esas banderas, podría pensarse que los manifestantes aspiran a la autodeterminación o a la separación respecto al reino de Marruecos pero, de hecho, la palabra separatista es considerada un insulto por los rifeños. Identidad, tierra y lengua son las tres columnas sobre las que se asienta el orgullo bereber y según Nasser Zafzafi, el desempleado devenido activista que, casi involuntariamente, lidera este movimiento de indignados (lo que le ha costado convertirse en preso político), sus reivindicaciones no deberían hacer temblar al Estado marroquí: son sociales, económicas y culturales, porque se trata de decir basta a “una política de marginación, discriminación y vulneración sistemática de los derechos humanos” del Estado respecto al Rif 

Abdelkrim fue una estrella internacional
en la prensa de su época
Lo que históricamente ha alimentado la rebeldía rifeña es el sentimiento de humillación de los más débiles ante las tropelías del Estado, lo que en el árabe dialectal marroquí se conoce como la hogra, un concepto que, por miedo al contagio, aterroriza a los medios españoles bienpensantes. Vale que hay zonas de Marruecos más pobres y con menos inversión de fuera que el Rif pero “allá ellos sí quieren seguir siendo sumisos y vivir en la Edad Media”, dicen representantes destacados de estas protestas. Probablemente lo que explica tanta ira acumulada está en la historia del Rif: Entre 1921 y 1927 el Ejército español empleó en el Rif gases asfixiantes prohibidos, entre ellos el gas mostaza. Casi un siglo después, la mayor parte de  enfermos de cáncer atendidos hoy en día en el hospital de oncología de Rabat proceden de la misma zona bombardeada por la aviación española. Precisamente la construcción de un hospital oncológico en el norte del país es una de las peticiones de los indignados.

Cada vez que se trata de aplacar los disturbios rifeños, los españoles, franceses o los marroquíes lo han hecho a través de guerras sucias y de una represión brutal. En 1958, tras la independencia de Marruecos, las provincias del Rif se sublevaron contra el monarca Mohamed V. El entonces príncipe Mulay Hassan, padre del actual rey, se encontraba al mando de las fuerzas armadas y desde un helicóptero dirigió la represión en la que Hassan usó napalm. Los muertos se calculan en ocho mil. Convertido ya en rey, Hassan II volvió a aplastar otra rebelión rifeña en 1984. Se trataba de las revueltas del pan, que habían comenzado tres años antes, movilizaciones y huelgas contra la escasez y la carestía de los productos básicos (a la crisis económica internacional se había unido un elevado gasto militar del Estado, sufragado mediante la presión fiscal y los recortes, para hacer frente a la guerra del Sáhara). La respuesta del régimen marroquí fue utilizar del aparato policial y judicial para perseguir y acabar con toda amenaza que pudiera venir de la oposición política. Para ello no se dudó en emplear contra la población civil artillería, tanques, helicópteros y ametralladoras, todo valía para sofocar las manifestaciones. Uno de los protagonistas de aquellas revueltas dice de las de ahora “Nosotros le plantamos cara a Hassan II en los años ochenta. Pero no conseguimos nada. Estos chicos del Hirak (Movimiento), sin embargo, son más inteligentes que nosotros porque piden cosas concretas que llegan al pueblo: un hospital, una universidad. Nosotros andábamos perdidos con causas internacionales y también en discusiones teóricas como la Guerra Fría, la teoría del socialismo o cómo tenía que ser la relación entre los sindicatos y los partidos. Pedíamos también la independencia de Palestina, pero estos chavales reclaman soluciones a los problemas del día a día”.

Hassan II nunca visitó el Rif y condenó a la región a la pobreza más profunda. La única salida fue la producción de hachís y la emigración. En 1999 llegó al trono su hijo, Mohamed VI, y decidió emprender su primer viaje oficial a Alhucemas, pero durante su época como príncipe heredero en el norte sólo era visto montado en motos de agua en las exclusivas playas de Kabila.

Noches de Alhucemas
De nada ha servido prohibir las manifestaciones y encarcelar incluso a los periodistas que las cubren; los rifeños no han parado de salir a la calle, pero la mayor crisis del reinado de Mohamed V ha acercado más a los gobiernos español y marroquí: el CNI están ayudando al gobierno que preside Saadeddine Othmani a identificar los apoyos que los rebeldes reciben desde España. El Rif siempre ha sido un quebradero de cabeza para ambos reinos ¿por qué creen que cuando Marruecos dice reclamar Ceuta y Melilla lo hace con la boca pequeña? Ambas ciudades históricamente ocupadas por Españas y en concreto el comercio y el contrabando con ellas son válvulas de escape imprescindibles para que no estalle la olla a presión rifeña, En cambio la monarquía alauita no tolera que se dude de la marroquinidad del Sáhara Occidental: aunque el nacionalismo liderado por el Frente Polisario tiene una imagen más cool y atrae a famosos y familias españolas solidarias con sus niños, es débil, carece de aliados potentes y está desperdigado. El Rif es una roca.

Desde que Mohamed V visitaba la Alhambra y departía amigablemente con el general Franco hasta que los borbones y los alauíes se tratan cariñossamente de primos, la derecha española y su prensa han exaltado una amistad, a veces inventada y siempre interesada entre los dos reinos separados por el Estrecho con la que no han podido ni la guerra de Ifni ni la marcha Verde ni la guerrita de Perejil. Por eso sus cabeceras tratan de desprestigiar y difamar las protestas rifeñas atribuyéndole una violencia que nunca han ejercido, pero, por mucho que les duela, el Hirak sigue vivo e incluso podría extenderse al resto de un país cuyo rey  y cuyo gobierno no puede seguir ni un minuto más sin mirar a su indomable norte.




jueves, 21 de diciembre de 2017

Menos mal que nos queda Portugal (el playlist de 2017)



Este 2017 que termina ha sido el año de Portugal: ganan la Eurocopa, ganan Eurovisión, también por primera vez, y para colmo nuestros parientes pobres de toda la vida se convierten con un gobierno de izquierdas, que incluye a la izquierda alternativa, en la economía más dinámica y floreciente de la Unión Europea, derribando el mito de una supuesta mayor eficiencia de la derecha, que fue precisamente la que había llevado a nuestros vecinos al rescate y, como a nosotros y a los demás socios, les trajo austeridad, recortes, desigualdad y pobreza, para desesperación de los economístas neoliberales que intentan negarlo. Lástima que los incendios del verano y el otoño estropearan el cuento de hadas portugués de 2017. No es sólo por eso por lo que la arrebatadora bossa con que Salvador Sobral arrasó en el mentado festival encabeza mi lista de favoritas del año. La canción es una guinda añadida al único álbum, publicado en 2016, del joven compositor y cantante de jazz contemporáneo, tan ajeno al mundo festivalero, que acaba de recibir el trasplante de corazón del que dpendía su supervivencia. Me he permitido la herejía de incluir en la lista otras tres canciones de Kiev 2017, claro que las piezas de la islandesa Svala, los noruegos JOWST y los letones Triana Park eran demasiado osados y heterodoxos para pasar a la final y se quedaron fuera ¡poder nórdico, le guste o no a los Uribarris de Europa!

Entre las estrellas de festivales indies y estadios abarrotados no se lleva la hiperproductividad, si exceptuamos a los inagotables Sufjan StevensPaul Weller, y se impone el intervalo de tres o cuatro años entre disco y disco. Este año le ha tocado a Arcade Fire -de quienes selecciono un single de este año no incluido en Everything now-, a The National, a Magnetic Fields, a HAIM, a Grizzly Bear, a Magnetic Fields, y a U2 entre otros, y tras un silencio más largo a Jesus and Mary Chain. De la cosecha nacional les ha tocado vuelta al estudio a Julio de la Rosa, a Josele Santiago y a Vetusta Morla, aunque lo que realmente llama la atención es la olaeada de regresos de los grandes del rock granadino: Lagartija Nick, Lapido, Planetas, Niños Mutantes y Lori Meyers han puesto en la calle nuevos álbumes.
En los últimos tiempos se vienen produciendo inesperados retornos desde el espacio profundo al estudio de grabación: si en los últimos años My Bloody Valentine y Pixies habían vuelto a grabar dos o tres décadas después de su retirada a los abismos, en 2017 nos hemos acordado por el mismo motivo de The Dream Syndicate. En Esppaña nadie echaba de nuevo el regreso de Nacha Pop -de Nacho García Vega,claro- o de Toreros Muertos, pero aquí están de nuevo, y nadie les añorará cuando vuelvan a irse.

Aunque ésta es una lista de canciones, estoy obligado a destacar que 2017 ha sido un año que ha traído buenos álbumes: Lorde, Wolf Alice, St. Vincent y hasta Lana del Rey ,tras la decepción de su segundo disco, lo han demostrado.
Acabaré de escandalizar a indies y roqueros incluyendo en la lista a una extriunfita, y conste que no pierdo el tiempo con el concurso de marras, pero es que en su precioso disco de canciones en italiano Vega incluye un buen dueto con el mismísimo Elvis Costello. Por lo que no paso es por el electro latino. Lo de Calle 13 -ahora Residente en solitario- pueden llamarlo urban latin, reguetón alternativo o como gusten, pero en absoluto tiene nada que ver con esa basura con auto tunes que bailan niñatos y niñatas -¿se puede hablar todavía de canis y chonis o queda viejuno?- con sus lorzas embutidas en camisetas y vaqueros ultra slim.
Este post lo tenía escrito desde el pasado puente de diciembre, pero después las cosas se han puesto tan difíciles que hasta ahora, en plenas navidades, no lo veis. Bueno, como cantó Jagger hace cincuenta años, On with the show, good health to you!

1. Salvador Sobral: Amar pelos dois
2. Lorde: Green light
3. The Horrors: Hologram
4. Dorian Wood: Corpulenxia
5. Julio de la Rosa: Malapascua
6. Wolf Alice: Beautifully unconventional
7. Kendrick Lamar: DNA
8. Brian Eno & Kevin Shields: Only once away my son
9. John Maus: The combine
10. Svala: Paper
11. Father John Misty: Total entertainment forever
12. Lagartija Nick: Agonía, agonía
13. Bicep: Aura
14. Methyl Ethel: Ubu
15. Residente: Somos anormales
16. LCD Soundsystem: Call the police
17. Sufjan Stevens: Visions of Gideon
18. José Ignacio Lapido: Lo que llega y se nos va
19. Lana del Rey: White Mustang
20. SZA: Prom
21. Josele Santiago: Ángel
22. J Hus: Spirits

23. Niños Mutantes: Glaciares y volcanes
24. Saint Etienne: Whyteleafe
25. Mura MasaLove$ick ft. A$AP Rocky
26. Liam Gallagher: Wall of glass
27. The war on drugs: Stranger thing
28. Alvvays: Plimsoll punks
29. The Dream Syndicate: Filter me through you
30. Vega: Dio como ti amo ft. Elvis Costello
31. The National: The system only dreams in total darkness
32. Vetusta Morla: Te lo digo a ti
33. Loyle Carner: The isle of Arran
34.  St. Vincent: Pills
35. Björk: The gate
36. Little Steven: Blues is my business
37. STORMZY: Big for your boots
38. Vince Staples: Rain come down
39. Nilüfer Yanya: Baby luv
40. Gorillaz: Saturnz barz ft. Popcaan
41. The Roots: It aint fair feat. Bilal
42. Kasabian: You're in love with a psycho
43. Tyler, The Creator: Who dat boy
44. Morrissey: Spent the day in bed
45. Lyla Downs: Urge
46. Paramore: Hard times
47. Sheer Mag: Suffer me
48. Queens Of The Stone Age: The way you used to do
49. King Krule: Biscuit down
50. EMA: Down and out
51. Slowdive: No longer making time
52. Reels B: Rock'n' Roll
53. Arcade Fire: I give you power feat. Mavis Staples
54. Grizzly Bear: Mourning sound
55. HAIM: Want you back
56. The Magnetic Fields: '13: Big Enough for Both of Us
57. C. Tangana: Mala mujer
58. Girlpol: It gets more blue
59. Danny De La Matyr: Crybaby
60. Paul Weller: Nova
61. Silvia Pérez Cruz: Vestida de nit
62. Belle And Sebastian: We were beautiful
63. Protomartyr: A private understanding
64. Creeper: Black rain
65. Blonde Redhead: Give give
66. Dremen: Nosotros
67. Ariel Pink & Weyes blood: Tears on fire
68. Flamaradas: Una ballena vestida de seda
69. Laura Marling: Wild once
70. Loreen: 71 charger
71. Núria Graham: Cloud fifteen
72. Marlon Williams & Aldous Harding: Nobody gets what they want anymore
73. Washed Out: Get lost
74. SiRNew LA feat. Anderson .Paak & King Mez
75. Brand New: I am a nightmare
76. Phoenix: J-Boy
77. Julien Baker: Turn out the lights
78. Alien Tango:Sexy time
79. The Blaze: Virile
80. Estrambote: El Ramo
81. The Wedding Present: Scotland
82. Princess Nokia: Kitana
83. Los Planetas: Islamabad
84. K Á R Y Y N: Moving masses
85. Perfume Genius: Die 4 you
86. Apocalypse: Cigarettes after sex
87. Animal Collective: Kinda bonkers
88. The Flaming Lips: How??
89. Sampha: (No one knows me) Like the piano
90. The Jesus And Mary Chain: Always sad
91. Alt-J: Adeline
92. Jean Lekman: What's that perfume that you were?
93. Jowst: Grab the moment
94. P!ink: What about us
95. Alexanra Saviour: Mistery girl
96. Dirty ProjectorsCool Your Heart feat. Dawn Richard
97. Carly Rae JepsenCut To The Feelin
98. Jay-Z: Smile feat. Gloria Carter
99. Broken Social Scene: Skyline
100. Depeche Mode: Where's the revolution




lunes, 11 de diciembre de 2017

определение (El cine de octubre)

Eisenstein, el hombre-celuloide

En octubre de 1919, según la leyenda,  Lenin realizó una visita secreta al laboratorio del gran fisiólogo I. P. Pavlov para descubrir si su obra sobre los reflejos condicionados del cerebro podía ayudar a los bolcheviques a controlar el comportamiento humano. "Quiero que las masas de Rusia sigan un modelo comunista de pensamiento y de reacción -explicó Lenin- Había demasiado individualismo en Rusia en el pasado. El comunismo no tolera las tendencias individualistas. Son dañinas. Interfieren con nuestros planes. Tenemos que abolir el individualismo." Pavlov quedó sobrecogido, Parecía que Lenin quería hacer con los seres humanos lo que él ya había hecho con los perros. "¿Quiere usted decir que le gustaría uniformizar a la población de Rusia? ¿Que le gustaría conseguir que todos se comportaran de la misma manera?", preguntó. "Exactamente -contestó Lenin-. "El hombre puede ser corregido. El hombre puede ser convertido en lo que deseamos que sea." En 1917 Vladimir Illich señaló el cine como para nosotros [los bolcheviques] de todas las artes, la más importante. Desde el principio, en un país agrícola, con enormes distancias, deficientes vías de comunicación y un ochenta por ciento de analfabetismo -esta última la lacra que más rápida y eficientemente supo combatir la revolución- los revolucionarios leninistas fueron  conscientes del inmenso poder didáctico, culturalizador y movilizador de la imagen en movimiento.Se ha cumplido un siglo desde los procesos revolucionarios de 1917 ((la revolución democrática de febrero que acabó con la autocracia zarista, la orgía de anarquía y saqueos de febrero y el golpe de Estado del glorioso octubre que dio lugar a la dictadura bolchevique, fechas todas del calendario juliano vigente en Rusia hasta 1918) y, dada la importancia del cine para la experiencia revolucionaria abierta en 1917 y cerrada en 1991 con la desaparición de la URSS, me dispongo a recorrer, si no un siglo de historia rusa -no es el lugar ni la ambición, sí setenta años de cine soviético.

Revolución y vanguardia

El hombre-cámara
La revolución de octubre estuvo inmediatamente seguida de la guerra civil. que entraba en los planes de Lenin, pero que él no desencadenó. Junto a la hambruna de 1921-22 supuso un largo período de inactividad para todo lo que no fuera guerra y lucha por la supervivencia. No obstante, la guerra fue retratada por el balbuceante arte cinematográfico y permitió el desarrollo del documental, que la hizo llegar en imágenes a todo el país; esto ocurrió sobre todo en el bando rojo, pues los retrógrados oficiales blancos no veían más allá de sus charreteras y sus títulos nobiliarios y no entendían el poder propagandístico del cine. Además esta experiencia adquirida en el cine documental se unió al estado de efervescencia creativa que el movimiento revolucionario llevó al arte -son años de futurismo, constructivismo, suprematismo y otras osadías-: Estado proletario y vanguardia artística recorren un camino común que celebra el triunfo ideológico, se mueve en la absoluta libertad y aspira a construir un lenguaje autónomo opuesto a la cultura burguesa para la más importante de las artes, un lenguaje en el que verdad y vanguardia no estaban enfrentadas. Esa comunión entre documental y experimentación se sublima en Vértov y El hombre de la cámara (Человек с киноаппаратом. Dziga Vertov, 1929), un hito del cine sin guión, trama ni actores -ni intertítulos, pese a ser muda-; Vértov lo llamó cine ojo. El cine soviético había comenzado a existir y tenía su propio lenguaje.

El triunfo de la teoría del montaje

El acorazado Potemkin 
Durante las primeras décadas de cine soviético, la referida convivencia entre realismo y la personalidad de Stalin experimentación estuvo plasmada en la obra del director cinematográfico y teatral de origen judío Sergei Eisenstein. Su principal aportación fue la teoría del montaje de atracciones (no me creo esta traducción del ruso, ni que hablara de instalar una feria), que publicó en 1923: el espectador -dice- debe ser sometido a estímulos de acción psicológica y sensorial mediante mecanismos de montaje para provocarle un choque emotivo. El producto artístico -dice Einstein- arranca fragmentos del medio ambiente según un cálculo consciente y voluntario para conquistar al espectador. ¡resulta evidente que Eisenstein estaba construyendo los cimientos de todo lo que vendrá después!. Esta teoría la pone en práctica por primera vez en La huelga (Стачка, 1924), al final de la cual alterna en la sala de montaje imágenes de una masacre de huelguistas con otras de terneros sacrificados. Un año después Eisenstein recuerda un episodio de la revolución de 1905 en Ucrania en una de las cumbres de toda la historia del cine, considerada patrimonio universal en gran parte del mundo,El acorazado Potemkin (Броненосец Потёмкин, 1925), retrato fiel a la historia real -o a la leyenda, quién sabe- de la rebelión de los marineros del buque insignia de la armada zarista en el Mar Negro. La figura de las masas y la causa colectiva se magnifican en forma de álbum fotográfico. La matanza en las escaleras del puerto de Odessa -que fue así, según los historiadores- según el montaje de Eisenstein, es parte de la iconografía del siglo XX. La película sufrió censura en la URSS de Stalin: se suprimió la introducción de León Trotsky. Octubre (Октябрь,1928), pese a sus pretensiones casi documentales, no es sino un encargo para celebrar el décimo aniversario de la revolución bolchevique cuyo estreno fue retrasado por algunas presiones. A pesar de su título, la película narra los hechos trancurridos en Petrogrado desde la revolución de febrero y durante el gobierno provisional, con la caída de los Rómanov, el derribo de estatuas y la crisis humanitaria, para culminar con el golpe del 25 de octubre, que es narrado como un levantamiento popular que no existió. Siguiendo la filosofía comunista, no hay personajes principales; aunque aparezcan imágenes de Lenin y Trotsky, sólo la guardia roja y los marineros de Krondstadt son más visibles en un vertiginoso montaje que hace parecer como una heróica revuelta de masas el poco épico episodio del asedio al Palacio de Invierno, obviando su chusca culminación en el saqueo de la envidiable bodega de Nicolás II que Kérensky había heredado.
Octubre

Una cuestión históricamente más interesante es la que el realizador aborda en Lo viejo y lo nuevo (Старое и новое, 1929). Se trata del eterno conflicto entre tradición y cambio en el campo, fundamental en un país mayoritariamente rural como Rusia. Ante las acusaciones oficiales de formalismo que se dirigen a todo artista que sigue anteponiendo el experimento y la libertad creativa al didactismo, cada vez más peligrosas en un régimen que resucita cada día más la autocracia y el culto al líder y persigue encarnizadamente la desviación, Eisenstein renuncia a la vanguardia y pone las bases del realismo socialista, que será la estética oficial de los tiempos de Stalin y sus sucesores. La película vende la moto de la colectivización agraria que el régimen impuso con sangre y hambre a los campesinos. Diez años tardó Eisenstein en completar una nueva cinta. Aleksander Nevski (Алекса́ндр Не́вский, 1938) se estrenó cuando el culto a la personalidad de Stalin estaba en lo más alto, se habían celebrado los Procesos de Moscú y las relaciones con la Alemania de Hitler estaban muy tensas (antes del vergonzoso pacto Molotov-Von Ribentropp). Todo ésto se refleja muy bien en este drama histórico que loa la heróica resistencia del príncipe de Novgorod a la invasión de los caballeros teutónicos del Sacro Imperio. Hay paralelismos claros entre las figuras de Nevski y Stalin y en la indumentaria de los teutones se ven cascos que recuerdan a los usados por los alemanes en la Primera Guerra Mundial y esvásticas. Volveré a la película al hablar de la música. Seis años más tarde Eisenstein presenta la primera parte de su díptico sobre el zar Iván el Terrible (Иван Грозный, 1944), rodada en Kazajistán por la invasión nazi. Su visión de Iván IV como un héroe nacional le valió la aprobación del líder del PCUS. Estéticamente fascinan su blanco y negro muy contrastado y sus decorados impresionistas. Los problemas vinieron con el inmediato rodaje de la segunda parte, La conjura de los boyardos (Ivan Groznyy II: Boyarsky zagovor,1958). La película no fue aprobada por el gobierno, a quien no molestó que en la primera parte el zar recurriera a menudo de desatar el terror de la oprichnina (Lenin había tenido la cheka y Stalin el KGB). Sin embargo, no le gustó que en esta segunda parte Ivan fuera retratado como un tirano paranoico; tuvo que esperar doce años para su estreno, muertos ya Stalin y el propio director. Esta segunda parte, un summun de originalidad inventa un género cinematográfico en sí misma; introduce el color en secuencias como la del baile, que parece sacada de un musical de la Metro.
Iván el terrible


Si hay un elemento que une Aleksander Nevski e Ivan el terrible, ese es la música o qué pasa cuando el más grande compositor de la Unión Soviética y su más importante cineasta se unen para producir dos obras maestras. Sergei Eisenstein y Sergei Pprokófiev unieron fuerzas en 1937 y ya ambos habían sido acusados de tendencias formalistas. A pesar de Stalin y del realismo socialista, Eisenstein y Prokófiev lograron en estos dos films una de las más perfectas -¿la más perfecta?- síntesis de la imaginería visual y la música. No recuerdo un momento en que la unión de imagen y música provoquen una emotividad mayor que cuando, casi al final de Aleksander Nevski la cámara de Eisenstein recorre el campo de batalla sembrado de cadáveres a los sones de la sobrecogedora música que Prokófiev escribió para esa panorámica, que no recojo en vídeo al final de este pequeño ensayo como pretendía, aunque sí he podido encontrar la secuencia de la batalla sobre el hielo. Eisenstein se había propuesto en 1930 realizar la epopeya cinematográfica de la revolución mexicana, muy admirada por los bolcheviques. ¡Que viva México! (Да здравствует Мексика!) fue un proyecto inconcluso y la mayor tragedia personal y profesional para Eisenstein. El escritor estadounidense Upton Sinclair, que había auspiciado el proyecto, logró recuperar y montar parte del material filmado en una reconstrucción que se estrenó en el Festival de Moscú de 1979.

Compañero de Eisenstein en manifiestos e investigaciones sobre el montaje fue Vsévolod Pudovkin, quien con la adaptación del popular relato de Máximo Gorky La madre (Мать, 1926) inició una trilogía y llevó por primera vez al cine el ideario formal del realismo socialista antes de que lo hiciera su amigo en Lo Viejo y lo nuevo´.

Realismo estatalista

Lenin en octubre (Lenin v oktyabre. Mijail Romm, 1937) fue uno de los primeros films supervisados personalmente por Stalin tras depurar a varios censores y una de las primeras película sonoras en la que actores profesionales representaban a personajes históricos. Es un ejemplo emblemático del realismo socialista que el Komintern paseó por el mundo. Poco antes Felicidad (Schastye. Aleksander Medvedkin. 1935) supuso un curioso ejercicio de nostalgia pues vuelve al cine mudo y a los sencillos temas campestres sin la propaganda de Lo viejo y lo nuevo.

Hay que dar otro salto, esta vez hacia adelante, a la desestalinización de Jrushchov para encontrar otra joya del cine soviético: el clásico del cine bélico Cuando pasan las cigüeñas (Летят журавли. Mijail Kalzotov, 1957) , una justa Palma de Oro en Cannes que refleja el sufrimiento del pueblo soviético en la Segunda Guerra Mundial -para ellos la Gran Guerra Patria-, a la que aportó la mitad de las víctimas mortales. De los mismos años es el director Grigori Kozitzev, que se especializó en adaptar clásicos literarios: Don Quijote  (1957) y Hamlet (1964). También lo es La balada del soldado (Ballada o soldate. Grigori Chukhrai, 1959), una historia de amores de juventud en un contexto bélico.

Años de deshielo


Empezando la década de los setenta nos encontramos con una auténtica rara avisSol blanco del desierto (Béloye solntse pustyni. Vladimir Motyil, 1970) fue un curiosísimo híbrido de comedia, acción, musical y drama tan exitoso que los cosmonautas la ven ritualmente antes de sus vuelos espaciales. Su canción principal se convirtió en un gran éxito. Algo posterior es el lúcido tapiz de costumbres y relaciones interpersonales e intersociales de la oscarizada Moscú no cree en las lágrimas (Москва Слезам Не Верит. Vladimir Menshov, 1980)

Ya  con  Gorbachov en el Kremlin se desarrolló la obra de un realizador a tener en cuenta y muy de moda en su tiempo, Elem Klinov. De obligada visión son sus films Ven y mira (Idi i Smotri, 1985), la mirada de un niño sobre los crímenes nazis en la Bielorrusia ocupada a la que se le nota demasiado el encargo, y la anterior Agonía (Agoniya, 1981), ésta una biografía de Rasputín tan enloquecida como el propio favorito de la zarina. Pequeña Vera o Pequeña fe, que el ruso admite el juego de palabras, (Ма́ленькая Ве́ра. Vasili Pichul, 1988) fue una de las películas de más éxito del cine soviético, tal vez por contener sus primeras escenas de sexo explícito; un típico caso de cine malo beneficiado por los aires de libertad de la Perestroika ¿se acuerdan del cine del destape?

Permítanme hacer aquí un alto para mencionar la obra de un mítico realizador japonés, pero es que no se puede contar la historia del cine soviético sin mencionar Dersu Uzala (Akira Kurosawa, 1975). Se trata de una producción de la URSS que adapta un libro del ruso Vladimir Arsenev y que está rodado en la taiga siberiana, donde el cazador Dersu vive en total simbiosis con una naturaleza salvaje. Se trata de una hermosa historia de amistad y sencillez que cosechó los mejores galardones internacionales.

El caso aparte de Tarkovski

Pocos creadores más libres ha dado el siglo XX que el cineasta ruso Andrei Tarkovski. Por sus extremas minuciosidad y autoexigencia -siete películas en 25 años de una carrera truncada por la muerte temprana-. Por su escaso interés por la comercialidad. Por su negativa a acatar los dogmas que le acabó llevando al exilio. El éxito en festivales y en Occidente de La infancia de Ivan  (Иваново детство, 1962) le dió  más inconvenientes que ventajas para rodar su segunda película, la monumental -y excesiva- Andréi Rublev (ндрей Рублёв, 1966). Después aceptó dirigir Solaris (Солярис: Solyaris, 1972) porque necesitaba seguir trabajando. La película se estrelló fuera de la URSS porque las autoridades soviéticas metieron la pata lanzándola como la respuesta rusa a 2001, una odisea del espacio (2001, a space Odissey. Stanley Kubrick, 1968). La Solaris de Tarkovski es una hermosa película, en las antípodas de la ciencia ficción convencional, pero el cine jamás podrá plasmar la riqueza descriptiva de la maravillosa novela de Stanislaw Lem, aunque esta versión esté muy cerca de trasladar su espíritu.

En ningún momento vemos el rostro de Alekséi, el protagonista de El espejo (Zérkalo, 1975), pero la de Tarkovski no es una pulícula de estructura narrativa ni de pretensiones didácticas, sino de sentimientos, a ratos demasiado hermética. Después, regreso a la ciencia ficción con Stalker -La zona en algunos países hispanohablantes- (Стáлкер. 1978), una distopía postapocalípticaque tuvo que ser vuelta a filmar después de que un accidente en el laboratorio destruyese la primera versión; sospechoso en una película argumental y formalmente incómoda para el régimen.

La muerte le llega a Andrei Tarkovski tras rodar en Suecia al margen de la industria soviética y estrenar en Cannes su obra más elevada cinematográfica y místicamente, Sacrificio (Offret, 1986), una película que logra concentrar en el espacio temporal de un único día solar todos los miedos que atenazaban al hombre en el momento álgido de la guerra fría y en el borde del precipicio del holocausto atómico. Ningún cineasta podría aspirar a un testamento tan sublime.

La desintegración

Apartir de 1991 debemos dejar de hablar de cine soviético -desaparece la propia URSS- y referirnos a las distintas nacionalidades que la integraban, fundamentalmente la rusa. Por eso debemos dudar si la magnífica Urga (Nikita Mikhalkov, 1991) es la última película soviética o la primera del actual cine ruso. Es admirable su estudio de contrastes entre vida rural y vida urbana que también había interesado a muchas de sus antecesoras soviéticas. Mikhalkov, que antes ya había asombrado al mundo con Ojos negros (Ochi ciornye, 1987), se ha convertido en el cineasta de referencia de la Rusia actual, pero esa ya es otra historia.

Vladimir Putin dijo una vez que quien quiere reinstaurar el comunismo [y la Unión Soviética] no tiene cabeza y quien no lo echa de menos no tiene corazón. Junto a la literatura de Solzhenitsyn, Pasternak, Grossman y Ehrenburg, la gran aportación de la Unión Soviética a la cultura mundial durante sus setenta años de existencia es el cine. Y eso no podemos olvidarlo por más muros que se levanten y se derriben.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

El reino de los impunes



"La màquina debe seguir funcionando"
Así justificó el canciller Konrad Adenauer 
la permanencia de altos funcionarios nazis en su gobierno, 
en el aparato judicial y en los organismos de seguridad de la naciente 
República Federal Alemana después de la Segunda Guerra Mundial.

En septiembre de 1980 entraba yo a hacer la matrícula en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense y me encontré con que un pequeño grupo de guerrilleros de Cristo Rey había irrumpido allí con sus conocidos modos matones -supe que era relativamente habitual y que solían proceder de la cercana Facultad de Drecho; otras veces les vi atacar el Rastro con sus cadenas, palos y banderas del pollo-. Algunos de mis futuros compañeros lograron aislar a uno de ellos y procedieron a someterlo a un juício popular -estaba de moda la revolución de Jomeini-; acojonado delante de tanta mirada hostil, el guerrillerito llegó a suplicar que llamaran a la policía: sabía que los uniformados -no recuerdo si aún vestían de gris o ya iban de marrón, pero seguían siendo de la escuela de Billy el Niño y las mazmorras de la Puerta del Sol- se limitarían a darle un par de vueltas en su jeep y dejarle en cualquier esquina con una palmadita en la espalda: era un hijo de buena familia -imagino- que había hecho una gamberrada y gozaba de impunidad. Y, hablando de ese concepto, hoy, casi cuarenta años después, España es el país más impune de Europa, ocupando el puesto 17º del planeta en el índice publicado recientemente por la universidad mexicana de Puebla (ver www.lainformacion.com/mundo/espana-encabeza-la-lista-de-los-paises-con-mas-impunidad-en-europa_DI7gxggy1ZcAs7BAnkqjA7/), un estudio que analiza un problema en el que están involucradas las instituciones de seguridad y la Justicia. Y si en el siglo XXI seguimos hablando como en 1980 de impunidad en España no debemos extrañarnos si tenemos en cuenta que nuestra democracia se construyó sobre la impunidad de crímenes muy recientes - dos generaciones como máximo-, que su suelo está agujereado de fosas comunes -sólo los kemeres rojos camboyanos ganaron en desapariciones forzadas a nuestro invicto caudillo- y que dos amnistías y el negacionismo, la hostilidad o el desinterés de quienes nos han gobernado en las últimas cuatro décadas han impedido que los criminales rindan cuentas y que tengan calles, plazas y hasta pueblos con su nombre . Quienes desde ámbitos de responsabilidad lo han intentado se han visto acosados y vilipendiados hasta quedar fuera de juego. Nuestra vergüenza se acrecienta ante el ejemplo que nos da la Justicia argentina, que derogó las leyes de amnistía y punto final de sus gobiernos, ha condenado con dureza y sin vacilar los crímenes de lesa humanidad cometidos por sus juntas militares y además es la última esperanza para quienes enEspaña sólo encuentran obstáculos para sacar a sus familiares de las fosas y cunetas del franquismo. Antes de colgar banderas en los balcones muchos patriotas deberían sentir esa vergüenza y preguntarse si de verdad están tan orgullosos de su país de impunes.

Con uniforme, placa y pistola

Palabras de amor a una alcaldesa
Cuando eldiario.es publicó en exclusiva la existencia en la policía local de Madrid de un grupo de güasap (llamado 10 años y de noche y creado para tratar asuntos laborales) en el que se vertían graves insultos y amenazas contra la alcaldesa de la capital ("Lo que es terrible es que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros" escribe un municipal que remata "Hija de la gran putísima roja de mierda malparida" y en la sucesión de mensajes contra Carmena, otro policía le desea que "Ojalá tenga un accidente y una muerte lenta y agónica" y un tercero "Que se muera la zorra vieja ya"), medios de comunicación ("Ojalá explote la sexta con ellos -Antonio García Ferreras y Ana Pastor- dentro"), izquierdistas en general (también deseaban la muerte a Pablo Iglesias y Gabriel Rufián en la explosión de la que, siguiendo a Jiménez Losantos,la tele de Podemos) e inmigrantes (para los que proponían la receta de "incrustarles casquillos en la cabeza a matillazos"), estaba haciendo pública la denuncia presentada por un sindicalista de Comisiones obreras en la Policía Local madrileña por lo que podrían ser delitos de odio, amenazas y apología del terrorismo. Inmediatamente se desató la guerra entre los presuntos autores de las injurias y los que consideran sus sindicatos -que son mayoría entre los seis mil agentes locales de Madrid- por un lado y por otro el sindicato del policía denunciante: En un comunicado CCCOO se mostró "orgullosa de la valentía y ejemplo de nuestro compañero ante una banda de violentos disfrazados de policías municipales de Madrid. No está sólo, tiene codo a codo a su organización". La Asociación de Policía municipal de Madrid -APMU, mayoritario- respondió de inmediato que "sin pruebas -¿? todos hemos podido leer los mensajes y dan escalofríos- no se puede afirmar que sean agentes quienes hicieron manifestaciones ya que en los grupos privados no se piden credenciales. Un poco de respeto y no ensuciar la imagen del cuerpo -sic- sin pruebas y sin una sentencia que lo confirme". CCOO insiste en que "denunciar a quienes dentro de la Policía Municipal son violentos y amenazan de muerte es precisamente limpiar la imagen. Amparar a los responsables, intentar esquivarlo y no apoyar a las víctimas sí que es ensuciar nuestra imagen como policía democrática". Otro sindicato de policías locales, APM, se muestra en principio de acuerdo con que "por supuesto habrá que limpiar a todos aquellos que no merezcan llevar nuestro uniforme" pero, dándole la vuelta a esta afirmación, llega a cargar contra la persona que, según esta central, filtró a la prensa las conversaciones de este chat de tendencia fascista: "Sabemos que este confidente laboral es delegado de CCOO -sólo hay dos a los que poner en la diana, así que el verdadero confidente laboral puede ser toda una central sindical-, y sabemos ahora que sus expresiones de provocación en este chat desde hace tres meses iban a conseguir estas desgraciadas capturas de mensajes descontextualizadas". Por su parte CSIF, sindicato mayoritartio en la Policía Local en el conjunto de España, censuró también "la conducta de aquel o aquellos que, valiéndose de su condición de miembro del citado grupo privado de mensajería, hayan divulgado sin la autorización de sus participantes tantoconversaciones privadas como datos personales de los que participaban" y atacó también a Comisiones Obreras por defender abiertamente al agente amenazado ("parecería un accidente... conozco gente que conoce gente..." escribían) por presuntamente filtrar el contenido. Defendió que lo que le preocupa es la privacidad de los agentes y que "el contenido de los mensajes y sus supuestos responsables son parte de la investigación judicial y, por tanto la Justicia determinará la responsabilidad última y las consecuencias de los hechos". Destacan también "la profesionalidad de los integrantes de la Policía Local de Madrid que, a diario, ponen lo mejor de sí mismos para salvaguardar la seguridad, los derechos y libertades de los madrileños". En el rupo de guasap del Turno de noche llegaron a participar más de doscientos policías, pero el caracter vejatorio y la violencia verbal de los comentarios proferidos por una minoría hizo que paulatinamente muchos se salieran de .el. Todos ellos patrullan de noche y armados por la capital. Sólo uno, sin embargo, se atrevió a denunciar unas manifestaciones y amenazas que recuerdan mucho a la Cosa Nostra de los noventa y a la izquierda abertzale de los años de plomo. Junto a las capturas de pantalla de los mensajes, el policía denunciante entregó el relato de seis meses de amenazas contra su persona: algunos piden fotos del agente, al que no terminan de localizar: "¿Alguno tiene una foto? Una barra de salchichón a quién suba una foto", comentan dos policías. Dos semanas después de que eldiario.es publicara suexclusiva y estallara el escándalo, en el grupo quedan menos de treinta agentes, una docena de ellos habitualmente activos en el chat, sólo tres han sido identificados y están suspendidos, sin placa, arma reglamentaria ni acceso a bases de datos policiales, aunque con permiso de armas para uso discrecional ¿impunidad?. El agente que presentó la denuncia vive oculto para defenderse de sus propios compañeros, pero tras tomar declaración a los tres identificados e imputarles por amenazas e injurias, el juez no ha querido dictar medidas de protección al denunciante amenazado porque -dice- no corre peligro. Algunos, interesadamente, han querido ver el caso como simple disputa entre sindicatos, pero estamos en una importante lucha política entre la democracia y la impunidad de la barbarie. Ya se detectó a un representante sindical de la Policía Local de Madrid entre un grupo neonazi que insultaba e intentaba agredir en la estación de Atocha a parlamentarios catalanes. El  año pasado el Ayuntamiento de Manuela Carmena modificó los requisitos para acceder a la Policía Local buscando mentes más maduras y abiertas que los ultras y los típicos rambos deseosos de tener placa, pistola y porra que suelen buscarse la vida como policías o vigilantes de seguridad; entonces el grupo municipal del PP que, pese a la salida forzada de Aguirre, representa a la derecha más extrema, puso el grito en el cielo diciendo que eso significa seleccionar trabajadores según su ideología. De hecho estas conductas se dan en otras instancias de la seguridad: El ministerio del Interior investiga desde septiembre improperios similares en otro grupo de güasap de agentes de la Policía Nacional en Zaragoza que se citaron para protestar junto a un grupo de ultraderechistas contra la presencia de líderes de Unidos Podemos y cargos electos de partidos de izquierda y nacionalistas en un acto celebrado en la capital aragonesa, protesta que culminó en agresión a la presidenta del Parlamento regional. Por la misma época el gobierno también se vio obligado a frenar las despedidas patrióticas que se organizaban en cuarteles de la Guardia Civil a los contingentes desplazados a Cataluña con motivo del referéndum del 1 de octubre. Se trata de quienes. con el monopolio legítimo de la violencia, velan por nuestra seguridad.
Amigos para siempre
consideran

El caso ya descrito de la reunión izquierdista boicoteada en Zaragoza es muy significativo de como quienes azuzan a estos neonazis, vayan de uniforme o de paisano despúes disfrazan a los victimarios de víctimas para culpar y acosar legalmente a sus enemigos políticos: En Zaragoza incluso llamaron a comparecer ante el juez a unos jubilados que agitaban banderas españolas y algunas franquistas frente al pabellón donde se reunía Podemos para que dijeran que se sintieron injuriados al ser supuestamente calificados de nazis, y se ha citado también a Alberto Garzón y a Pablo Echenique como presuntos injuriadores. Pero del hecho de que los manifestantes tuvieran encerrados durante horas amás e cuatrocientos cargos públicos y agrediertan a la presidenta del Parlamento de Aragón, nada que investigar. Impunidad. Como la del bocazas Rafael Hernando, que llamó nazis a quienes siguieron la huelga del 3 de octubre en Cataluña.

Ultras con carné y alto cargo

El pasado 18 de octubre, el delegado del gobierno en Castilla-La Mancha, José Julián Gregorio amenazó a la autonomía que preside el socialista -y modosito- Emiliano García-Page: "Está pidiendo a gitos el artículo 155 de la Constitución para que el Estado corrija los problemas de la comunidad", dijo criticando a un gobierno regional "supeditado a las directrices de los separatistas de Podemos" que están en la coalición de gobierno. La más o menos velada amenaza del 155 ha aarecido en más comunidades durante la crisis de Cataluña, donde sí se ha aplicado y ahora hay gobierno disuelto, presencia policial extraordinaria, y exgobernantes fugados y en prisión, sin que se haya resuelto la fractura social abierta por el procès independentista: los presidentes del PP del País Vasco, Alfonso Alonso, y Navarra, Ana Beltrán, también han amenazado con lo mismo sin recibir el menor reproche de Génova o Moncloa. El caso catalán y las banderas españolas en los balcones permiten introducir en el debate colectivo ideas que en otro concepto suscitarían el rechazo del alma democrática: se habla de prohibir partidos independentistas -Pablo Casado, el vicesecretario de comunicaciñon del PP ya lo ha planteado para Cataluña, País Vasco y Galicia-, de centralizar la educación pública, intervenir televisiones autonómicas poblándolas de gente normal o incrementar las atribuciones del Estado contra la protesta en la calle -la Ley mordaza ya no les basta- ¿hay vida inteligente en el Tribunal Constitucional para impedirlo?. PP y Ciudadanos parecen querer aprovechar un contexto favorable para hacer una transformación en profundidad del modelo territorial y del pacto constitucional -la historia de las contrarrevoluciones nos ha enseñado que el reloj puede marchar hacia atrás, y la física que la fuerza centrípeta puede anular e incluso vencer a la fuerza centrífuga-. Para un proceso de involución democrática, recentralización y autoritarismo la derecha se las pinta como nadie; lo preocupante es que personas progresistas y de izquierdas se posicionan en el debate actual a favor de la mano dura, lo que hace temer que se llegue, con un amplio apoyo político (el viejo bipartidismo + Ciudadanos) a una limitación y penalización de la protesta.

Los impunes de antes

No es necesario retrotraerse  a las cunetas, las torturas en la DGS amnistiadas en 1977 o a  las apropiaciones y expropiaciones ilegales que eriquecieron a los de la inquebrantable adhesión. Ya sabemos que Gas Natural Fenosa jamás pagará por el expolio como botin de guerra de Electra Popular Coruñesa, del republicano fusilado José Miñones, precisamente porque nada goza de tanta impunidad como el capital, más aún el de la industria energética. También con Franco ya en la tumba los periódicos de la transición recogían como aún se te podía obligar a cantar el Cara al sol si tenías un mal encuentro en la calle. El Tarancón al paredón se gritaba igual que se garrapateaba en las paredes (años después,cuando fue jubilado de forma express, el cardenal de la democracia fue
Tarancón al paredón gritaban y escribían
reconvenido por el papa polaco
como responsable a su juicio de que el catolicismo retrocediera en España en plena lucha final para doblegar al comunismo); hoy algunos de los que entonces gritaban y pintarrajaban Tarancón van los domingos a misa en San Francisco de Borja y los lunes a los maitines de Génova, 13, tan tranquilos. Ya me referí al principio a la impunidad de aquellos Guerrilleros de Cristo Rey y similares en los primeros años ochenta.Contra las impunidades del pasado a España, el reino de los impunes, le ha tenido que dar lecciones la Justicia argentina: si la española tiene atadas las manos por las leyes de amnistía y los manejos de los gobiernos de la alternancia, la de Buenos Aires, que tuvo la valentía de derogar las infames leyes de obediencia debida y punto final y encarcelar de por vida al dictador Videla y ha obligado a España a sacar de fosas comunes a asesinados por el franquismo, recientemente ha dado ejemplo al mundo con la histórica condena a los responsables de los vuelos de la muerte. La impunidad no es algo inevitable; las naciones civilizadas la combaten hasta imposibilitarla.

Las nuevas generaciones

La cuestión territorial ha exacerbado los animos. En la manifestación multitudinaria organizada por Sociedad Civil Catalana el 8 de octubre en Barcelona figuraban colectivos extremistas que proferían insultos a los Mossos y gritos de Puigdemont a prisión sin que nadie tomara medidas durante ni a posteriori. El pasado 4 de noviembre en Mataró después de a manifestación por la unidad de España un grupo de ultraderecha agredió a puñetazos a un joven que salía de su casa tras exigirle que gritara Viva España; como lo del cara al sol en el 76. Los altercados por grupos de ultras se suceden en los el escrache a la vicepresidenta de la generalitat valenciana, Mónica Oltra, en el que miembros de España 2000 enmascarados gritaron contra el independentismo con la música de un pasodoble a todo volumen. También en Valencia el 9 de octubre, día de la Comunidad Valenciana, miembros de Yomus, ultras del Valencia C. F., atacaron brutalmente a miembros de la izquierda nacionalista que celebraban su manifestación anual por la lengua valenciana -podemos discutir si tal cosa existe, pero de ahí a los golpes...- y a algunos periodistas que grababan las agresiones; en dichas grabaciones y retransmisiones en directo fuimos testigos de la laxitud con que la Policía reaccionó a las agresiones. Más de un mes después, el juez que instruye la causa tuvo que redactar una provisión recordando a la Policía Nacional que no puede dar por concluido su trabajo porque considera que aún quedan muchos agresores por identificar y citó a un mando policial para dar cuentas por su falta de diligencia al no haber dado por identificados a algunos ultras bien conocidos y reconocibles en las imágenes.
últimos meses: tras la riña tumultuaria del día de la Hispanidad en Barcelona, en el que participaron hooligans de varios clubes de fútbol siguió

Cóctel de fobias

Esta ultraderecha del nacionalismo español es aficionada a practicar la coctelería con sus propios odios; los mezcla, agita y bate - no son como James Bond, que toma sus martinis agitados, no batidos-: el 2 de noviembre hubo que denunciar que aquella mañana, a las puertas de la Audiencia Nacional en Madrid el exconseller de Empresa de la Generalitat, Santi Vila, que acudía a declarar ante la juez, fue increpado al grito de maricón. El propio Vila hizo pública en su día su orientación sexual, queno es la misma que la del futbolista catalán Gerard Piqué, insultado de la misma forma en un entrenamiento en la ciudad deportiva de Las Rozas, también por individuos que enarbolaban banderas españolas y pancartas con lemas catalanófobos. Independentista, catalán, homosexual, barcelonista... todo ello es réprobo para esta gente de orden, sólo les faltaba ser negros y de Podemos. Ambos casos llegaron hace un mes a la Fiscalía y aún no ha pasado nada: camino a la impunidad.

Las complicidades

Podría parecer que la impunidad de uno de los personajes más siniestros de las cloacas del Estado en las últimas décadas, el comisario José Villarejo había terminado cuando una juez, muy conservadora, de la Audiencia Nacional ordenó para él prisión incondicional preventiva. pero del mismo modo que Al Capone no fue encarcelado por sus crímenes, sino por fraude fiscal, Villarejo y sus secuaces están entre rejas acusados de diversos cohechos, y no por una larga serie de actividades clandestinas animadas por el poder que han puesto en peligro a nuestra democracia y a ciudadanos españoles públicos y anónimos.

Ala ultraderecha montaraz, nostálgica de viejas tiranías (Falange, España 2000, Hogar Social Madrid) o no (Vox) le han salido aliados con representación parlamentaria. Están, por supuesto, los barones rampantes del Partido Popular (Hernando, Casado) pero nadie, desde que se aprobó la Constitución de 1978 nadie había representado el centralismo y el nacionalismo español a ultranza como lo hace hoy Ciudadanos, con sus escaños y sin necesidad de sacar banderas preconstitucionales. Por poner un ejemplo, a principios de noviembre el partido de Rivera dió luz verde (Cs no apoyaba, pero sí avalaba)  a sus afiliados y simpatizantes valenciano para articipar si lo deseaban en una manifestación regionalista y españolista que, bajo el lema Somos valencianos, somos españoles, convocaron conocidos falangistas (algunos de ellos participantes en las agresiones ultras del 9 de octubre), junto a Vox y una Coordinadora de Entidades del Reino de Valencia cortada según el mismo patrón. Finalmente hubo notable presencia de cargos y militantes de Ciudadanos en la marcha identitaria.

Con este panorama que vemos, parece claro que, como leí a Rosa María Artal, España ha entrado en una deriva tenebrosa: El país camina hacia la involución con la excusa de la crisis catalana, el retrato de esa sociedad irracional y vengativa que prefiere el Viva España como himno nacional, que se anuda al cuello una bandera con un toro, imitando no sé si la capa de Ramón García o la del conde Drácula. Sólo puede ocurrir en un país que adolece de la educación que enseña a discernir y actuar en valores; una sociedad a la que el fango de corrupción en que chapotea su gobierno le resbala, que -cuentan como gracieta simpática los medio- ha agotado el número 155 (el del articulo que deroga autonomías) para la lotería de navidad y no se le ocurre apostar al 81067, número de placa del inspector jefe de la UDEF, Manuel Morocho, ni pide erigir un monumento ni rotular una calle con el nombre de este héroe de la Gürtel, que ha recibido toda clase de presiones, acoso laboral, calumnias de la prensa derechista, intimidaciones de dirigentes populares y amenazas a su familia sin renunciar a perseguir las finanzas ilegales y las corruptelas del Partido Popular y acabar denunciándolas en el Parlamento con nombres y apellidos. Deriva tenebrosa e involución es que no sea portada en todos los medios y que incluso se esconda la explosiva comparecencia de Morocho. Pero, hablando de inmunidad, ¿qué me dicen de quienes, sean electores o elegibles, se muestran tan inmunes al fango de la corrupción que, aunque les llegue a los ojos no modifica su voto o cambia su estatus? ¿a quién le interesan la corrupción, las colas en los hospitales, los colegios infantiles? Siempre habrá tiendas chinas que vendan banderas, cuñados con grupos de guasap, gente a la que encarcelar Constitución en mano, cuestiones políticas que judicializar, aguerridos muchachotes de la sana juventud española dispuestos a hacerle el trabajo sucio en las calles, con porras o con cuentas de tuiter, a la gente de orden que los utilizan desde el sofá o el escaño y les pagan con inmunidad, moneda de uso corriente en este reino.

Ojo, la inmunidad no es para todos. Igual que un juez de Madrid no cree necesario proteger al Sérpico de la policía local de los compañeros de éste que le amenazan, la Audiencia de Navarra sobreprotege a una manada de presuntos violadores y permite escrutar en la vida posterior de la víctima preguntándose por qué no está hundida en la depresión, no se metió a monja ni guarda luto riguroso. El cuñadismo español tiene hasta sus medios de comunicación que inquieren si la mujer opuso suficiente resistencia. Si al final esta manada de fieras, u otras que vengan, queda impune, se encontrará en su ecosistema natural, el reino de los impunes.